lunes, 23 de junio de 2014



http://laletrinadeapolo.blogspot.com.ar/

Literatura, Psicoanálisis y Amor. Por Juan Terranova.

Debate luego de la ponencia que diera en Rosario para el evento sobre Literatura y Psicoanálisis organizado por La letrina de Apolo.

(Parte 1)

Juan Terranova (tramo final de su ponencia): Termino, me gustaría para el final, entonces, citar una escena de análisis que es con un conocido chiste, la única variación que propongo es que se trata de un crítico literario el que entra esta vez al consultorio y empieza la sesión y una vez más, cuántas veces más, el crítico empieza a describir la relación tensa que mantiene con sus colegas, con otros lectores, con los que escriben, con los que leen, con los que publican, con los que no publican, con los que lo ironizan por mail, con los que lo insultan por Facebook o por Tweeter, con sus alumnos, con sus maestros, con otros escritores, con editores, con amigos poderosos y enemigo astutos, con otros críticos finalmente, y entonces el analista lo para y le pregunta: ¿pero alguno de sus colegas sufre algún tipo de enfermedad mental? Y el crítico piensa: sufrir, sufrir, y responde: bueno, creo que no, creo que en vez de sufrir enfermedades mentales todos parecen disfrutarlas... Hasta aquí, muchas gracias.

Marcos Apolo Benítez – Bueno, me encantó tu ponencia. Me parece magistral, hay mucho para releer ahí. Estaría bueno que a lo que fuimos recolectando de las tantas cosas que fue diciéndonos Juan podamos transformarlo en preguntas, si es que alguien quiere.

Pregunta – Cuando hablaste de no hacer del odio más que tabú, y traías, al principio, lo que Marcos te contestaba en relación a esta especie de hablar de Eros para no entrar en el terreno del amor. ¿Qué podes decir de esto de dejar el odio del lado del tabú, o que no se permita el odio, parece que esconde o que es defensa ante qué… qué miedo hay al odio, al odiar o a manifestarlo?

Juan Terranova – Bueno, yo hablaba de la cultura judeo–cristiana que nos atraviesa fuertemente, digamos. Yo en esto sigo mucho a Freud, me parece que ahí se termina de articular, todavía hoy, cien años después, ciento veinte años después, o cien años después; estaba muy arraigada en nosotros y me parece que es como una especie de residuo medieval. Pero al mismo tiempo no, porque es verdad que nosotros hoy acá podemos hablar de refinar el odio, pero no se puede salir con un megáfono a decirle a las masas que refinen su odio, porque básicamente las masas no refinan nada nunca y se van a dedicar a matar gente, ¿no? Ya se ha vivido el siglo veinte, muchos intelectuales, a lo largo del siglo veinte europeo, cuna de la civilización, han impulsado esta idea de refinar el odio y han terminado apoyando regímenes patibularios y cosas que nos han llenado de historias que son muy divertidas de leer, muy entretenidas de leer, pero terribles de sufrir. Entonces me parecía que ahí había algo que es muy complicado de decir. Yo esperaba que la primer pregunta que me hicieran fuera: bueno, pero ¿Qué cosas te generan odio? Venia preparado para eso, la pregunta que me hiciste es mucho más difícil, pero creo que viene un poco por ahí para empezar a charlarla, el tabú viene por ahí, el odio es algo del orden de lo privado, nadie odia en público, nadie entra acá y dice “Te odio”.

Comentario – claro, me refería a esto de no salir con un megáfono como si tendría que ver algo del orden de lo político, qué se hace con lo político.

Juan Terranova – sí, de lo privado ¿no?

Comentario – ...sí, en lo privado, pero el problema está en lo público, en la masa...

Juan Terranova – sí, sí, es muy complicado...

Comentario – porque quería pensar el tema que traés de la crítica literaria, con el rol de lo político que tiene esto. ¿Qué herramientas tomás del psicoanálisis vos para hacer crítica literaria y saber que van a empezar a atravesar estas cosas tal vez más pensadas para una clínica, que queda más por el lado de lo singular, la problemática, cuando, bueno, interviene en un aparato de lectura crítica y aparece lo político. Planteás esto de la desestructura, que la crítica tiende hacia desestructurar.

Juan Terranova – te estoy escuchando y me parece muy interesante. Yo creo que el crítico tiene que sincerarse, porque está pensando en la autonomía del arte. Entonces si, bueno, ¿si a mí me genera odio?... A mi hay cosas que me lo generan. El equívoco literario argentino me genera odio, actual, contemporáneo, no te lo puedo negar a eso, hay cosas muy equívocas, que me embrutecen. La Revista Ñ, qué se yo, no sé, yo leo la revista Ñ y quiero romper todo, no en un sentido abstracto, quiero romper todo en serio, por su brutalidad. Hay zonas de la revista Ñ que no, pero hay zonas de la revista Ñ que sí. Otros escritores me generan odio, ¿qué voy a hacer? Está bien, yo no puedo salir a militar el odio, pero yo tengo que usar esa parte de amor y esa parte pasional que tiene el odio y tratar de ir contra ese equívoco y tratar de clarificar esa situación. Obviamente después hay un montón de gente que no lo entiende y rápidamente te acusan de fascista. Le decís “no me gusta lo que hiciste"... Hay un meme muy bueno de internet en donde hay un personaje de Futurama que está haciendo de crítico en ese momento en una obra de teatro y dice:“Tu obra es una porquería, te tendrías que sentir mal” lo acusa, es medio compleja la imagen, pero es un crítico diciéndole a un objeto de crítica, a un autor no a un objeto de crítica, a un autor, “te tenés que sentir mal” y eso es un tabú ahí, ¿no?, me parece que desearle el mal a una persona es una cosa terrible, sobre todo que es un artista-, y eso, el problema que tener que asumir esas responsabilidades de decir qué eso está mal, es la pobreza. Yo veo que ahí hay como una pobreza en que no se diga eso, creo que la riqueza justamente está en, hegeliano como soy, en la dialéctica, y yo no veo mucho eso últimamente y me preocupa, veo mucho Like de Facebook, veo mucha adhesión, veo mucho cada uno con la suya, tratando de hacerse su lugar y no veo mucha discusión, donde veo discusión, que en un momento fue entretenido ahora veo parálisis. Voy a lo de la política, no me olvido, en un momento discutir kirchnerismo antikirchnerismo era interesante, entrabamos ahí a los Blogs a insultarnos, argumentar, todo el mundo y después, ya el territorio de Facebook donde hay que dar la cara, donde esa cosa barroca de las máscaras se evaporó un poco, ahí aparece o el insulto directamente, sin ironía o la segregación que es mucho peor que el insulto, “con vos no voy a hablar porque sos un kirchnerista de mierda” “KKKKKKK”, qué se yo, que va para los dos lados ya a esta altura. Entonces, claro, yo cuando ejerzo la crítica de libros no pienso en un situación de publicidad, pero es verdad que también mis críticas están motorizadas por el odio en ese sentido, al equívoco, a la pereza, a la magnificación de cosas que no se lo merecen y me sincero frente a eso, pero tampoco saldría con un megáfono a pedir que linchen a un escritor, ni a un político, qué se yo. Ese es el peligro que tiene el sinceramiento en ese sentido. No sé si respondo un poco. El tótem y el tabú están siempre, tenemos que tener represión.

Comentario – en esto de que la crítica no quede en un lugar de a posteriori de lo que se critica, digo, que se pueda pensar en un acto de creación en la crítica misma, sino, sostenemos nada más que el tótem y el tabú y se hace la obra de arte y el crítico viene luego...

Juan Terranova – lo estuvimos hablando mucho con Marcos a eso y el rol que cumple la universidad en ese sentido, que forma investigadores y no forma críticos en las humanidades, entonces vos tenés gente que está investigando, que sabe un montón sobre Lugones, yo qué se viste, me parece gracioso pero, La obra desaparecida de Lugones, que no existe, porque está desaparecida, está investigando eso, qué te parece, la verdad qué se yo, no sé, te ganaste una beca del Conicet, tu vida es una mierda, hace lo que quieras. Sí, estoy súper de acuerdo. Mi esfuerzo como crítico está en leer a mis pares.

Marcos Apolo Benítez – Está bueno lo que decís, yo coincido con el diálogo que entablaron. Vos decís refinar el odio y bueno, refinar el odio, yo lo entiendo como el ejercicio de la crítica como lectura creativa. Ahora, mi sensación, o mi lectura, es que eso falta, tanto en la crítica literaria como en el psicoanálisis. En el terreno del psicoanálisis se escucha demasiado la recitación pajera de Freud, de Lacan, que hace el discurso universitario; y en la crítica literaria, bueno, cuando directamente, por no ejercer la crítica, nos quedamos o en el anatema, la indiferencia total, o en el elogio comercial. Ñ es eso, una propaganda de “los nuevos escritores”, "las nuevas tendencias"...

Juan Terranova – Ñ lo puse como ejemplo porque nos reímos todos un poco de eso, jaja, somos muy superados. Ñ no estaba mal en su momento, pero el problema es que lo hace gente que es oligofrénica, entonces, yo los conozco digamos, o sea, ¿qué querés?... están hechos mierda por el periodismo y bueno, qué se yo, Diego Erlan, que es el editor de libros, yo lo conozco, fui a jugar al futbol con él, es un oligofrénico, digo, ¡es un oligofrénico!, ¡tiene problemas de oligofrenia!, digamos ¿me entendés? No estoy siendo metafórico, ¡es un tipo que no puede leer un libro! ¿Cómo hace el editor de libros del suplemento más importante del diario más importante de la Argentina, un tipo que no puede leer, que solamente lee a Murakami editado por Tusquets? ¡Me vuelvo loco!, ¿Cómo se lo permitimos nosotros? Tenemos que ir a tirarle verduras… ahí me sale la cosa del megáfono… tenemos que ir a tirarle verduras a la puerta de la casa. Pero bueno no, nosotros vamos y le decimos “Ay Diego, me encanto”; sacó una novela hace poco que es una mierda total: “me encanto tu novela, que se yo, así me tiras una reseñita, me pagas trecientos pesos”, ¡andá a la puta que te pario! Entonces estamos todos tratando de rascar el fondo de la olla de las instituciones de mierda, y la verdad es que no es que falta pero estamos muy separados, estamos muy alejados. Antes íbamos a pelear contra el partido comunista o nos hacíamos lugar en el partido comunista, o íbamos con el fascismo, lo que vos quieras. Ahora estamos muy sueltos, no nos conocemos, no sabemos quiénes somos, nos vemos por internet todo el tiempo y nos juntamos y tratamos de, pero no hay nada que aglutine gente que se pueda oponer a la plutocracia, basicamente ese es el problema que tenemos, ese es el problema de la década ganada. Estamos intentando todos hacer un montón de cosas, pero la verdad es que es todo muy residual en ese sentido, yo no creo que haya tanto un desierto, sino que son como muchas lagunas que no se terminan de conectar, por eso me parece que tanto el crítico, como el psicoanalista crítico que no se va a conformar con armar su consultorio, sino que, bueno, va a tratar de formarse más allá del psicoanálisis establecido, necesitan nuclearse, necesitan relacionarse y la herramienta muy importante ahí es internet, pero hay que saber usarla, hay que invertirle tiempo. Yo veo eso, que hay muchas cosas, que Argentina tiene mucha capacidad productiva en ese sentido pero están separadas, están inarticuladas y eso me parece que cada vez es más notable. No sé si antes era mejor, tiendo a pensar que antes era mejor por un grado de melancolía extrema y porque quiero tener esperanza de que eso vuelva, pero no sé si antes era mejor, creo que no, creo que si había grandes aglutinadores de discurso también eran institucionales fuertes. Bueno, hay momentos que serían recuperables, el momento que hoy citabas vos en el taxi de Masotta y García y formándose entre ellos y creando la Escuela Freudiana de Buenos Aires entre ellos, buscando una legitimación que no tenían, gente que estudiaba mucho...

Marcos Apolo Benítez – creando Literal.

Juan Terranova – sí, haciendo sus revistas, etc. Es un momento, para mí, muy importante. Y después internet, bueno, tiene sus lugares de discusión, me parece que son interesantes, que es una muy buena herramienta. Creo que el momento de los blogs fue más interesante que el momento de Facebook, no sé por qué, quizá porque era nuevo, pero había como una cosa mucho más barroca, más del barroco, como una cosa más shakesperiana de las máscaras, de juego, de juegos con el lenguaje, de cosas más cruzadas. Facebook es muy botón, Facebook es muy de la CIA, se nota mucho que es la CIA. Por ahí no están los tipos de la CIA atrás, pero el panóptico ese foucaultiano está funcionando todo el tiempo. Es verdad lo que decía el otro día un escritor amigo, decía que lo más trágico del sistema aprisionante de información de Facebook es que nadie nos mira. Lograron eso, que deseemos ser mirados. No te van a robar nada, no te van a espiar. Vos querés que te espíen, estás en Facebook para que te espíen otros digamos, es mentira que estás ahí y te están espiando y vos estas siendo presa de eso, no, el narcisismo extremo hace que uno quiera ser mirado todo el tiempo y que si no te miran y no te espían te sentís mal, te sentís relegado.

Pregunta – ¿Te puedo hacer una intervención? Yo me topé con tu obra hace unos años, leyendo un poema tuyo, incluso combativo, en la revista “Lucha armada”, un poema tuyo, “El ignorante”. Un poema muy duro…

Juan Terranova – estaba muy enojado cuando lo escribí.

Comentario – decías “Trotskistas putos de mierda”, no se bien…

Juan Terranova – ¿trotskistas putos de mierda?... Puede ser...

Comentario – no me acuerdo el nombre, pero hay un fragmento que me pareció muy elocuente incluso en la época, me pareció interesante por qué del Barco propuso ese poema para disparar...

Juan Terranova – hubo una polémica con del Barco en Córdoba bastante importante, ¿no?

Comentario – sí sí, y bueno, después del primer contacto que tuve con tu obra me puse a investigar, a ver quién eras. Con el tiempo, bueno, te fui rastreando por tu blog y algunos libros, no he terminado. Se te presentaba a vos como un joven escritor provocador y me resultó interesante. Vi en eso el trasfondo que hoy traés acá de mucho odio. Después vi, cuando pasó el tiempo algunas críticas que te hacían a esto. Te ubicás en una delgada línea, que a mí me pareció muy interesante, pegándole a la corrección política y me gustaría saber, si tenés una opinión, me imagino que sí, qué podes decirnos respecto de…., no creo que esta década se agote en una fórmula de corrección política, pero qué podes decir, me da la sensación de que hay mucho que podes decir al respecto, de esa corrección política, de esa manifestación estética del fenómeno político, pero que no agota el fenómeno político. Me dio la sensación de que vos vas siempre por ahí, pero no termino de encontrar, todavía, lo qué podes decir...

Juan Terranova – bueno, yo tampoco. Muchas gracias por leer lo que hago y está bien lo que decís y la respuesta que tengo es esa, siempre estoy tratando de ver como uno… el escritor, el novelista sobre todo, pero el crítico también, tiene que ver cuáles son esos secretitos de mierda que guarda la gente, digamos, que guardan los partidos políticos, las instituciones, esa es la novela burguesa, se construye con eso, buscando y rebuscando ahí. Es completamente freudiana la novela burguesa. Y hoy, hace unos años, se instaló esta cuestión de lo políticamente correcto, que a mí me incomoda mucho, y me parece extremamente represivo. Represivo y vacío e ignorante, vacío de la bibliografía más fundamental para entender cualquier cosa en cualquier ámbito. Como que lo políticamente correcto está vacío de los libros que a mí me gustaba leer o que me gusta leer, o lo que a mí me gusta escuchar. Creo que tiene que ver, si uno se pusiera a hacer una genealogía del concepto, tiene que ver con la caída del muro de Berlín, con la caída del bloque soviético, con la falta de una polaridad en ese sentido y la destrucción de los dos grandes bloques que articularon la segunda mitad del siglo veinte. Tiene que ver con que en estos treinta años de democracia, veinte, el peronismo como fuerza política había desaparecido prácticamente, más podríamos decir porque cuando Martínez de Hoz es designado ministro de economía dice una frase, dice: “cuando yo termine mi ministerio, la palabra peronismo no va a significar nada”. Tuvimos que esperar hasta el dos mil tres para que volviera esa palabra a significar algo que tiene alguna relación más o menos coherente con lo que entendíamos como peronismo. Si bien después te pones a revisar el menemismo y te das cuenta de que eso también es peronismo, es mentira que no es peronismo, por más que les pese a los kirchneristas digamos, es una lectura más del peronismo. Entonces cuando aparece, cuando hay como todo un caldo de cultivo ahí que genera personas huérfanas de ideología, entidades huérfanas de ideologías que se tienen que construir su ideología o se tienen que construir su religión, entonces, lo estuvimos citando, vale la autoayuda, es una especie de religión nueva, a la mano, y va asociada a la corrección política. Entonces me parece que hay una genealogía, sería interesante verlo. No es lo mismo Néstor Kirchner reaccionando contra una Argentina quebrada, en default, con un caos social digamos, que Cristina alimentando entidades como el INADI, donde la corrección política además… no te rías, porque el INADI es súper poderoso, se les dan ocho millones de pesos por mes al INADI, ¿Qué hacen con ocho millones de pesos por mes en el INADI? Y es una especie de policía de la corrección política. Yo leo Pagina 12 y veo eso. Yo trato de reaccionar. Siempre reacciono mal, siempre quedo como off side.

Comentario – a mí lo que me resulto muy llamativo de ese poema tuyo, que fue antes del 2005...

Juan Terranova – este año cumple, la edición en papel, diez años.

Comentario – bueno, incluso estabas como yéndote a una denuncia, entre comillas, con cierta inocencia, en mi juicio, política en los setenta y vino eso a manifestarse con cierta precocidad, lo que fue el auge de una superestructura, una estética en Argentina que era como el dispositivo central. La pregunta que yo te hacía, también me la hago a mi. ¿Cómo, tal vez, construir o situarse en una estética diferente que no por ello sea reaccionaria? Por más que te digan que lo hacés por derecha, a esta altura me chupa un huevo, pero, ¿cómo se construye un dispositivo, o si hay lugar?...

Juan Terranova – mirá, con respecto a esto, cada vez que me dicen que yo soy de derecha, yo les estoy empezando a decir que sí, pero, cuando me dicen que soy fascista digo bueno, y para vos por ahí sí, qué se yo. Me van a terminar convenciendo. La otra vez decíamos: “no, claro, no somos de derecha, es que estos son unos pelotudos”, esa es la conclusión que sacamos, hablando de la gente que escribe en Página 12, que tiene zonas bastante más aceptables que otras. Y bueno, ese es el desafío, cómo escribir por afuera de eso. Yo creo que hay una bibliografía. A ver, este dibujo: estudiante de humanidades de la Universidad Nacional de Rosario, que lee a Bataille y trata de llegar al orgasmo metiéndose el dedo en la oreja, qué se yo, no sé, digamos, cariño, planteáte las cosas un poco más en serio. Date cuenta que no podés salir a insultar a todo el mundo, si estás leyendo Bataille, que es una cosa súper importante, estás transgrediendo un montón de cuestiones, digo, no es una moda, etendé esa bibliografía como lo que es. “El Erotismo” de Bataille, plantea que hay una necesidad del mal en el hombre, entonces me parece que ahí hay algo… que antes siempre te corrían con el estalinismo: "bueno, si tanto te justa la joda, porque no te hacés un viajecito a Moscú". Hoy no tenés ningún lado, tenés que ir a la luna, la corrección política no se cuál sería, el espacio, el vacío, la película esa “Gravity”, los dos están en el vacío y es todo políticamente correcto porque nada los tracción hacia ningún lado. No sé, qué se yo, nunca cogen, Geroge Cloney y Sandra Bullock, entonces están tratando de escapar del vacío. Pero me parece que hay una bibliografía, claro, pero circula y no es tenida en cuenta. Pasa un poco lo que decía Marcos con el psicoanálisis que, vos leés cualquier texto de Freud, Freud hoy sería como una especie de misógino hitlerista, digamos, que anda denunciando que las mujeres solamente pueden tener relaciones con una botella de Don Perignon, que es la definición de la histérica que no acababa y cuando aparecía el significante Perignon.. ahh, trago todo… cualquier cosa de Freud que vos leas, ni te hablo de Lacan, que aparte, era un bonapartista, ese sí que era de derecha en serio. Era bonapartista, el tipo, lo decía, tenía esas actitudes, y era refractario a cualquier pensamiento distribucionista, ni siquiera de izquierda; acá no se distribuye nada, yo soy profesor, ustedes escuchan y hacen lo que yo les digo. Y entonces empezaba con su teoría de la relación que nosotros tenemos con el amo, y es muy interesante eso, aparte toda esa bibliografía choca totalmente contra la corrección política. ¿Qué es la corrección política finalmente?, ¿que no puedas decir enano?, ¿que no pueda decirle negro a un negro?, ¿que no puedas decirle puto a un puto? Es más, te voy a decir, en el lenguaje mismo, en la utilización del lenguaje empiezan a aparecer los significantes y significados que empiezan a chocar con eso. Me ibas a hacer la pregunta sobre el feminismo, ya me puse medio incómodo. Yo tengo muchos problemas para discutir con el feminismo, primero porque no sé lo que es el feminismo y segundo porque cuando voy a la biografía del feminismo encuentro que el feminismo es todo y nada, y hay bibliografías interesantes y justamente discuten cosas que están mucho más cerca. Ahora, lo que se entiende por feminismo en el suplemente “Soy” de Pagina 12, y no sé, me parece que es gente muy ligada al “Caso Dora”, para poner como un ejemplo freudiano, el caso del querer y no poder…

Marcos Apolo Benitez – La pregunta que te quería hacer, siguiendo esa línea y retomando lo que decís, es: vos hablabas de complejizar el amor. Cuando no se lo complejiza, cuando no se lee el odio en el amor caemos en la banalidad brutal de la negación, es decir, el idealismo del amor. Concretamente, ¿qué consideras vos, o que pensás sobre el acoso verbal callejero? El piropo, algo tan en boga, incluso asunto de estado.

Juan Terranova – Claro, sí. Bueno, no tengo mucho elaborado sobre el tema. Yo escribí un par de notas por la cual me echaron de un medio. Que era gracioso porque me estaban echando y yo no me podía dejar de reír, pero me reí histéricamente porque sabía que estaba mal lo que estaba haciendo, hasta que me llamo mi vieja, la voz, así, total, como si me llamara Edipo de Tebas: “Portate bien, o date cuenta boludo, perdés todos los trabajos”, entonces dije bueno, no me voy a reír más. A mí me pareció una cosa súper graciosa, retrograda, que no entendieran la ironía. Una persona que se dedica a militar en la Argentina, y a escribir y a llevar adelante acciones, que no se pueda defender de la ironía, que no entienda la ironía, es una persona para mi desfasada, que se yo. Lo único que tengo para pensar del piropo es que Cristina está en contra del aborto. Lo único que tengo para decirle a Pagina 12 que saca en tapa el tema ese cuando le conviene para atacar a Macri porque Macri salió a decir qué se yo...; yo lo que tengo para decirle es eso: Putos y tortilleras del cristinismo, Cristina está en contra de aborto, loco. Ahí hay que mover la discusión, vos estas acá pelotudiando con esto del piropo y Sudáfrica tiene el aborto libre y Argentina no, y la Argentina tiene el matrimonio igualitario, hicieron todo un quilombo y se pensaron que después venia y le frenaron el recontra carro con eso. Entonces, ¿qué instalamos, qué tema vamos a instalar? Claro, pero el piropo parece parte del corpus de lo políticamente correcto. Va a llegar un momento en que nosotros no vamos a llegar a hablar por la calle, pero no importa. No vamos a poder hablar por la calle y no vamos a tener aborto libre y gratuito digamos. Vamos a estar recontra jodidos. Es muy complicado el tema en ese sentido.

Marcos Apolo Benítez – parece ciencia ficción pero es un hecho. En algunos lugares, en Nueva York por ejemplo, al piropeador lo escrachan, le sacan una foto y la suben a una página de cierto organismo controlador. “Piropeador”como “Violador”, digamos.

Juan Terranova – lo único que tengo para agregar sobre eso, porque yo escribí bastante sobre el tema y aparte no quiero seguir embarrándola. Le preguntaban a una mujer que militaba en una organización en contra del acoso verbal callejero y le decía: ¿Cómo sabe usted que se da la situación de acoso verbal callejero? Y dice: si lo siento como acoso, es acoso. Bueno, hay que salir a la calle y evidentemente yo soy una persona sexuada, que tiene genitales y la mina va a sentir como acoso que vino un tipo caminando y que ahí debajo de esas telas de ropas tiene un pene y ella se va a sentir acosada. Entonces esto me parece muy impracticable. Cualquier bibliografía de la carrera de Sociales te dice que ahí hay una situación de histeria imparable.

viernes, 30 de mayo de 2014

El gobierno de La Rioja construirá un monumento "para homenajear" a Carlos Menem

El expresidente tendrá su escultura en el ingreso de la ciudad de Anillaco, lugar donde nació. Aclararon que no va a ser tan grande como la del caudillo Chacho Peñaloza.

MIRADA. Una de las últimas imágenes públicas del exmandatario.
MIRADA. Una de las últimas imágenes públicas del exmandatario.
La idea levantará todo tipo de polémicas. El gobierno riojano financiará y construirá un monumento al expresidente Carlos Menem, con el objetivo de brindarle "un homenaje en vida".
"Queremos reivindicar en vida a uno de los dirigentes más importantes de La Rioja que llegó a ser Presidente", dijeron los ministros de Infraestructura y de Desarrollo Social, Néstor Bosetti y Marcelo Del Moral, respectivamente, según señala la agencia DyN.
El homenaje se corporizará en la estatua de Menem, que será emplazada en el ingreso a su ciudad natal, Anillaco, ubicada a 100 kilómetros al norte de la capital provincial.
Los funcionarios explicaron que "la idea del gobernador Luis Beder Herrera es hacerle un reconocimiento en vida al expresidente mediante una escultura al ingreso de su pueblo natal, no tan grande como la del Chacho Peñaloza, sino que se identifique el ingreso de Anillaco con la figura de Menem".
El monumento al caudillo Angel Vicente Peñaloza está ubicado en el acceso sur a la ciudad capital. El escultor de la nueva obra será Juan García Guzmán, el mismo autor boliviano de la figura del Chacho y de otras obras contratadas por el gobierno provincial, que serán emplazadas próximamente en la Provincia.

lunes, 26 de mayo de 2014

Seis personajes en busca de autor



Después de casi un año de litigio entre el autor y la editorial, finalmente Sudamericana distribuyó Vivir afuera, la última novela de Fogwill. En diálogo con Radarlibros, el autor dice que el libro no tiene ninguna “capacidad de diagnóstico” de la realidad: en todo caso, aclara, habrá que ver si será una maquinaria narrativa tan emblemática para los 90 como lo fue Respiración artificial para los 80.
por Daniel Link

Se dice que Fogwill está loco, que es insoportable, que más vale tenerlo lejos. En el mejor de los casos, se dice que Rodolfo Enrique Fogwill (1941) es “un provocador”. Lo que nadie puede decir es que sea tonto. Por eso se insinúa que es una lástima que Fogwill esté loco, porque en realidad es un tipo inteligente. En esa manera fácil de plantear las cosas, claro, no se está entendiendo nada. Es que la de Fogwill es una inteligencia “superior”, y por lo tanto un poco inhumana: como si se tratara de la inteligencia de una divinidad o de un alienígena, siempre un poco más allá de la capacidad de comprensión del común de los mortales. ¿Qué le pasa a Fogwill? Esa hermenéutica generalizada alrededor de su persona habla de una suerte de temor ante lo otro, ante otros pensamientos que la televisión o la moral pequeño-burguesa (aparatos ideológicos que el autor detesta con igual intensidad) no nos tienen acostumbrados a escuchar: Fogwill se ha pronunciado públicamente en contra del aborto y de las/los abortistas. Fogwill ha declarado su simpatía por el Papa más inculto y reaccionario de todo el siglo. Fogwill se ha manifestado en contra de las exenciones impositivas a la producción artística (teatro, libros, etc.). Fogwill siempre tiene algo que decir en contra del sentido común (sobre todo, en contra del sentido común progresista): ha decidido vivir afuera de todo lugar preconcebido del pensamiento.
Esa exterioridad tal vez indique que Fogwill está un poco loco. Pero, ¿cómo no habrían de enloquecer un dios (por menor que sea, en el escalafón de divinidades) o un alienígena tratando de comprender -y, en su caso, tratando de consignar por escrito- este triste mundo nuestro que llamamos Argentina? Lo que resulta indiscutible es que ese hablar en contra del sentido común es lo que garantiza (lo que siempre ha garantizado) la marcha del pensamiento, su proliferación, su potencia revolucionaria.
Quique Frog es un tipo esencialmente confuso, un poco por esa astucia que le dio fama de profundo a fuerza de empelotar las frases, y otro poco por el reviente. Porque él es como ustedes dos -quitó los brazos y ahora las manos libres señalaban las sienes de las mujeres-, igual que ustedes dos, Frog es un drogón de quien nunca se sabe si no logró hacerse entender porque en ese momento estaba dopado, o si su razonamiento y su sintaxis fallaron porque ese día no tomó las dosis indispensables para completar su pensamiento, o porque, drogado o carenciado, tanta basura metida durante décadas en su cerebro acabó por obstruir irreversiblemente los circuitos nerviosos que comandan el tono afectivo, o moral, o como quieran ustedes denominar a eso que, como el instinto de las especies inferiores, o las fobias impresas de los vertebrados, dispara en los humanos un mecanismo de huida ante la aparición del reflejo de sinsentido en quien atiende a su discurso.
Astucias de la razón
Fogwill no es sólo inteligente sino también sabio. Una sabiduría que le viene de experiencias múltiples que ya forman parte de su mitología: sociólogo, publicista, millonario, condenado por estafa, preso (ver Radar del 8/11/98). Todo eso transformó a un individuo cualquiera en Fogwill. De la articulación de esas experiencias y su inteligencia sobrehumana (alienígena o divina) provienen sus poemas y ficciones. La sabiduría de Fogwill se nos había revelado hasta ahora en varias áreas. En su producción publicitaria, por ejemplo: él fue el inventor, entre otras cosas, de los horóscopos que acompañaban –¿acompañan?– el chicle Bazooka, cuyas recomendaciones y predicciones inquietaron nuestra infancia: había alguien, en algún lugar, que sabía lo que nos estaba pasando. Alguien nos hablaba personalmente, desde ese papelucho satinado, de nuestros más oscuros terrores, de nuestros anhelos. La interpolación publicitaria no es azarosa: si algo caracteriza la obra de Fogwill –y en particular esta novela, Vivir afuera–, es su capacidad(su voluntad) para interpelarnos a todos y a cada uno, una capacidad que la literatura argentina parecía haber perdido al entregarse a la especialización, a los géneros, a la tontería historicista.
La sabiduría de Fogwill se nos había revelado, también, en su poesía –El efecto de realidad (1978), Las horas de citar (1979) y Partes del todo (1990)– y en sus relatos breves. Su primer libro de cuentos fue Mis muertos punk (1979), que ganó el Premio Coca-Cola (por supuesto, Fogwill se negó a aceptar las condiciones de contrato que el premio incluía). Con la plata del premio, fundó una editorial en la que publicó Poemas de Osvaldo Lamborghini y Austria-Hungría de Néstor Perlongher, entre otras maravillas de la literatura de los años 70. Música japonesa (1982), Ejércitos imaginarios (1983), Pájaros de la cabeza (1985), Muchacha punk (1992), Restos diurnos (1993) y Cantos de marineros en las Pampas (1998) son los títulos de las recopilaciones de sus cuentos, muchas veces migrantes de un libro a otro, como si la perfección de muchos de ellos (“Muchacha punk”, “Help a él”) desbordara el formato del libro y fueran, siempre, partes del todo.
Es que para poder interpelarnos a todos, el escritor (Fogwill) debe trabajar con una cierta idea de totalidad que, luego de leer Vivir afuera, queda más clara que nunca, no sólo porque hay un personaje que viene de otra novela, Los pichiciegos, enhebrando las diferentes partes de ese todo que es la obra, sino porque la trama –delicada, volátil, prácticamente inexistente– le sirve para ordenar cada una de sus repetidas obsesiones narrativas: la droga, el sexo, la guerra y los sistemas de vigilancia, los objetos y las marcas, la juventud, su modernidad. Vivir afuera es una pieza clave de la literatura de Fogwill –como no lo fueron sus dos últimas novelas: La buena nueva, 1990, y Una pálida historia de amor, 1991–, por su capacidad para designar los textos previos como piezas de un rompecabezas tridimensional que se acerca peligrosamente a “la realidad”. Vivir afuera determina la distancia y la relación entre, por ejemplo, “Help a él” y Los pichiciegos. Pero también, la novela determina la distancia y la relación entre las investigaciones high-tech sobre el sida y los cultivos clandestinos de marihuana en la provincia de Buenos Aires. Vivir afuera quiere decirlo todo y en ese impulso heroico encuentra su grandeza.
¿Una explicación sociológica de la realidad? “No se te escapará que mi novela no tiene ninguna capacidad de diagnóstico. En todo caso, me gustaría saber si Vivir afuera es comparable con Respiración artificial”, contesta Fogwill a esa pregunta ominosa. La referencia a esa novela emblemática de la década del 80 no es casual y mucho menos lo es la elección de Ricardo Piglia, su autor, como bête noire apenas camuflado en Vivir afuera: Emilio –como Renzi, personaje y pseudónimo del propio Piglia– Millia es el que está del otro lado del espejo en el que Wolff –el Fogwill ficcional– se mira todo el tiempo.
Si Respiración artificial fue leída como la novela de los 80, no fue tanto por su capacidad para explicar la realidad sino porque la máquina paranoica que ponía en marcha servía como espejo de un estado de la imaginación (o de la conciencia social). ¿Podrá alcanzar Vivir afuera, se pregunta hoy Fogwill, ese mismo estatuto privilegiado: la novela de una década? 

¿Vendrá a las once esta mina? -.se preguntaba Wolff–. No es el tipo de mina que se distrae. Algo es seguro: es gato y sabe contar. ¿Cómo se aprenderá a contar? ¿Nacerán así, sabiendo? ¿Será la histeria o algo genético? Es una lástima que a estas minas que saben contar no se les cruce por la cabeza la idea de escribir. En cambio, cada vez hay más estúpidas de esta edad que quieren ser escritoras y, hablando, no pueden contar ni un accidente de tránsito. Escribiendo, peor: tienen que contarque un ómnibus de la línea 60 atropelló un puesto callejero de venta de hot dogs y desde el primer renglón se nota que vacilan entre intentar asemejarse a Thomas Bernhard o a Dylan Thomas. ¿Vendrá a las once?
Saber contar
Fogwill es un extraordinario cuentista y él lo sabe. Ahora se siente obligado a demostrar a los demás que también puede ser un extraordinario novelista: “Escribí esta novela para divertirme y para poder pensar que estaba haciendo algo genial”, dice Fogwill. Pero es un poco escéptico acerca de la “aceptación” de su novela: “Me interesan mucho escritores como Gandolfo, Hebe Uhart, Mario Levrero. Sé que cualquiera de ellos preferiría releer un cuento mío que leer mi novela. Salvo que los convenza de que tengo algo nuevo para decir sobre la literatura... Pero en ese caso, me llaman por teléfono y me lo preguntan”. Quienes prefieran evitar la pesadilla de ese llamado telefónico (porque Fogwill, a lo mejor, es un poco loco) encontrarán en Vivir afuera pruebas suficientes de su maestría narrativa.
La novela es un tratado perfecto sobre la ausencia y la distancia. Su perfección deriva de la sabiduría y la inteligencia que el autor pone en juego para ordenar los diferentes bloques de relato: un contrapunto narrativo que va hilvanando las historias de seis personajes más o menos marginales –más o menos excluidos, ellos también y por diferentes razones, del sentido común– reunidos caprichosamente. Lo sabía Pirandello, lo saben los guionistas de la televisión americana (Friends, That 70’s show): seis personajes constituyen un núcleo dramático de posibilidades infinitas. Y Fogwill explota con maestría esas posibilidades manipulando a esos personajes como funciones matemáticas: distribución en clases, edades y sexos le sirven para contar todas las historias con todas las voces, para copiar o inventar todas las formas de hablar que hacen falta para entender la Argentina de los 90. “En Vivir afuera todos los bloques son auténticos, en el sentido de que respetan la voz de los narradores. Encontrar la voz narrativa es encontrar los trucos para falsificarla. Teóricamente, la mitad de las voces de la novela tienen fuentes literarias. La otra mitad son voces de personajes míos, que no existen fuera de la literatura”, dice Fogwill.

–¿En qué estabas pensando?
–En una cosa... Una curiosidad... ¿Por qué contás tan bien cualquier historia?
–¿Cómo bien?
–Bien... ¿Viste que hay gente que se rompe la cabeza para inventar historias y les salen tan aburridas que nadie se las quiere oír? –ella asentía. Wolff agregó: –Vos no... Vos contás cualquier historia y dan ganas de seguir escuchando...
Ella debió haberlo interpretado como un reproche porque lo interrumpió:
–Loco: yo no te invento nada... Te conté la verdad. ¡Me pasó! ¿Pensaste que inventaba?
–¿Y a mí qué me puede importar si es inventada o no? Yo te oigo y me gusta lo que contás y chau.
–Vos también debés contar bien tus historias... Lo que pasa es que siempre estás pensando en guita y en las giladas de esos libros y no podés pensar en otra cosa.

Piratas del papel 
“Pasa que yo no acepto que se burlen de mí. Las editoriales y los medios están acostumbrados a que el autor sea el último idiota. Y eso yo no lo aguanto. Un ejemplo: es habitual que las editoriales se reserven por contrato el derecho de disponer del 10 por ciento de la edición de un libro para reposición de libros fallados y servicio de prensa. Lo que las editoriales no entienden es que, aunqueesos ejemplares no devenguen derechos de autor, el autor tiene derecho a saber qué pasa con esos libros, a quiénes se los dieron. Es sólo uno de los dispositivos a partir de los cuales las editoriales roban a los autores. O el caso de Anagrama que, por incluir un relato mío en la antología Buenos Aires, considera que tiene la exclusividad, ¡durante quince años, loco!, para publicarlo y comercializarlo, lo que incluye los derechos de adaptación. Si a algún director de Hollywood se le ocurriera comprar cualquiera de los relatos incluidos en esa antología, Anagrama se queda con el cincuenta por ciento”. Para probar sus afirmaciones, Fogwill revuelve papeles, muestra cartas, recupera de su computadora voces grabadas en el contestador telefónico. “Con Sudamericana la cosa es así: ellos sacaron de Vivir afuera las citas de Los pichiciegos que relacionaban esta novela con aquélla y que anticipaban la Argentina menemista. Creo que eso le quita sentido a mi novela. Además, yo trabajé tres meses para hacer coincidir los bloques de relato con la paginación que habíamos acordado, en función del ritmo narrativo que quería para la novela. Después cambiaron la caja y el cuerpo de la tipografía y todo se fue a la mierda. ¿Cómo no les iba a hacer juicio?”

Alguien te está grabando 
Vivir afuera quiere ser tan definitiva como Respiración artificial y, tal vez por eso, adopta un punto de vista paranoico sobre la realidad y sobre la ficción. Los seis personajes de la novela –cada uno asignado a un lugar social bien diferente, como se ha dicho– convergen precisamente en el ojo vigilante de los servicios de inteligencia (estatales o privados) que monitorean todas las conversaciones y registran todos los intercambios. Como en las novelas de Manuel Puig, a quien Fogwill admira (“Sobre todo Cae la noche tropical, que es puro registro, y un libro de una honestidad absoluta”), en Vivir afuera se dan cita todos las formas de hablar y de escribir, como un catálogo monstruoso. Desde la conversación sexual hasta el lenguaje estereotipado de la burocracia policial, todo encuentra un lugar en la novela de Fogwill (como en el mundo). Un lugar, una distancia, y una relación.
“La política sanitarista sobre el sida es errónea, equivocada. Por eso es ineficaz. Lo único que consiguen los tipos que las hacen es demostrar cómo el capitalismo transforma todo (desde la guerrilla colombiana hasta una enfermedad) en fuente de negocios. Las mismas causas de ineficacia de la política sanitarista fundamentan la ineficacia de los servicios de inteligencia (demostrada por el caso Yabrán, entre otros). Los dispositivos de control en una sociedad de nuestras características requiere de dispositivos burocráticos. Y el objetivo de toda burocracia es reproducirse a sí misma, se trate de la burocracia sanitaria o de la burocracia de los servicios”, dice Fogwill.

Revisando el historial del Internet Explorer salta lo mismo. Lo bueno de la versión nueva de Microsoft que instalaron es que loguea todo lo que estuvieron navegando en cada terminal. Este tipo es el que más usa el servicio, entra todos los días, menos los sábados, siempre a las mismas horas, a los mismos sitios. No pasa un día sin que entre en la página de Duesberg. Imprimimos un índice para que alguno que sepa algo de biología lo clasifique. No se entiende bien qué dice, pero lo destacamos porque es una de las páginas que figura como objetivo en los trackings americanos y, si los gringos sospechan, por algo será. O el Infoseek o los mismos tipos que publican la página en Berkeley destacan las palabras clave, Drugs, CIA, State Department, War, CIA, o sea: Departamento de Estado, Drogas, Guerra Bacteriológica, Censura en Internet, demasiados farolitos prendidos juntos como para que a alguien se le pueda escapar como objetivo. El tipo mandó y recibió correos desde ese sitio, pero los metió en un diskette y en el server de esta red no hay modo de recuperar los datos. También mira los diarios de Israel en esta PC, cada tanto lee Clarín y el NYTimes y como todos los científicos es un poco pajero: no pasa semana sin que navegue por uno o dos sitios porno, siempre los mismos.
Fogwill será excéntrico y ha leído bien y mucho a Max Weber, pero no es un nihilista. “Está esa cosa de la jaula de hierro, sí, pero en última instancia, los pensamientos no se pueden controlar: ni el nihilismo de Wolff ni el sionismo de izquierda de Saúl se pueden controlar”. La hipótesis paranoica sobre la realidad que desarrolla su novela (no muy diferente, a esta altura del partido, de la de Los expedientes X) le sirve a Fogwill no tanto para “diagnosticar” la realidad sino como dispositivo narrativo. Así como en un hipotético archivo policial se guardan todas las conversaciones (las que importan y las que podrían llegar a importar en juegos futuros de la política o la economía), Vivir afuera reproduce esa lógica de archivo y recuperación: todas las voces importan, aun las que traen al libro la obscenidad y las malas lenguas, las lenguas de lo bajo y de lo impresentable, que aparecen en Vivir afuera como hace mucho tiempo no aparecían en la literatura argentina.

La máquina de follar 
¿Cómo presentar, en efecto, la experiencia sexual? Como muy pocos escritores, Fogwill ha hecho del sexo una experiencia contable (narrable, pero también computable). El sexo importa en sus ficciones porque es una experiencia pura que desafía o interroga toda trascendencia, porque sirve como motor de “la juventud” –ese mito que Fogwill retoma de la literatura de Gombrowicz–, porque desencadena historias y porque desviste la imaginación del narrador.
–La verdad .-dijo él, y ya estaba tendido en el hidro-. es que desde que me colocaron el jacuzzi nunca más volví a hacerme la paja en el sillón ni en la cama...
–¿Cuántas te hacés por día...? -.preguntó ella. Envuelta en un toallón se había acercado al baño y lo miraba desde lo alto...
–Ahora cada vez menos... Antes una y a veces dos... Ahora una sola y no todos los días... ¡Es por la edad! Mi hermano tuvo tambos en Rafaela y me explicaba que con las vacas lecheras pasa lo mismo: ¡a cierta edad les baja el rendimiento!

Desnuda, la imaginación de Fogwill es la del hombre heterosexual soltero. Por eso, en Vivir afuera las “trampas” y “transas” se multiplican fragorosamente, no importa que los personajes tengan sesenta o veinticinco años. Por eso, también, en los libros de Fogwill la experiencia sexual es una investigación pura. Allí, en ese frenesí de la carne, en esa pérdida de toda moral y todo límite, la sabiduría y la inteligencia de Fogwill encuentran el punto de vista para hablar de todo y para todos.
Ya se sabe que el zorro sabe por zorro, pero más sabe por viejo. Fogwill llega a la literatura argentina como un hombre maduro, sabio e inteligente: publica su primer libro a los 38 años (cuando la melancolía de la carne se instala definitivamente en el cuerpo del varón). Vivir afuera, su última novela (y probablemente una de las mejores novelas de la década) viene a demostrar la vitalidad de su literatura y, sobre todo, cuánto tienen todavía que aprender de él aquellos que murmuran con condescendencia que Fogwill está loco, los pichis de la literatura. Y para Fogwill, claro, pichis somos todos.

–¿Te calienta mirarme mear?
–Verte mear no. Pero que me mires así
produce...
–¿Qué? –Nada. Güevadas.
–Dale. Decímelo. ¿Qué te mire cómo?
–Como recién. Así como hacés ahora...
Poniendo cara de puta. Haciendo así boquitas... Medio asquerosas...
–¿Te da asco?
–Aquí no. Pero...
–¿Pero qué?
–Por la calle dan asco las minas que andan poniendo bocas de putas.
–¿Bocas de putas?
–Sí: boquitas de boludas chupapijas.
–¡Pelála ya que te la chupo, puto!
–Voy a mear yo por ahí y... ¡Vos vestite mientras meo y vamos a la casilla...!
–¡Meame la concha!
–¡Qué Enana puta y asquerosa que te ponés!
–¡Negro: quiero chuparte la meada!
–Tomá, asquerosa. ¡Enana puta! ¿Sentís la
leche...? ¡Dale Enana! ¿Sentís que sale? ¡Qué cerda! ¡Cómo te la tragás...!

domingo, 25 de mayo de 2014

Sobre la crítica


Malena Sanchez me hizo unas preguntas sobre el estado de la crítica para una nota que salió hoy en el suplemento Cultura de Perfil. Acá la nota:
http://www.perfil.com/cultura/Critica-Literaria-20140525-0058.html
Y aquí abajo, mis respuestas tal cual se las mandé. No sé si pongo orden, si sumo o resto, no sé si vivimos en un pantano frío, no sé si en vez de pantano es meseta reseca. Así y todo agradezco la oportunidad de discutir estos temas mil veces discutidos una vez más.///Juan Terranova.-
    ¿Para qué pensás que sirve la crítica literaria hoy en día? E, idealmente, ¿cuál creés que debería ser su función? ¿Qué pensás de la definición de crítica como un servicio al lector?

    La crítica de libros, de la crítica literaria o artística, de la crítica como institución, tuvo siempre problemas para transmitir su función. Siempre está en falta con eso. Es una pregunta clásica. ¿Cuál es la función de crítica? La función de la crítica y del crítico, por supuesto, es criticar. Pero la modernidad nació y se desarrolló poniendo en tela de juicio, o sea, criticando al crítico. Su lugar nunca fue ni será cómodo o estable. Su función, como la del psicoanalista, siempre es sospechosa. ¿Por qué hace lo que hace? ¿Para que sirve lo que hace? Cuestionar la existencia de la crítica como institución es cuestionar la literatura misma como institución. Sin crítica, sin esa escritura, no habría discusión, no existiría la parte social del intercambio estético o político. Todo se limitaría a darle “me gusta” o estar en silencio como sucede hoy con Facebook. La crítica existe porque el Logos no se conforma con aceptar o callar. Insisto: uno de los grandes problemas de la crítica es que no supo y no sabe comunicar esta simple cuestión. Respondiendo tu tercera pregunta, la palabra “servicio” me remite a servil, y a mí mismo cuando pago la luz y la Internet. Necesito Internet y necesito electricidad, pero ir al Rapipago es una experiencia siniestra. El trato con la gente servil también.
    Hay críticos que si no rescatan nada positivo de una obra prefieren no escribir la crítica para no “destrozar” la obra o se limitan a una reseña descriptiva. ¿Cuál es tu opinión sobre este comportamiento? ¿Cómo debería proceder el crítico? 

    ¿Quiénes son? ¿Me podrías dar nombres? Hay tantos equívocos en estas preguntas que no sé por dónde empezar. La palabra “destrozar”, por ejemplo, no pertenece al repertorio de la crítica. El crítico debe leer y escribir sus lecturas. Si prefiere no hacerlo es un problema personal, de su moral privada, de su vida política. ¿Cómo opinar sobre eso? Sería como opinar sobre sus prácticas y preferencias sexuales... ¿Quién soy yo para decir qué y cómo debe leer y escribir un crítico? No creo en la responsabilidad institucional de la crítica literaria. No veo un compromiso inalienable ahí, y no me gusta cuando viene alguien y me dice: “¿Por qué no escribís sobre mujeres? ¿Por qué no hay negros en tus reseñas? ¿Cómo puede ser que no hayas escrito un ensayo sobre ese escritor?” Más pesado es aun cuando viene el autor a pedirte que escribas algo sobre él... A mí me llegan muchos libros, se me ofrece para realizar mi trabajo mucho material, elijo según muchos parámetros, pero, por lo general, tomo para trabajar obras que me permitan decir algo, o sobre las que tengo algo para decir, o sobre las que pienso que tengo algo para decir. A veces leo y me equivoco. Al revés de los que planteás hay libros que me gustaron mucho, me conmovieron, y sobre los que no fui capaz de escribir, por ejemplo, El comienzo de la primavera de Patricio Pron, una novela intensa y hermosa sobre la que empecé a escribir varias veces sin poder avanzar... Dicho esto, desde luego, la crítica debería usar las armas de la crítica, que son el análisis y la argumentación, si eso no se da no es crítica, es gacetilla o propaganda, o periodismo, o residuos del Logos.
    En comentarios en los blogs, en las redes sociales, el lector, el crítico y el autor suelen estar más conectados que antes de la llegada de Internet. ¿De qué manera creés que este panorama influyó en la crítica literaria?

    Influyó mucho, agilizó los contactos, amplio la base de opiniones y medios. Como escritor nato de la era digital, pero al mismo tiempo teniendo recuerdos del siglo XX, creo que Internet favoreció el campo de las lecturas y la crítica y multiplicó y dio acceso a más voces. Volver atrás sería regresar a un momento donde se rompían piedras con las manos.

    Más allá de las nuevas tecnologías, el mundo editorial en Argentina suele ser muy pequeño. Por ejemplo: Muchas veces los mismos periodistas que escriben críticas están en contacto con las editoriales para publicar sus propias obras. Otro ejemplo: los periodistas suelen conocer o incluso ser amigos de los autores cuyas obras luego analizan en la crítica. ¿Cómo creés que influye esto en la crítica? ¿Cuál sería la manera ideal de comportarse como crítico con este panorama?

    Los tongos del periodismo no deberían forma parte de la rosca de la crítica. Por otra parte, das por hecho cosas que son falsas. Por ejemplo, decís que los periodistas tienen amigos, cuando sabemos que eso es imposible. Los periodistas no tienen amigos. Pero entiendo a donde vas. Y no, el problema no es el amiguismo, los pedidos y devoluciones de favores, el nepotismo, la autonomía de la lectura vulnerada, el comercio y el arribismo. El problema es que hay gente escribiendo que no sabe ni leer ni escribir. Por ejemplo, hace un tiempo leí una reseña de Walter Lezcano de la última novela de Cabezón Cámara. Se informaba que era una reseña pero, en realidad, Lezcano había escrito una especie de publicidad del libro. No creo que esto tuviera que ver con la amistad entre Lezcano y Cabezón Cámara, que es algo muy importante y complejo, sino con la incapacidad de Lezcano para leer y escribir. Pero claro, Lezcano es negro, pobre, simpático, buena persona, profesor del conurbano, amable, no amenaza a nadie, no ironiza a nadie, el buen salvaje del campo cultural... Desde luego todo esto no le impide ser crítico, pero opta por no serlo. Opta por escribir elogios vacíos... Yo tengo mucho respeto por mi lector, por los escritores con que trabajo, con los libros que elijo para trabajar, y siempre intento entregar algo que tenga, al menos, un poco de verdad.

    ¿Qué cualidades pensás que debe tener un crítico literario para ser un buen crítico?

    Tiene que saber leer y luego tiene que saber escribir esas lecturas. Y tiene que saber narrar y argumentar. Y todo eso lleva una vida de durísimo aprendizaje. También tiene que resignarse a ser medianamente pobre. 

viernes, 23 de mayo de 2014

Puse en Twitter: "El kirchnerismo fue un examen fácil, un compucamp, la colonia de vacaciones donde casi se ahoga un pibe. Muy casi."

No sé por qué. Pero siento que en esta última etapa la tiene muy fácil.

después, caminando por Lambaré vi los afiches de Revista XXIII donde en una foto gran del Chivo Rossi sobreimprimieron "No hay ambiente de final de ciclo." Le creo. Pero al mismo tiempo, ¿por qué tiene que salir a decirlo así?

La Revista XXIII es como un residuo.

sábado, 19 de abril de 2014

GABRIEL GARCIA MARQUEZ:

UN ESCRITOR INDIGNO

Pier Paolo Pasolini





Publicado en la revista "Tempo" el 22 de julio de 1973
Traducción de Roberto Raschella


Parece ser un lugar común considerar "Cien Años de Soledad" de Gabriel García Márquez (libro recientemente editado), como una obra maestra. Este hecho me parece absolutamente ridículo. Se trata de la novela de un guionista o de un costumbrista, escrita con gran vitalidad y derroche de tradicional manierismo barroco latinoamericano, casi para el uso de una gran empresa cinematográfica norteamericana (si es que todavía existen). Los personajes son todos mecanismos inventados- a veces con espléndida maestría- por un guionista: tienen todos los "tics" demagógicos destinados al éxito espectacular.

El autor- mucho más inteligente que sus críticos- parece saberlo muy bien: "No se le había ocurrido hasta entonces- dice él en la única consideración metalinguística de su novela- pensar en la literatura como en el único juego que se había inventado para burlarse de la gente..." Márquez es sin duda un fascinante burlón, y tan cierto es ello que los tontos han caído todos. Pero le faltan las cualidades de la gran mistificación, las cualidades que posee, como para dar un ejemplo, Borges ( o en menor escala Tomasi di Lampedusa, si "Cien Años de Soledad" recuerda un poco al "Gattopardo" aún en los equívocos que ha despertado en el pantano del mundo que decreta los éxitos literarios).
Los críticos literarios deben tomar nota de un nuevo "género" o técnica, que ya pertenece históricamente a la literatura: el guión cinematográfico, y también el denominado "tratamiento". En el guión y el tratamiento, el autor tiene conciencia de que su obra no es literaria ya que se trata de estructuras provisionalmente linguísticas, que en realidad "quieren" ser otras estructuras: estructuras, puntualmente, cinematográficas. El autor de un guión o de un tratamiento es tanto más hábil literato cuanto más consigue obtener la colaboración del lector en la visualización de lo que está escrito provisionalmente. El asumir tal provisionalidad (esa voluntad de la estructura de ser "otra estructura") forma parte de la técnica literaria del guionista y, potencialmente, de su estilo.
Sin embargo, la mayor parte de los guiones y de los tratamientos son pésima literatura- como es el caso de este libro-. Literatura indigna. Por qué?
El primer acto del escritor de guiones consiste en identificar al lector con el productor. El que debe colaborar con el autor en la "transformación" de la estructura linguística en estructura cinematográfica, es justamente el que paga. El destinatario de la obra es, una vez más, el patrón. Ahora bien: la mayoría de los escritores cinematográficos provienen de una élite cultural: son entonces personas que tienen la obligación, diría social, de considerar al patrón un idiota, un semianalfabeto, un hombre despreciable. Pero al mismo tiempo, deben hacer que su obra le guste. Y en el momento en que el guionista identifica al productor con un destinatario "idiota, semianalfabeto y despreciable", tiene un solo modo de convencerlo: la degradación de su propia obra. Entonces, la inocente "captatio benevolantiae" que todo autor, en distintas medidas, utiliza para obtener la colaboración del lector, termina convirtiéndose en una operación inmoral, que envuelve al autor en la degradación por él planificada con bajeza.
La colaboración del autor con el lector- productor, tiene por lo tanto los carácteres de una abyecta complicidad: tiende a hacer de él un compañero y cómplice, degradándose a su supuesto nivel de estúpido, vulgar, conformista, cínico conocimiento de las cosas humanas.
Tal esfuerzo por simplificar, por reducir, por desdramatizar, por hacerlo todo comunicable y sin problemas reales, termina volviéndose una atroz forma de adulación del patrón: así, y para decirlo con sus propias palabras, el guionista, aún despreciando al patrón, y hasta por el hecho de verse obligado por él a un comportamiento miserable, se hace "rufián" a la par suya.
Pero ningún hombre es apriorísticamente tal como el guionista supone que es el productor: ningún hombre es apriorísticamente inferior a nosotros mismos. Y la primera regla moral de un autor consiste en considerar como su igual al lector: y si luego él identifica a ese lector como un productor, también dicho productor no puede sino ser considerado como su igual. Actuar de modo contrario a esta primera y elemental regla moral vuelve a un autor indigno de su profesión.

martes, 15 de abril de 2014

Chapter 12 - Society Is a Fraud

(Four guys are walking down the street. They take turns talking)
Waking Life: Chapter 12 - Society Is a FraudIf the world that we are forced to accept is false and nothing is true, then everything is possible.
On the way to discovering what we love, we will find everything we hate, everything that blocks our path of what we desire.
The comfort will never be comfortable for those who seek what is not on the market.
A systematic questioning of the idea of happiness.
We'll cut the vocal chords of every empowered speaker. We'll yank the social symbols through the looking glass We'll devalue society's currency.
To confront the familiar.
Society is a fraud so complete and venal that it demands to be destroyed beyond the power of memory to recall its existence.
Where there is fire, we will carry gasoline.
To interrupt the continuum of everyday experience and all the normal expectations that go with it.
To live as if something actually depended on one's actions.
To rupture the spell of the ideology of the commodified consumer society so that our repressed desires of a more authentic nature can come forward.
To demonstrate the contrast between what life presently is and what it could be.
To immerse ourselves in the oblivion of actions and know we're making it happen.
There will be an intensity never before known in everyday life to exchange love and hate, life and death, terror and redemption, repulsions and attractions.
An affirmation of freedom so reckless and unqualified, that it amounts to a total denial of every kind of restraint and limitation.
***
(The same four guys see an old man up on a telephone pole.)
Hey, old man, what you doin' up there?
Well, I'm not sure.
You need any help getting down, sir?
No, don't think so.
Stupid bastard.
No worse than us. He's all action and no theory. We're all theory and no action.
***
(The same four guys see an old man sitting at a bench)
Why so glum, Mr. Debord?
What was missing was felt irretrievable. The extreme uncertainties of subsisting without working made excesses necessary and breaks definitive. To quote Stevenson: "Suicide carried off many. Drink and the devil took care of the rest."
***
Entramos en un proceso de Termidor. Es así. Está estable. Y eso es algo bueno.
Pero a revolución liviana, Termidor que contrasta más.
Si al menos el kirchnerismo hubiera usado la guillotina con más precisión...

Dos entrevistas sobre delito y seguridad

“El progresismo tiene una visión muy maricona de lo que es la seguridad pública”
El ex interventor de la Policía Aeroportuaria habló con LPO y calificó las medidas de Nilda Garré como una "normalización edulcorada de la Policía Federal". En las antípodas de la mano dura, Saín cuestionó a la flamante ministra de Seguridad porque no avanzó con "una intervención civil sobre la cúpula" de la fuerza. Además, criticó al progresismo: "terminan haciendo lo mismo que la derecha, les dan el mando a los comisarios y ruegan a dios que no suceda nada que afecte sus carreras políticas". 
http://www.lapoliticaonline.com/nota/49315/

“La seguridad no es un problema de justicia social, no alcanza con mandar los pibes a la escuela”
Por Diego GenoudIdeólogo de numerosas reformas penales, critica tanto el “neomanodurismo” de Massa como la visión de Zaffaroni.
http://www.lapoliticaonline.com/nota/79868-la-seguridad-no-es-un-problema-de-justicia-social-no-alcanza-con-mandar-los-pibes-a-la-escuela/