domingo, 21 de septiembre de 2014




martes, 12 de agosto de 2014

ENTREVISTA George Steiner 

"Yo intento fracasar mejor"

JUAN CRUZ El Paíss, 24/08/2008

A sus casi ochenta años ha logrado escandalizar a sus colegas con las experiencias sexuales que relata en su último libro. Una lúcida mirada de un gran filósofo, crítico literario y ensayista, premio Príncipe de Asturias en 2001. 

George Steiner está a punto de cumplir ochenta años y acaba de publicar Los libros que nunca he escrito (Siruela), que ha escandalizado en muchos sitios, pero sobre todo en Inglaterra, en cuya Universidad de Cambridge ha sido un destacadísimo profesor. A él le divierte el escándalo, porque tiene que ver, imagina, con la sorpresa que algunos se llevaron cuando observaron que en ese volumen el profesor Steiner, uno de los grandes filósofos europeos, cuya edad avanzada queda desmentida por su mente despiertísima, relata experiencias sexuales muy explícitas (y propias) sin que su pudor le cortara un pelo. El ensayo que ha sido piedra de escándalo tiene que ver con el lenguaje, supone una defensa de las lenguas minoritarias, algunas de las cuales imagina él que deben ser excelentes para practicar sexo, y comienza de este modo tan contundente: “¿Cómo es la vida sexual de un sordomudo? ¿Con qué incitaciones y cadencia se masturba? ¿Cómo experimenta el sordomudo la libido y la consumación?”. Claro, la obra no es sólo eso (y no es sólo ese ensayo), sino que es una inteligente mirada sobre los asuntos a los que él alguna vez quiso dedicar un libro (siete, exactamente) y que se le quedaron por el camino. Ése, Los lenguajes de Eros, precisamente, había sido arrinconado por él entre los miles de papeles que guarda en la biblioteca donde trabaja, en el jardín de su casa de Cambridge, ordenada y amplia, donde comparte la vida con su mujer, la historiadora Zara Steiner, en una atmósfera cuya felicidad se refleja precisamente en ese libro y hasta en la cocina de la casa a la hora de celebrar el verano con una copa de jerez, galletas, café y humus.

Ha sido un profesor (y un tutor) codiciadísimo en esta universidad, y aún llegan alumnos a requerir su asistencia doctoral, y él asume su edad con el esmero de quien colecciona el tiempo. Pero preserva la jovialidad de su escritura en sus ojos pícaros y divertidos, y muestra su exhaustiva erudición (como hace en los libros, “doce, y para qué más”) como si fuera un narrador de historias, sin darte la impresión de que te apabulla.


En el rato ese que hubo tras la entrevista, en la cocina, hablamos de todo, y él nos preguntó a nosotros: por la situación en España, por el paro, que le parece la amenaza más grande del futuro, por Javier Marías (a quien considera uno de los grandes escritores de Europa, “y además me honró haciéndome parte de su Reino de Redonda”), por Europa… En algún momento salieron a relucir las artes, que si la poesía es más grande que la narrativa, o la pintura, etcétera, y entonces se levantó de la silla de madera, ensayó algunos movimientos de su mano izquierda, como si dirigiera música, y exclamó: “¡La melodía! ¡Nada hay más perfecto que la melodía! Tú escuchas a Schubert y ahí está el misterio, no hay más”. Y en algún momento, en medio del brindis que hubo después de la entrevista, Steiner dijo: “En todas las casas hay un pequeño tesoro”. Y se fue. Regresó con una pequeña tarjeta en la mano y la depositó en la encimera. Era la tarjeta que el doctor Freud y su esposa enviaron a sus padres (“Con los mejores deseos”, en alemán) cuando éstos contrajeron matrimonio en Viena, el 3 de abril de 1921… Y allí donde hablamos, silencioso, el piano que fue de Darwin. Te lo enseña como si te mostrara un sueño, y luego te guiña un ojo, “vamos a tomar jerez”. Durante la entrevista, cuando le insistimos sobre el dolor histórico (es hijo de la diáspora judía, sus padres padecieron la guerra mundial y la persecución nazi, él es consecuencia de la gravedad política de la época, y también de la nutritiva cultura de entreguerras), Steiner dejó claro que ese asunto ya estaba dicho, liquidado, y cuando pasó la hora, su reloj mental, el del profesor estricto que además no usa cronómetro, levantó el dedo y dijo, tajante: “Se cumplió la hora”.

Pero si subrayamos esos dos detalles de la larga conversación estaríamos manipulando ese rato, que fue cordial y hondo, una conversación en la que este premio Príncipe de Asturias de la Comunicación se comportó como si fuera en efecto, y él lo dice, el cartero de un conocimiento y de una disputa intelectual que tiene pocos parangones en Europa. Y no te arroja ese conocimiento, lo comparte. Esa actitud es lo que hace de este ensayo de ensayos, Los libros que nunca he escrito (editado también en catalán por Arcadia: Els llibres que no he escrit), una obra que parece la caja negra de su pensamiento, y de sus diversiones. Como él, es divertido y hondo, extraño, como la prolongación de su autobiografía, Errata, y como el anuncio de más polémicas que prolonguen su idea sobre Europa, sobre la crítica literaria, sobre el terrorismo, sobre el Estado de Israel y sobre los judíos. Este hombre es como un río que además se ríe. Y se ríe sobre todo por lo que ha escandalizado a sus colegas, y no sólo, con este libro.

Así que se han escandalizado… 

Sí, muchos. Nunca se ha preguntado nadie cómo es la vida sexual de un sordomudo. Lo han hecho acerca de la de los ciegos, pero jamás sobre la de los sordomudos.

Una pregunta inquietante. 

Porque las preguntas importantes muchas veces son inquietantes. Hay un comentario bellamente desagradable de Heidegger sobre por qué la ciencia resulta tan aburrida. Él dijo que era porque sólo tiene respuestas.

Había una pintada en Ecuador que decía: “Cuando por fin teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas”. 

Es verdad. Pero las preguntas pueden ser inquietantes, y las preguntas en torno a lo erótico lo son. Aún no tengo ninguna teoría, pero quisiera que este ensayo sirviera en un futuro a psicólogos, sociolingüistas y gente preparada para que comenzaran a estudiar estos asuntos o por lo menos a seguir preguntándose sobre ello.

Pero lo que usted ha escrito no es sólo un ensayo; es algo más autobiográfico. 

A mí me gusta llamarlo ficciones. Borges consideraba que las ficciones eran verdades. Pero también son verdades imaginarias.

Al leer este ensayo en particular, ‘Los lenguajes de Eros’, uno podría pensar que usted no tiene ningún pudor, ningún miedo a las posibles consecuencias. 

¡Por eso no escribí el libro, ja, ja! Escribí un ensayo, siete ensayos en lugar de siete libros. Estoy a punto de cumplir los ochenta años, y como no estoy para escribir siete libros, escribí ensayos sobre lo que me hubiera gustado escribir y por qué no lo hice. La mejor definición de la vida la hizo Samuel Beckett: “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Yo quise fracasar mejor, y es lo que intento decir con este libro.

Esa frase de Beckett la usa usted en un contexto en el que habla sobre la tristeza y el pesimismo.

La tristeza y el pesimismo…, sí. ¿Sabe por qué soy tan poco popular entre mis colegas académicos? Hay una razón muy sencilla. Siendo joven ya dije que había una diferencia abismal entre el creador y el profesor, o editor, o crítico. Y a los colegas no les gusta escucharlo. El capítulo más difícil de escribir en este libro, Envidia, es precisamente sobre esa relación con los profesores. Fue una pesadilla escribirlo. Sudé en cada frase. ¿Cómo se siente uno al vivir rodeado de los grandes sin serlo? Fui el miembro más joven de la Universidad de Princeton, ahí vivía al lado de Einstein y de Oppenheimer, y ahí supe qué eran los gigantes. Fíjese en ese pequeño retrato que hay ahí [un retrato dibujado de él en su juventud; debajo pone, en italiano, Il postino, el cartero]. Yo quiero ser el cartero, quiero que me llamen El Cartero, como ese personaje maravilloso en la película sobre Pablo Neruda. Es un trabajo muy hermoso ser profesor, ser el que entrega las cartas, aunque no las escriba. Mis colegas detestan escuchar eso. ¡La vanidad de los académicos es enorme! Derrida dijo que toda la literatura, hasta la más grande, es un mero pretexto. ¡Al infierno con Derrida! Shakespeare no es un pretexto, Beckett no es un pretexto, no lo es Neruda, no lo es Lorca…

Se enfada usted con Derrida. 

Lo del pretexto es un chiste de mal gusto. Somos los carteros y somos importantes. Los escritores nos necesitan para llegar a su público. Es una función muy importante, pero no es lo mismo que crear.

No, no es lo mismo. 

Me gustaría contarle una anécdota. Hubo un poeta contemporáneo llamado Nash que tradujo al poeta francés François Villon. En su famosa balada Las nieves de antaño había una línea en la que Villon venía a decir que la mujer ha envejecido: su pelo, escribía en francés, ya no es dorado, sino gris. Nash, en su manuscrito, lo tradujo así: “El brillo le cae del pelo”. El impresor cometió un error y escribió: “Un brillo cae del cielo”. Es una de las frases más hermosas de la poesía inglesa, ¡y se debe al impresor! Cada noche le pido a Dios que me envíe un impresor que cometa un error que me haga grande.

En este libro en concreto, que no es una autobiografía, casi todo lo que se dice se puede relacionar con su vida. Por ejemplo, cómo su padre le enseñó a aprovecharse de los libros. 

Recuerde que vengo de una tradición judía muy antigua. La palabra rabino significa profesor, y en el judaísmo la figura del profesor es inmensamente valorada. Han sido cuatro mil años de una tradición de profesores excelentes, y mi padre quiso que yo fuera profesor. Se alegraba cuando publicaba poemas, pero eso no es lo que él quería para mí. He escrito ficción, y ha sido muy traducida, pero es una ficción intelectual, cerebral, alegórica. Son novelas que contienen ideas. Pero otra cosa es ser creador. Ah, la inocencia de un gran creador, el misterio de crear…

Un misterio distinto que el misterio de enseñar.

En la universidad en la que trabajaba solía venir a cenar Henry Moore, el escultor británico. Cuando abría la boca para hablar de política o de otros temas, decía estupideces. Pero cuando hablaban sus manos, te dabas cuenta de que era un gran creador. El misterio de un gran creador es un misterio. No sabemos cómo ni por qué se crea una gran melodía o cómo o por qué se pinta un cuadro. Produce una gran alegría el poder explicar esto y hacérselo llegar a la gente. Pero nunca mezclo la creación con la enseñanza. Un profesor es un profesor.

En algún momento dice usted, con respecto a la novela, que hoy ése puede parecer a veces un género prehistórico.

No, yo colocaría a Proust, Mann, Joyce… entre los mayores creadores. Lo que quiero decir es que quizá las novelas estén llegando a su fin, porque en el mundo de hoy nos llegan infinitas imágenes e historias directamente a casa. Dudo mucho de que tengamos otro Proust, otro Faulkner. Los grandes maestros contemporáneos escriben de manera breve. Fíjese en Kafka, lo fragmentario que es. Hoy Shakespeare sería un guionista.

¿Y quiénes serían los novelistas de hoy día? 

Hmmmm, es muy difícil contestar a esa pregunta. Creo que Mario Vargas Llosa lo es. La fiesta del chivo es indudablemente de las mejores novelas de hoy. También lo es Cien años de soledad, de García Márquez. El tambor de hojalata, de Günter Grass. Hijos de la medianoche, de Rushdie. Philip Roth es quizá la persona más inteligente que haya, y su trilogía sobre la política norteamericana es magnífica. Pero la forma en sí misma de la novela está peligrando. La gente busca formas más experimentales. ¿Por qué resultan mejor escritos los libros de historia, de sociología o incluso las biografías? La prosa de Lévi-Strauss es mejor que el libro de cualquier novelista francés. Incluso hay economistas que tienen más estilo escribiendo que los propios novelistas. Los historiadores, como sir John H. Elliott, escriben de maravilla. Han aprendido de la novela, y lo aplican. Pero mire lo que sucede ahora. Un chico escribe un libro; si tiene suerte, se lo publican, y está dieciséis días en las librerías, y de inmediato lo retiran del mercado. Así, ¿cómo se van a hacer escritores? Si esto hubiera ocurrido en tiempos de Joyce, él nunca habría resistido. Sin embargo, fíjese en el caso de J. K. Rowling, que nadie entiende.

¿Usted tampoco lo entiende?

No. He mirado los libros y me parece que emplea un vocabulario difícil, una sintaxis difícil. Hasta ella, J. K. Rowling, muy humildemente, tampoco se explica el porqué de su éxito. Mi pregunta es la siguiente: un niño que ha leído todos los volúmenes de Harry Potter, ¿leerá luego La isla del tesoro, Los viajes de Gulliver, Oliver Twist, los clásicos? Mis colegas que han estudiado este fenómeno dicen que no, que los niños que hayan leído a Potter no leen después a los grandes clásicos. Y eso es triste.

Ella misma se hace sus preguntas, nos lo dijo en Edimburgo. 

Todos teníamos la esperanza de que con Harry Potter se iba a volver a los clásicos con los que se empezaba a leer. Pero no lo creo. ¿Sabe que la Unesco tiene una lista de libros más leídos del mundo? Y sólo hay un título francés.

Déjeme adivinar: ‘Madame Bovary’.

Oh, no, qué dice usted. El principito. Y eso es alarmante. Se venden millones de ejemplares todos los años. Pero la gente no lee Madame Bovary.

¿Cree que debemos estar preocupados por esas listas?

Sin duda. Indican qué libros y en qué momento fueron best sellers. Hubo un tiempo en que fueron Balzac y Dickens. Hay una diferencia abismal entre el genio experimental de escritores como Borges o Beckett y el público en general. Es muy probable que millones de personas lean literatura en formato de cómic. Hace poco leí una versión de Hamlet en formato de cómic y me resultó brillante. Redujeron el texto a momentos esenciales, y seguro que Shakespeare habría dicho: “No está mal. Mi texto era demasiado largo”. Ja, ja, ja.

Esa reflexión se parece a algunos aspectos de su libro, donde discute la confrontación cultura-medios y el futuro de la cultura. 

La cultura del futuro no será nuestra cultura. La cultura elitista y humanista que conocemos sólo pertenece a unos cuantos. Recuerde que voy a cumplir ochenta años y empecé antes de cumplir los veinte a publicar artículos sobre por qué la cultura no se enfrentaba al fascismo o a los nazis ¿Qué ocurrió? Aquí tenemos países con culturas superiores, tenemos las mejores escuelas, el mejor teatro, la mejor música. Y estos países nuestros se han convertido en infiernos. Y no sólo los países, sino que hay artistas grandes que se unen al fascismo. Nunca he dejado de hacerme esta pregunta, y aunque no tenga la respuesta, sí puedo decir que la cultura y el humanismo no son enteramente inocentes ni positivos. Walter Benjamin decía que toda gran obra está colocada encima de una montaña de inhumanidad. Es una verdad incómoda.

Lo es. 

Pero no seamos enteramente pesimistas. Fíjese en la cantidad de gente que asiste a las exposiciones, los museos están llenos de personas, en los conciertos no se cabe. Son signos muy positivos. Sí, lamento la cantidad de librerías que se están cerrando, y que sean más rentables ahora las industrias de la pornografía y de la droga. Esto es lo que uno debería preguntarse: ¿cómo puede ser que estas industrias sean las más poderosas en el universo del que estamos hablando? Estamos en peligro, sí, pero también es cierto que hay signos positivos. Nunca debemos olvidar que durante el esplendor de Florencia, en los tiempos de Miguel Ángel, Leonardo y los Medici, cada mes morían asesinadas muchas personas bajo el Ponte Vecchio. Nos olvidamos de cuánta salvajada ha existido en las grandes culturas.

¿Y el futuro? ¿Qué nos depara el futuro si evitamos la guerra? 

Evitar la guerra supone problemas de superpoblación. Mire los jóvenes: se aburren, un día van a acabar con los viejos, no sabrán qué hacer con ellos. Somos un animal muy primitivo. Hay peces y virus que son más antiguos que el hombre. Tal vez estemos sólo al principio de nuestra historia. Quizá no hayamos aprendido a unir nuestro instinto y nuestro raciocinio.

Qué panorama.

Es muy fácil sentarse aquí, en esta habitación, y decir: “¡El racismo es horrible!”. Pero pregúnteme lo mismo si se traslada a vivir a la casa de al lado una familia jamaicana que tiene seis hijos y escuchan reggae y rock and roll todo el día. O cuando mi asesor venga a casa y me diga que desde que se mudó a mi lado la familia jamaicana el valor de mi propiedad ha caído en picado. ¡Pregúnteme entonces! En todos nosotros, en nuestros hijos, y por mantener nuestra comodidad, nuestra supervivencia, si rascas un poco, aparecen muchas zonas oscuras. No lo olvide. Mire el problema vasco. ¡Cuánto me equivoqué con este tema! Cuando el asunto del IRA estaba llegando a su fin, publiqué un artículo considerando que con ETA pasaría lo mismo. Y no, ETA sigue matando.

¿Qué pasa? ¿Cuál es su opinión?

No lo sé. Ese idioma tan misterioso es muy raro, muy poderoso. Quizá por eso a alguna de esa gente le resulta tan imposible aceptar el mundo exterior. Pero no estoy seguro de nada. De lo que sí que no tengo dudas es de que es un problema gravísimo.
¿Insinúa que el idioma es la raíz del problema? Quizá. Pero, cambiando de tema, me han dicho que hay una universidad en España en la que es obligatorio hablar en gallego.


Igual que es obligatorio en Cataluña compartir el catalán con el castellano. ¡

Pero no me compare el catalán con el gallego! El catalán es un idioma importante, con una literatura impresionante. Pero el gallego ¿por qué ha de ser obligatorio en una universidad?

Porque dicen que es una parte esencial de su identidad.

Pero eso significa que vamos a seguir dividiéndonos en pequeños grupos regionales, y eso despierta el odio étnico, como el que existe en los Balcanes. ¡Fíjese también en lo que está ocurriendo en Bélgica!

En España también hay nacionalismos muy potentes, y en algunos de ellos, como en el vasco o en el catalán, hay fuerzas queriendo independizarse de España. 

Yo vivo en cuatro idiomas, escribo y pienso en cuatro idiomas, sueño y hago el amor en distintos idiomas. Así que no soy la persona más adecuada a la que preguntar por los nacionalismos.

De eso, de hacer el amor en varios idiomas, habla usted también en su libro. 

Por eso defino la traducción simultánea como un orgasmo. Estoy muy orgulloso de esta idea. Es divertida y quizá lleve a un mejor entendimiento de la situación. El orgasmo compartido es raro. Normalmente, la mujer simula tener un orgasmo al mismo tiempo que el hombre. Son demasiado generosas. Pero cuando ocurre ese orgasmo simultáneo es verdaderamente un milagro.


En el caso de España, ¿tendremos que vivir siempre con nuestras divisiones? 

Puede que vaya a peor. Porque el Gobierno tiene muy poca elección. Lo que ocurrió en Irlanda es un milagro; puede que no le guste Tony Blair, pero si a ese hombre no le dan el Nobel de la Paz… Estuvo negociando durante diez años sin perder los nervios ni la paciencia. Que eso no se pueda hacer igual con los vascos, no lo entiendo.
Lo han intentado.


Es muy trágico… Ahora bien, déjeme volver a Cataluña. Hay tres lugares en los que uno está realmente en Europa. Son Dublín, Barcelona y Milán. Cuando te sientas en un café en La Rambla o en un pub de Dublín o en La Galleria de Milán, Europa funciona. Madrid está mucho más aislado de Europa que Barcelona. Madrid es una ciudad fantástica, una de las capitales del arte en el mundo, pero sigue estando aparte. Barcelona está abierta al mundo entero, y creo que es porque tiene el mar.

En este libro, que es compendio de libros fracasados, usted habla de la maldad humana, pero lo compensa hablando del lado solidario de los seres humanos, de la compasión, de la amistad… 

Sí, todo eso está en cada uno de nosotros, y depende de las circunstancias. Si nos hacen pasar hambre, nos volvemos unos salvajes. Si hacen daño a nuestros hijos, somos capaces de matar a sangre fría. No olvidemos que somos animales.

Y otro asunto que le preocupa es que esos personajes, precisamente, están siendo relevados por estrellas mediáticas.

Hegel decía que toda nueva tecnología es una nueva filosofía. Bill Gates o sus ingenieros han cambiado el mundo. Google ha cambiado la percepción, la memoria, el cómo nos comunicamos. La tecnología es la fuerza más creativa del momento. Del mismo modo que el cine y la televisión son las formas más creativas de expresión. Sí, están llenos de basura, pero toda gran cultura ha tenido mucha basura. Hay una o dos revoluciones que se avecinan y tienen que ver con el trasplante de la memoria. Según estudios recientes sobre la memoria, no estamos muy lejos de implantarles chips de memorias a personas con alzheimer. Les darían un pasado artificial. Si eso ocurre, ¿qué pasa con el yo?

¿Y la otra revolución? 

Está por llegar, me da mucho miedo y francamente prefiero no estar vivo. Podremos vivir una media de 120 años. Muy pronto podrán rejuvenecer células. Seremos reemplazables, como el motor de un coche. Hoy, ser un investigador de biogenética es estar subido a una escalera mecánica que va cada vez más rápida. ¿Qué pasará cuando los jóvenes tengan que cuidar y alimentar a tanta gente mayor? La próxima guerra civil puede ser ésta.

Parece el tema de una novela de Saramago.

De una novela, y de una pesadilla. Los jóvenes de hoy tienen que pagar impuestos, residencias de ancianos, la comida, la casa. Hay cada vez más ancianos. Creo firmemente en el derecho a la eutanasia. Es un horror envejecer sin dignidad. Antes, las familias más o menos se podían hacer cargo de sus ancianos. Pero ya no pueden. Quizá la próxima crisis sea generacional.

¿No la hay ya?

No, estamos conteniéndola, hoy los jóvenes no andan por ahí asesinando a los viejos. En ciertas culturas esquimales lo hacen. Cuando llega el invierno, los jóvenes obligan a los mayores a salir de la casa o del iglú, a morir, para que puedan sobrevivir los jóvenes.

¿Y existe alguna luz, profesor, se ve algo después del túnel? 

Hay países emergentes, culturas que se van imponiendo, China, por ejemplo. Creo que el próximo poder artístico, intelectual y científico vendrá de la India. Tenemos muchos alumnos chinos y son muy buenos tomando notas y diciendo sí a todo. Sin embargo, los indios discuten, te preguntan…

Por cierto, ¿usted usa nuevas tecnologías? 

No. Mi mujer tiene un procesador de textos e Internet, pero yo no. Escribo a mano. No creo que se pueda escribir literatura importante en un procesador de textos, porque siempre te parece bonito lo que has hecho.

En las nuevas tecnologías es curioso que lo que determina el futuro se llame ‘ratón’.

Ahí está, conduciendo a millones de niños a conocer, sin moverse de casa o del colegio, todo el Louvre o la primera versión de un soneto de Góngora. Eso es maravilloso. Pero soy un optimista de la catástrofe. Le voy a poner un ejemplo. En las trincheras, durante el blitz, la gente leía a Dickens, a Homero y a Shakespeare. Cuando las cosas van mal, la gente vuelve a la calidad. Sienten un vacío enorme y un ansia de calidad.

Su padre le enseñó a aprender, a gozar aprendiendo, y usted sigue aprendiendo.

Todos los días.

Se le nota, sus libros transmiten entusiasmo por aprender. 

Fui muy afortunado, porque me enseñaron a usar los músculos de aquí arriba [de la cabeza]. Aprender es usar los músculos del alma y de la mente para que no se duerma. El cerebro está tan bien organizado que si uno lo ejercita, se producen cosas maravillosas. Y llega un momento en el que se empiezan a abrir puertas hacia dentro. Si eres un buen profesor, ése es tu trabajo: abrir las puertas hacia dentro. Fui muy feliz haciendo ese trabajo.

lunes, 28 de julio de 2014




Julio. 2014. Hospital Italiano.

lunes, 23 de junio de 2014



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Literatura, Psicoanálisis y Amor. Por Juan Terranova.

Debate luego de la ponencia que diera en Rosario para el evento sobre Literatura y Psicoanálisis organizado por La letrina de Apolo.

(Parte 1)

Juan Terranova (tramo final de su ponencia): Termino, me gustaría para el final, entonces, citar una escena de análisis que es con un conocido chiste, la única variación que propongo es que se trata de un crítico literario el que entra esta vez al consultorio y empieza la sesión y una vez más, cuántas veces más, el crítico empieza a describir la relación tensa que mantiene con sus colegas, con otros lectores, con los que escriben, con los que leen, con los que publican, con los que no publican, con los que lo ironizan por mail, con los que lo insultan por Facebook o por Tweeter, con sus alumnos, con sus maestros, con otros escritores, con editores, con amigos poderosos y enemigo astutos, con otros críticos finalmente, y entonces el analista lo para y le pregunta: ¿pero alguno de sus colegas sufre algún tipo de enfermedad mental? Y el crítico piensa: sufrir, sufrir, y responde: bueno, creo que no, creo que en vez de sufrir enfermedades mentales todos parecen disfrutarlas... Hasta aquí, muchas gracias.

Marcos Apolo Benítez – Bueno, me encantó tu ponencia. Me parece magistral, hay mucho para releer ahí. Estaría bueno que a lo que fuimos recolectando de las tantas cosas que fue diciéndonos Juan podamos transformarlo en preguntas, si es que alguien quiere.

Pregunta – Cuando hablaste de no hacer del odio más que tabú, y traías, al principio, lo que Marcos te contestaba en relación a esta especie de hablar de Eros para no entrar en el terreno del amor. ¿Qué podes decir de esto de dejar el odio del lado del tabú, o que no se permita el odio, parece que esconde o que es defensa ante qué… qué miedo hay al odio, al odiar o a manifestarlo?

Juan Terranova – Bueno, yo hablaba de la cultura judeo–cristiana que nos atraviesa fuertemente, digamos. Yo en esto sigo mucho a Freud, me parece que ahí se termina de articular, todavía hoy, cien años después, ciento veinte años después, o cien años después; estaba muy arraigada en nosotros y me parece que es como una especie de residuo medieval. Pero al mismo tiempo no, porque es verdad que nosotros hoy acá podemos hablar de refinar el odio, pero no se puede salir con un megáfono a decirle a las masas que refinen su odio, porque básicamente las masas no refinan nada nunca y se van a dedicar a matar gente, ¿no? Ya se ha vivido el siglo veinte, muchos intelectuales, a lo largo del siglo veinte europeo, cuna de la civilización, han impulsado esta idea de refinar el odio y han terminado apoyando regímenes patibularios y cosas que nos han llenado de historias que son muy divertidas de leer, muy entretenidas de leer, pero terribles de sufrir. Entonces me parecía que ahí había algo que es muy complicado de decir. Yo esperaba que la primer pregunta que me hicieran fuera: bueno, pero ¿Qué cosas te generan odio? Venia preparado para eso, la pregunta que me hiciste es mucho más difícil, pero creo que viene un poco por ahí para empezar a charlarla, el tabú viene por ahí, el odio es algo del orden de lo privado, nadie odia en público, nadie entra acá y dice “Te odio”.

Comentario – claro, me refería a esto de no salir con un megáfono como si tendría que ver algo del orden de lo político, qué se hace con lo político.

Juan Terranova – sí, de lo privado ¿no?

Comentario – ...sí, en lo privado, pero el problema está en lo público, en la masa...

Juan Terranova – sí, sí, es muy complicado...

Comentario – porque quería pensar el tema que traés de la crítica literaria, con el rol de lo político que tiene esto. ¿Qué herramientas tomás del psicoanálisis vos para hacer crítica literaria y saber que van a empezar a atravesar estas cosas tal vez más pensadas para una clínica, que queda más por el lado de lo singular, la problemática, cuando, bueno, interviene en un aparato de lectura crítica y aparece lo político. Planteás esto de la desestructura, que la crítica tiende hacia desestructurar.

Juan Terranova – te estoy escuchando y me parece muy interesante. Yo creo que el crítico tiene que sincerarse, porque está pensando en la autonomía del arte. Entonces si, bueno, ¿si a mí me genera odio?... A mi hay cosas que me lo generan. El equívoco literario argentino me genera odio, actual, contemporáneo, no te lo puedo negar a eso, hay cosas muy equívocas, que me embrutecen. La Revista Ñ, qué se yo, no sé, yo leo la revista Ñ y quiero romper todo, no en un sentido abstracto, quiero romper todo en serio, por su brutalidad. Hay zonas de la revista Ñ que no, pero hay zonas de la revista Ñ que sí. Otros escritores me generan odio, ¿qué voy a hacer? Está bien, yo no puedo salir a militar el odio, pero yo tengo que usar esa parte de amor y esa parte pasional que tiene el odio y tratar de ir contra ese equívoco y tratar de clarificar esa situación. Obviamente después hay un montón de gente que no lo entiende y rápidamente te acusan de fascista. Le decís “no me gusta lo que hiciste"... Hay un meme muy bueno de internet en donde hay un personaje de Futurama que está haciendo de crítico en ese momento en una obra de teatro y dice:“Tu obra es una porquería, te tendrías que sentir mal” lo acusa, es medio compleja la imagen, pero es un crítico diciéndole a un objeto de crítica, a un autor no a un objeto de crítica, a un autor, “te tenés que sentir mal” y eso es un tabú ahí, ¿no?, me parece que desearle el mal a una persona es una cosa terrible, sobre todo que es un artista-, y eso, el problema que tener que asumir esas responsabilidades de decir qué eso está mal, es la pobreza. Yo veo que ahí hay como una pobreza en que no se diga eso, creo que la riqueza justamente está en, hegeliano como soy, en la dialéctica, y yo no veo mucho eso últimamente y me preocupa, veo mucho Like de Facebook, veo mucha adhesión, veo mucho cada uno con la suya, tratando de hacerse su lugar y no veo mucha discusión, donde veo discusión, que en un momento fue entretenido ahora veo parálisis. Voy a lo de la política, no me olvido, en un momento discutir kirchnerismo antikirchnerismo era interesante, entrabamos ahí a los Blogs a insultarnos, argumentar, todo el mundo y después, ya el territorio de Facebook donde hay que dar la cara, donde esa cosa barroca de las máscaras se evaporó un poco, ahí aparece o el insulto directamente, sin ironía o la segregación que es mucho peor que el insulto, “con vos no voy a hablar porque sos un kirchnerista de mierda” “KKKKKKK”, qué se yo, que va para los dos lados ya a esta altura. Entonces, claro, yo cuando ejerzo la crítica de libros no pienso en un situación de publicidad, pero es verdad que también mis críticas están motorizadas por el odio en ese sentido, al equívoco, a la pereza, a la magnificación de cosas que no se lo merecen y me sincero frente a eso, pero tampoco saldría con un megáfono a pedir que linchen a un escritor, ni a un político, qué se yo. Ese es el peligro que tiene el sinceramiento en ese sentido. No sé si respondo un poco. El tótem y el tabú están siempre, tenemos que tener represión.

Comentario – en esto de que la crítica no quede en un lugar de a posteriori de lo que se critica, digo, que se pueda pensar en un acto de creación en la crítica misma, sino, sostenemos nada más que el tótem y el tabú y se hace la obra de arte y el crítico viene luego...

Juan Terranova – lo estuvimos hablando mucho con Marcos a eso y el rol que cumple la universidad en ese sentido, que forma investigadores y no forma críticos en las humanidades, entonces vos tenés gente que está investigando, que sabe un montón sobre Lugones, yo qué se viste, me parece gracioso pero, La obra desaparecida de Lugones, que no existe, porque está desaparecida, está investigando eso, qué te parece, la verdad qué se yo, no sé, te ganaste una beca del Conicet, tu vida es una mierda, hace lo que quieras. Sí, estoy súper de acuerdo. Mi esfuerzo como crítico está en leer a mis pares.

Marcos Apolo Benítez – Está bueno lo que decís, yo coincido con el diálogo que entablaron. Vos decís refinar el odio y bueno, refinar el odio, yo lo entiendo como el ejercicio de la crítica como lectura creativa. Ahora, mi sensación, o mi lectura, es que eso falta, tanto en la crítica literaria como en el psicoanálisis. En el terreno del psicoanálisis se escucha demasiado la recitación pajera de Freud, de Lacan, que hace el discurso universitario; y en la crítica literaria, bueno, cuando directamente, por no ejercer la crítica, nos quedamos o en el anatema, la indiferencia total, o en el elogio comercial. Ñ es eso, una propaganda de “los nuevos escritores”, "las nuevas tendencias"...

Juan Terranova – Ñ lo puse como ejemplo porque nos reímos todos un poco de eso, jaja, somos muy superados. Ñ no estaba mal en su momento, pero el problema es que lo hace gente que es oligofrénica, entonces, yo los conozco digamos, o sea, ¿qué querés?... están hechos mierda por el periodismo y bueno, qué se yo, Diego Erlan, que es el editor de libros, yo lo conozco, fui a jugar al futbol con él, es un oligofrénico, digo, ¡es un oligofrénico!, ¡tiene problemas de oligofrenia!, digamos ¿me entendés? No estoy siendo metafórico, ¡es un tipo que no puede leer un libro! ¿Cómo hace el editor de libros del suplemento más importante del diario más importante de la Argentina, un tipo que no puede leer, que solamente lee a Murakami editado por Tusquets? ¡Me vuelvo loco!, ¿Cómo se lo permitimos nosotros? Tenemos que ir a tirarle verduras… ahí me sale la cosa del megáfono… tenemos que ir a tirarle verduras a la puerta de la casa. Pero bueno no, nosotros vamos y le decimos “Ay Diego, me encanto”; sacó una novela hace poco que es una mierda total: “me encanto tu novela, que se yo, así me tiras una reseñita, me pagas trecientos pesos”, ¡andá a la puta que te pario! Entonces estamos todos tratando de rascar el fondo de la olla de las instituciones de mierda, y la verdad es que no es que falta pero estamos muy separados, estamos muy alejados. Antes íbamos a pelear contra el partido comunista o nos hacíamos lugar en el partido comunista, o íbamos con el fascismo, lo que vos quieras. Ahora estamos muy sueltos, no nos conocemos, no sabemos quiénes somos, nos vemos por internet todo el tiempo y nos juntamos y tratamos de, pero no hay nada que aglutine gente que se pueda oponer a la plutocracia, basicamente ese es el problema que tenemos, ese es el problema de la década ganada. Estamos intentando todos hacer un montón de cosas, pero la verdad es que es todo muy residual en ese sentido, yo no creo que haya tanto un desierto, sino que son como muchas lagunas que no se terminan de conectar, por eso me parece que tanto el crítico, como el psicoanalista crítico que no se va a conformar con armar su consultorio, sino que, bueno, va a tratar de formarse más allá del psicoanálisis establecido, necesitan nuclearse, necesitan relacionarse y la herramienta muy importante ahí es internet, pero hay que saber usarla, hay que invertirle tiempo. Yo veo eso, que hay muchas cosas, que Argentina tiene mucha capacidad productiva en ese sentido pero están separadas, están inarticuladas y eso me parece que cada vez es más notable. No sé si antes era mejor, tiendo a pensar que antes era mejor por un grado de melancolía extrema y porque quiero tener esperanza de que eso vuelva, pero no sé si antes era mejor, creo que no, creo que si había grandes aglutinadores de discurso también eran institucionales fuertes. Bueno, hay momentos que serían recuperables, el momento que hoy citabas vos en el taxi de Masotta y García y formándose entre ellos y creando la Escuela Freudiana de Buenos Aires entre ellos, buscando una legitimación que no tenían, gente que estudiaba mucho...

Marcos Apolo Benítez – creando Literal.

Juan Terranova – sí, haciendo sus revistas, etc. Es un momento, para mí, muy importante. Y después internet, bueno, tiene sus lugares de discusión, me parece que son interesantes, que es una muy buena herramienta. Creo que el momento de los blogs fue más interesante que el momento de Facebook, no sé por qué, quizá porque era nuevo, pero había como una cosa mucho más barroca, más del barroco, como una cosa más shakesperiana de las máscaras, de juego, de juegos con el lenguaje, de cosas más cruzadas. Facebook es muy botón, Facebook es muy de la CIA, se nota mucho que es la CIA. Por ahí no están los tipos de la CIA atrás, pero el panóptico ese foucaultiano está funcionando todo el tiempo. Es verdad lo que decía el otro día un escritor amigo, decía que lo más trágico del sistema aprisionante de información de Facebook es que nadie nos mira. Lograron eso, que deseemos ser mirados. No te van a robar nada, no te van a espiar. Vos querés que te espíen, estás en Facebook para que te espíen otros digamos, es mentira que estás ahí y te están espiando y vos estas siendo presa de eso, no, el narcisismo extremo hace que uno quiera ser mirado todo el tiempo y que si no te miran y no te espían te sentís mal, te sentís relegado.

Pregunta – ¿Te puedo hacer una intervención? Yo me topé con tu obra hace unos años, leyendo un poema tuyo, incluso combativo, en la revista “Lucha armada”, un poema tuyo, “El ignorante”. Un poema muy duro…

Juan Terranova – estaba muy enojado cuando lo escribí.

Comentario – decías “Trotskistas putos de mierda”, no se bien…

Juan Terranova – ¿trotskistas putos de mierda?... Puede ser...

Comentario – no me acuerdo el nombre, pero hay un fragmento que me pareció muy elocuente incluso en la época, me pareció interesante por qué del Barco propuso ese poema para disparar...

Juan Terranova – hubo una polémica con del Barco en Córdoba bastante importante, ¿no?

Comentario – sí sí, y bueno, después del primer contacto que tuve con tu obra me puse a investigar, a ver quién eras. Con el tiempo, bueno, te fui rastreando por tu blog y algunos libros, no he terminado. Se te presentaba a vos como un joven escritor provocador y me resultó interesante. Vi en eso el trasfondo que hoy traés acá de mucho odio. Después vi, cuando pasó el tiempo algunas críticas que te hacían a esto. Te ubicás en una delgada línea, que a mí me pareció muy interesante, pegándole a la corrección política y me gustaría saber, si tenés una opinión, me imagino que sí, qué podes decirnos respecto de…., no creo que esta década se agote en una fórmula de corrección política, pero qué podes decir, me da la sensación de que hay mucho que podes decir al respecto, de esa corrección política, de esa manifestación estética del fenómeno político, pero que no agota el fenómeno político. Me dio la sensación de que vos vas siempre por ahí, pero no termino de encontrar, todavía, lo qué podes decir...

Juan Terranova – bueno, yo tampoco. Muchas gracias por leer lo que hago y está bien lo que decís y la respuesta que tengo es esa, siempre estoy tratando de ver como uno… el escritor, el novelista sobre todo, pero el crítico también, tiene que ver cuáles son esos secretitos de mierda que guarda la gente, digamos, que guardan los partidos políticos, las instituciones, esa es la novela burguesa, se construye con eso, buscando y rebuscando ahí. Es completamente freudiana la novela burguesa. Y hoy, hace unos años, se instaló esta cuestión de lo políticamente correcto, que a mí me incomoda mucho, y me parece extremamente represivo. Represivo y vacío e ignorante, vacío de la bibliografía más fundamental para entender cualquier cosa en cualquier ámbito. Como que lo políticamente correcto está vacío de los libros que a mí me gustaba leer o que me gusta leer, o lo que a mí me gusta escuchar. Creo que tiene que ver, si uno se pusiera a hacer una genealogía del concepto, tiene que ver con la caída del muro de Berlín, con la caída del bloque soviético, con la falta de una polaridad en ese sentido y la destrucción de los dos grandes bloques que articularon la segunda mitad del siglo veinte. Tiene que ver con que en estos treinta años de democracia, veinte, el peronismo como fuerza política había desaparecido prácticamente, más podríamos decir porque cuando Martínez de Hoz es designado ministro de economía dice una frase, dice: “cuando yo termine mi ministerio, la palabra peronismo no va a significar nada”. Tuvimos que esperar hasta el dos mil tres para que volviera esa palabra a significar algo que tiene alguna relación más o menos coherente con lo que entendíamos como peronismo. Si bien después te pones a revisar el menemismo y te das cuenta de que eso también es peronismo, es mentira que no es peronismo, por más que les pese a los kirchneristas digamos, es una lectura más del peronismo. Entonces cuando aparece, cuando hay como todo un caldo de cultivo ahí que genera personas huérfanas de ideología, entidades huérfanas de ideologías que se tienen que construir su ideología o se tienen que construir su religión, entonces, lo estuvimos citando, vale la autoayuda, es una especie de religión nueva, a la mano, y va asociada a la corrección política. Entonces me parece que hay una genealogía, sería interesante verlo. No es lo mismo Néstor Kirchner reaccionando contra una Argentina quebrada, en default, con un caos social digamos, que Cristina alimentando entidades como el INADI, donde la corrección política además… no te rías, porque el INADI es súper poderoso, se les dan ocho millones de pesos por mes al INADI, ¿Qué hacen con ocho millones de pesos por mes en el INADI? Y es una especie de policía de la corrección política. Yo leo Pagina 12 y veo eso. Yo trato de reaccionar. Siempre reacciono mal, siempre quedo como off side.

Comentario – a mí lo que me resulto muy llamativo de ese poema tuyo, que fue antes del 2005...

Juan Terranova – este año cumple, la edición en papel, diez años.

Comentario – bueno, incluso estabas como yéndote a una denuncia, entre comillas, con cierta inocencia, en mi juicio, política en los setenta y vino eso a manifestarse con cierta precocidad, lo que fue el auge de una superestructura, una estética en Argentina que era como el dispositivo central. La pregunta que yo te hacía, también me la hago a mi. ¿Cómo, tal vez, construir o situarse en una estética diferente que no por ello sea reaccionaria? Por más que te digan que lo hacés por derecha, a esta altura me chupa un huevo, pero, ¿cómo se construye un dispositivo, o si hay lugar?...

Juan Terranova – mirá, con respecto a esto, cada vez que me dicen que yo soy de derecha, yo les estoy empezando a decir que sí, pero, cuando me dicen que soy fascista digo bueno, y para vos por ahí sí, qué se yo. Me van a terminar convenciendo. La otra vez decíamos: “no, claro, no somos de derecha, es que estos son unos pelotudos”, esa es la conclusión que sacamos, hablando de la gente que escribe en Página 12, que tiene zonas bastante más aceptables que otras. Y bueno, ese es el desafío, cómo escribir por afuera de eso. Yo creo que hay una bibliografía. A ver, este dibujo: estudiante de humanidades de la Universidad Nacional de Rosario, que lee a Bataille y trata de llegar al orgasmo metiéndose el dedo en la oreja, qué se yo, no sé, digamos, cariño, planteáte las cosas un poco más en serio. Date cuenta que no podés salir a insultar a todo el mundo, si estás leyendo Bataille, que es una cosa súper importante, estás transgrediendo un montón de cuestiones, digo, no es una moda, etendé esa bibliografía como lo que es. “El Erotismo” de Bataille, plantea que hay una necesidad del mal en el hombre, entonces me parece que ahí hay algo… que antes siempre te corrían con el estalinismo: "bueno, si tanto te justa la joda, porque no te hacés un viajecito a Moscú". Hoy no tenés ningún lado, tenés que ir a la luna, la corrección política no se cuál sería, el espacio, el vacío, la película esa “Gravity”, los dos están en el vacío y es todo políticamente correcto porque nada los tracción hacia ningún lado. No sé, qué se yo, nunca cogen, Geroge Cloney y Sandra Bullock, entonces están tratando de escapar del vacío. Pero me parece que hay una bibliografía, claro, pero circula y no es tenida en cuenta. Pasa un poco lo que decía Marcos con el psicoanálisis que, vos leés cualquier texto de Freud, Freud hoy sería como una especie de misógino hitlerista, digamos, que anda denunciando que las mujeres solamente pueden tener relaciones con una botella de Don Perignon, que es la definición de la histérica que no acababa y cuando aparecía el significante Perignon.. ahh, trago todo… cualquier cosa de Freud que vos leas, ni te hablo de Lacan, que aparte, era un bonapartista, ese sí que era de derecha en serio. Era bonapartista, el tipo, lo decía, tenía esas actitudes, y era refractario a cualquier pensamiento distribucionista, ni siquiera de izquierda; acá no se distribuye nada, yo soy profesor, ustedes escuchan y hacen lo que yo les digo. Y entonces empezaba con su teoría de la relación que nosotros tenemos con el amo, y es muy interesante eso, aparte toda esa bibliografía choca totalmente contra la corrección política. ¿Qué es la corrección política finalmente?, ¿que no puedas decir enano?, ¿que no pueda decirle negro a un negro?, ¿que no puedas decirle puto a un puto? Es más, te voy a decir, en el lenguaje mismo, en la utilización del lenguaje empiezan a aparecer los significantes y significados que empiezan a chocar con eso. Me ibas a hacer la pregunta sobre el feminismo, ya me puse medio incómodo. Yo tengo muchos problemas para discutir con el feminismo, primero porque no sé lo que es el feminismo y segundo porque cuando voy a la biografía del feminismo encuentro que el feminismo es todo y nada, y hay bibliografías interesantes y justamente discuten cosas que están mucho más cerca. Ahora, lo que se entiende por feminismo en el suplemente “Soy” de Pagina 12, y no sé, me parece que es gente muy ligada al “Caso Dora”, para poner como un ejemplo freudiano, el caso del querer y no poder…

Marcos Apolo Benitez – La pregunta que te quería hacer, siguiendo esa línea y retomando lo que decís, es: vos hablabas de complejizar el amor. Cuando no se lo complejiza, cuando no se lee el odio en el amor caemos en la banalidad brutal de la negación, es decir, el idealismo del amor. Concretamente, ¿qué consideras vos, o que pensás sobre el acoso verbal callejero? El piropo, algo tan en boga, incluso asunto de estado.

Juan Terranova – Claro, sí. Bueno, no tengo mucho elaborado sobre el tema. Yo escribí un par de notas por la cual me echaron de un medio. Que era gracioso porque me estaban echando y yo no me podía dejar de reír, pero me reí histéricamente porque sabía que estaba mal lo que estaba haciendo, hasta que me llamo mi vieja, la voz, así, total, como si me llamara Edipo de Tebas: “Portate bien, o date cuenta boludo, perdés todos los trabajos”, entonces dije bueno, no me voy a reír más. A mí me pareció una cosa súper graciosa, retrograda, que no entendieran la ironía. Una persona que se dedica a militar en la Argentina, y a escribir y a llevar adelante acciones, que no se pueda defender de la ironía, que no entienda la ironía, es una persona para mi desfasada, que se yo. Lo único que tengo para pensar del piropo es que Cristina está en contra del aborto. Lo único que tengo para decirle a Pagina 12 que saca en tapa el tema ese cuando le conviene para atacar a Macri porque Macri salió a decir qué se yo...; yo lo que tengo para decirle es eso: Putos y tortilleras del cristinismo, Cristina está en contra de aborto, loco. Ahí hay que mover la discusión, vos estas acá pelotudiando con esto del piropo y Sudáfrica tiene el aborto libre y Argentina no, y la Argentina tiene el matrimonio igualitario, hicieron todo un quilombo y se pensaron que después venia y le frenaron el recontra carro con eso. Entonces, ¿qué instalamos, qué tema vamos a instalar? Claro, pero el piropo parece parte del corpus de lo políticamente correcto. Va a llegar un momento en que nosotros no vamos a llegar a hablar por la calle, pero no importa. No vamos a poder hablar por la calle y no vamos a tener aborto libre y gratuito digamos. Vamos a estar recontra jodidos. Es muy complicado el tema en ese sentido.

Marcos Apolo Benítez – parece ciencia ficción pero es un hecho. En algunos lugares, en Nueva York por ejemplo, al piropeador lo escrachan, le sacan una foto y la suben a una página de cierto organismo controlador. “Piropeador”como “Violador”, digamos.

Juan Terranova – lo único que tengo para agregar sobre eso, porque yo escribí bastante sobre el tema y aparte no quiero seguir embarrándola. Le preguntaban a una mujer que militaba en una organización en contra del acoso verbal callejero y le decía: ¿Cómo sabe usted que se da la situación de acoso verbal callejero? Y dice: si lo siento como acoso, es acoso. Bueno, hay que salir a la calle y evidentemente yo soy una persona sexuada, que tiene genitales y la mina va a sentir como acoso que vino un tipo caminando y que ahí debajo de esas telas de ropas tiene un pene y ella se va a sentir acosada. Entonces esto me parece muy impracticable. Cualquier bibliografía de la carrera de Sociales te dice que ahí hay una situación de histeria imparable.

viernes, 30 de mayo de 2014

El gobierno de La Rioja construirá un monumento "para homenajear" a Carlos Menem

El expresidente tendrá su escultura en el ingreso de la ciudad de Anillaco, lugar donde nació. Aclararon que no va a ser tan grande como la del caudillo Chacho Peñaloza.

MIRADA. Una de las últimas imágenes públicas del exmandatario.
MIRADA. Una de las últimas imágenes públicas del exmandatario.
La idea levantará todo tipo de polémicas. El gobierno riojano financiará y construirá un monumento al expresidente Carlos Menem, con el objetivo de brindarle "un homenaje en vida".
"Queremos reivindicar en vida a uno de los dirigentes más importantes de La Rioja que llegó a ser Presidente", dijeron los ministros de Infraestructura y de Desarrollo Social, Néstor Bosetti y Marcelo Del Moral, respectivamente, según señala la agencia DyN.
El homenaje se corporizará en la estatua de Menem, que será emplazada en el ingreso a su ciudad natal, Anillaco, ubicada a 100 kilómetros al norte de la capital provincial.
Los funcionarios explicaron que "la idea del gobernador Luis Beder Herrera es hacerle un reconocimiento en vida al expresidente mediante una escultura al ingreso de su pueblo natal, no tan grande como la del Chacho Peñaloza, sino que se identifique el ingreso de Anillaco con la figura de Menem".
El monumento al caudillo Angel Vicente Peñaloza está ubicado en el acceso sur a la ciudad capital. El escultor de la nueva obra será Juan García Guzmán, el mismo autor boliviano de la figura del Chacho y de otras obras contratadas por el gobierno provincial, que serán emplazadas próximamente en la Provincia.

lunes, 26 de mayo de 2014

Seis personajes en busca de autor



Después de casi un año de litigio entre el autor y la editorial, finalmente Sudamericana distribuyó Vivir afuera, la última novela de Fogwill. En diálogo con Radarlibros, el autor dice que el libro no tiene ninguna “capacidad de diagnóstico” de la realidad: en todo caso, aclara, habrá que ver si será una maquinaria narrativa tan emblemática para los 90 como lo fue Respiración artificial para los 80.
por Daniel Link

Se dice que Fogwill está loco, que es insoportable, que más vale tenerlo lejos. En el mejor de los casos, se dice que Rodolfo Enrique Fogwill (1941) es “un provocador”. Lo que nadie puede decir es que sea tonto. Por eso se insinúa que es una lástima que Fogwill esté loco, porque en realidad es un tipo inteligente. En esa manera fácil de plantear las cosas, claro, no se está entendiendo nada. Es que la de Fogwill es una inteligencia “superior”, y por lo tanto un poco inhumana: como si se tratara de la inteligencia de una divinidad o de un alienígena, siempre un poco más allá de la capacidad de comprensión del común de los mortales. ¿Qué le pasa a Fogwill? Esa hermenéutica generalizada alrededor de su persona habla de una suerte de temor ante lo otro, ante otros pensamientos que la televisión o la moral pequeño-burguesa (aparatos ideológicos que el autor detesta con igual intensidad) no nos tienen acostumbrados a escuchar: Fogwill se ha pronunciado públicamente en contra del aborto y de las/los abortistas. Fogwill ha declarado su simpatía por el Papa más inculto y reaccionario de todo el siglo. Fogwill se ha manifestado en contra de las exenciones impositivas a la producción artística (teatro, libros, etc.). Fogwill siempre tiene algo que decir en contra del sentido común (sobre todo, en contra del sentido común progresista): ha decidido vivir afuera de todo lugar preconcebido del pensamiento.
Esa exterioridad tal vez indique que Fogwill está un poco loco. Pero, ¿cómo no habrían de enloquecer un dios (por menor que sea, en el escalafón de divinidades) o un alienígena tratando de comprender -y, en su caso, tratando de consignar por escrito- este triste mundo nuestro que llamamos Argentina? Lo que resulta indiscutible es que ese hablar en contra del sentido común es lo que garantiza (lo que siempre ha garantizado) la marcha del pensamiento, su proliferación, su potencia revolucionaria.
Quique Frog es un tipo esencialmente confuso, un poco por esa astucia que le dio fama de profundo a fuerza de empelotar las frases, y otro poco por el reviente. Porque él es como ustedes dos -quitó los brazos y ahora las manos libres señalaban las sienes de las mujeres-, igual que ustedes dos, Frog es un drogón de quien nunca se sabe si no logró hacerse entender porque en ese momento estaba dopado, o si su razonamiento y su sintaxis fallaron porque ese día no tomó las dosis indispensables para completar su pensamiento, o porque, drogado o carenciado, tanta basura metida durante décadas en su cerebro acabó por obstruir irreversiblemente los circuitos nerviosos que comandan el tono afectivo, o moral, o como quieran ustedes denominar a eso que, como el instinto de las especies inferiores, o las fobias impresas de los vertebrados, dispara en los humanos un mecanismo de huida ante la aparición del reflejo de sinsentido en quien atiende a su discurso.
Astucias de la razón
Fogwill no es sólo inteligente sino también sabio. Una sabiduría que le viene de experiencias múltiples que ya forman parte de su mitología: sociólogo, publicista, millonario, condenado por estafa, preso (ver Radar del 8/11/98). Todo eso transformó a un individuo cualquiera en Fogwill. De la articulación de esas experiencias y su inteligencia sobrehumana (alienígena o divina) provienen sus poemas y ficciones. La sabiduría de Fogwill se nos había revelado hasta ahora en varias áreas. En su producción publicitaria, por ejemplo: él fue el inventor, entre otras cosas, de los horóscopos que acompañaban –¿acompañan?– el chicle Bazooka, cuyas recomendaciones y predicciones inquietaron nuestra infancia: había alguien, en algún lugar, que sabía lo que nos estaba pasando. Alguien nos hablaba personalmente, desde ese papelucho satinado, de nuestros más oscuros terrores, de nuestros anhelos. La interpolación publicitaria no es azarosa: si algo caracteriza la obra de Fogwill –y en particular esta novela, Vivir afuera–, es su capacidad(su voluntad) para interpelarnos a todos y a cada uno, una capacidad que la literatura argentina parecía haber perdido al entregarse a la especialización, a los géneros, a la tontería historicista.
La sabiduría de Fogwill se nos había revelado, también, en su poesía –El efecto de realidad (1978), Las horas de citar (1979) y Partes del todo (1990)– y en sus relatos breves. Su primer libro de cuentos fue Mis muertos punk (1979), que ganó el Premio Coca-Cola (por supuesto, Fogwill se negó a aceptar las condiciones de contrato que el premio incluía). Con la plata del premio, fundó una editorial en la que publicó Poemas de Osvaldo Lamborghini y Austria-Hungría de Néstor Perlongher, entre otras maravillas de la literatura de los años 70. Música japonesa (1982), Ejércitos imaginarios (1983), Pájaros de la cabeza (1985), Muchacha punk (1992), Restos diurnos (1993) y Cantos de marineros en las Pampas (1998) son los títulos de las recopilaciones de sus cuentos, muchas veces migrantes de un libro a otro, como si la perfección de muchos de ellos (“Muchacha punk”, “Help a él”) desbordara el formato del libro y fueran, siempre, partes del todo.
Es que para poder interpelarnos a todos, el escritor (Fogwill) debe trabajar con una cierta idea de totalidad que, luego de leer Vivir afuera, queda más clara que nunca, no sólo porque hay un personaje que viene de otra novela, Los pichiciegos, enhebrando las diferentes partes de ese todo que es la obra, sino porque la trama –delicada, volátil, prácticamente inexistente– le sirve para ordenar cada una de sus repetidas obsesiones narrativas: la droga, el sexo, la guerra y los sistemas de vigilancia, los objetos y las marcas, la juventud, su modernidad. Vivir afuera es una pieza clave de la literatura de Fogwill –como no lo fueron sus dos últimas novelas: La buena nueva, 1990, y Una pálida historia de amor, 1991–, por su capacidad para designar los textos previos como piezas de un rompecabezas tridimensional que se acerca peligrosamente a “la realidad”. Vivir afuera determina la distancia y la relación entre, por ejemplo, “Help a él” y Los pichiciegos. Pero también, la novela determina la distancia y la relación entre las investigaciones high-tech sobre el sida y los cultivos clandestinos de marihuana en la provincia de Buenos Aires. Vivir afuera quiere decirlo todo y en ese impulso heroico encuentra su grandeza.
¿Una explicación sociológica de la realidad? “No se te escapará que mi novela no tiene ninguna capacidad de diagnóstico. En todo caso, me gustaría saber si Vivir afuera es comparable con Respiración artificial”, contesta Fogwill a esa pregunta ominosa. La referencia a esa novela emblemática de la década del 80 no es casual y mucho menos lo es la elección de Ricardo Piglia, su autor, como bête noire apenas camuflado en Vivir afuera: Emilio –como Renzi, personaje y pseudónimo del propio Piglia– Millia es el que está del otro lado del espejo en el que Wolff –el Fogwill ficcional– se mira todo el tiempo.
Si Respiración artificial fue leída como la novela de los 80, no fue tanto por su capacidad para explicar la realidad sino porque la máquina paranoica que ponía en marcha servía como espejo de un estado de la imaginación (o de la conciencia social). ¿Podrá alcanzar Vivir afuera, se pregunta hoy Fogwill, ese mismo estatuto privilegiado: la novela de una década? 

¿Vendrá a las once esta mina? -.se preguntaba Wolff–. No es el tipo de mina que se distrae. Algo es seguro: es gato y sabe contar. ¿Cómo se aprenderá a contar? ¿Nacerán así, sabiendo? ¿Será la histeria o algo genético? Es una lástima que a estas minas que saben contar no se les cruce por la cabeza la idea de escribir. En cambio, cada vez hay más estúpidas de esta edad que quieren ser escritoras y, hablando, no pueden contar ni un accidente de tránsito. Escribiendo, peor: tienen que contarque un ómnibus de la línea 60 atropelló un puesto callejero de venta de hot dogs y desde el primer renglón se nota que vacilan entre intentar asemejarse a Thomas Bernhard o a Dylan Thomas. ¿Vendrá a las once?
Saber contar
Fogwill es un extraordinario cuentista y él lo sabe. Ahora se siente obligado a demostrar a los demás que también puede ser un extraordinario novelista: “Escribí esta novela para divertirme y para poder pensar que estaba haciendo algo genial”, dice Fogwill. Pero es un poco escéptico acerca de la “aceptación” de su novela: “Me interesan mucho escritores como Gandolfo, Hebe Uhart, Mario Levrero. Sé que cualquiera de ellos preferiría releer un cuento mío que leer mi novela. Salvo que los convenza de que tengo algo nuevo para decir sobre la literatura... Pero en ese caso, me llaman por teléfono y me lo preguntan”. Quienes prefieran evitar la pesadilla de ese llamado telefónico (porque Fogwill, a lo mejor, es un poco loco) encontrarán en Vivir afuera pruebas suficientes de su maestría narrativa.
La novela es un tratado perfecto sobre la ausencia y la distancia. Su perfección deriva de la sabiduría y la inteligencia que el autor pone en juego para ordenar los diferentes bloques de relato: un contrapunto narrativo que va hilvanando las historias de seis personajes más o menos marginales –más o menos excluidos, ellos también y por diferentes razones, del sentido común– reunidos caprichosamente. Lo sabía Pirandello, lo saben los guionistas de la televisión americana (Friends, That 70’s show): seis personajes constituyen un núcleo dramático de posibilidades infinitas. Y Fogwill explota con maestría esas posibilidades manipulando a esos personajes como funciones matemáticas: distribución en clases, edades y sexos le sirven para contar todas las historias con todas las voces, para copiar o inventar todas las formas de hablar que hacen falta para entender la Argentina de los 90. “En Vivir afuera todos los bloques son auténticos, en el sentido de que respetan la voz de los narradores. Encontrar la voz narrativa es encontrar los trucos para falsificarla. Teóricamente, la mitad de las voces de la novela tienen fuentes literarias. La otra mitad son voces de personajes míos, que no existen fuera de la literatura”, dice Fogwill.

–¿En qué estabas pensando?
–En una cosa... Una curiosidad... ¿Por qué contás tan bien cualquier historia?
–¿Cómo bien?
–Bien... ¿Viste que hay gente que se rompe la cabeza para inventar historias y les salen tan aburridas que nadie se las quiere oír? –ella asentía. Wolff agregó: –Vos no... Vos contás cualquier historia y dan ganas de seguir escuchando...
Ella debió haberlo interpretado como un reproche porque lo interrumpió:
–Loco: yo no te invento nada... Te conté la verdad. ¡Me pasó! ¿Pensaste que inventaba?
–¿Y a mí qué me puede importar si es inventada o no? Yo te oigo y me gusta lo que contás y chau.
–Vos también debés contar bien tus historias... Lo que pasa es que siempre estás pensando en guita y en las giladas de esos libros y no podés pensar en otra cosa.

Piratas del papel 
“Pasa que yo no acepto que se burlen de mí. Las editoriales y los medios están acostumbrados a que el autor sea el último idiota. Y eso yo no lo aguanto. Un ejemplo: es habitual que las editoriales se reserven por contrato el derecho de disponer del 10 por ciento de la edición de un libro para reposición de libros fallados y servicio de prensa. Lo que las editoriales no entienden es que, aunqueesos ejemplares no devenguen derechos de autor, el autor tiene derecho a saber qué pasa con esos libros, a quiénes se los dieron. Es sólo uno de los dispositivos a partir de los cuales las editoriales roban a los autores. O el caso de Anagrama que, por incluir un relato mío en la antología Buenos Aires, considera que tiene la exclusividad, ¡durante quince años, loco!, para publicarlo y comercializarlo, lo que incluye los derechos de adaptación. Si a algún director de Hollywood se le ocurriera comprar cualquiera de los relatos incluidos en esa antología, Anagrama se queda con el cincuenta por ciento”. Para probar sus afirmaciones, Fogwill revuelve papeles, muestra cartas, recupera de su computadora voces grabadas en el contestador telefónico. “Con Sudamericana la cosa es así: ellos sacaron de Vivir afuera las citas de Los pichiciegos que relacionaban esta novela con aquélla y que anticipaban la Argentina menemista. Creo que eso le quita sentido a mi novela. Además, yo trabajé tres meses para hacer coincidir los bloques de relato con la paginación que habíamos acordado, en función del ritmo narrativo que quería para la novela. Después cambiaron la caja y el cuerpo de la tipografía y todo se fue a la mierda. ¿Cómo no les iba a hacer juicio?”

Alguien te está grabando 
Vivir afuera quiere ser tan definitiva como Respiración artificial y, tal vez por eso, adopta un punto de vista paranoico sobre la realidad y sobre la ficción. Los seis personajes de la novela –cada uno asignado a un lugar social bien diferente, como se ha dicho– convergen precisamente en el ojo vigilante de los servicios de inteligencia (estatales o privados) que monitorean todas las conversaciones y registran todos los intercambios. Como en las novelas de Manuel Puig, a quien Fogwill admira (“Sobre todo Cae la noche tropical, que es puro registro, y un libro de una honestidad absoluta”), en Vivir afuera se dan cita todos las formas de hablar y de escribir, como un catálogo monstruoso. Desde la conversación sexual hasta el lenguaje estereotipado de la burocracia policial, todo encuentra un lugar en la novela de Fogwill (como en el mundo). Un lugar, una distancia, y una relación.
“La política sanitarista sobre el sida es errónea, equivocada. Por eso es ineficaz. Lo único que consiguen los tipos que las hacen es demostrar cómo el capitalismo transforma todo (desde la guerrilla colombiana hasta una enfermedad) en fuente de negocios. Las mismas causas de ineficacia de la política sanitarista fundamentan la ineficacia de los servicios de inteligencia (demostrada por el caso Yabrán, entre otros). Los dispositivos de control en una sociedad de nuestras características requiere de dispositivos burocráticos. Y el objetivo de toda burocracia es reproducirse a sí misma, se trate de la burocracia sanitaria o de la burocracia de los servicios”, dice Fogwill.

Revisando el historial del Internet Explorer salta lo mismo. Lo bueno de la versión nueva de Microsoft que instalaron es que loguea todo lo que estuvieron navegando en cada terminal. Este tipo es el que más usa el servicio, entra todos los días, menos los sábados, siempre a las mismas horas, a los mismos sitios. No pasa un día sin que entre en la página de Duesberg. Imprimimos un índice para que alguno que sepa algo de biología lo clasifique. No se entiende bien qué dice, pero lo destacamos porque es una de las páginas que figura como objetivo en los trackings americanos y, si los gringos sospechan, por algo será. O el Infoseek o los mismos tipos que publican la página en Berkeley destacan las palabras clave, Drugs, CIA, State Department, War, CIA, o sea: Departamento de Estado, Drogas, Guerra Bacteriológica, Censura en Internet, demasiados farolitos prendidos juntos como para que a alguien se le pueda escapar como objetivo. El tipo mandó y recibió correos desde ese sitio, pero los metió en un diskette y en el server de esta red no hay modo de recuperar los datos. También mira los diarios de Israel en esta PC, cada tanto lee Clarín y el NYTimes y como todos los científicos es un poco pajero: no pasa semana sin que navegue por uno o dos sitios porno, siempre los mismos.
Fogwill será excéntrico y ha leído bien y mucho a Max Weber, pero no es un nihilista. “Está esa cosa de la jaula de hierro, sí, pero en última instancia, los pensamientos no se pueden controlar: ni el nihilismo de Wolff ni el sionismo de izquierda de Saúl se pueden controlar”. La hipótesis paranoica sobre la realidad que desarrolla su novela (no muy diferente, a esta altura del partido, de la de Los expedientes X) le sirve a Fogwill no tanto para “diagnosticar” la realidad sino como dispositivo narrativo. Así como en un hipotético archivo policial se guardan todas las conversaciones (las que importan y las que podrían llegar a importar en juegos futuros de la política o la economía), Vivir afuera reproduce esa lógica de archivo y recuperación: todas las voces importan, aun las que traen al libro la obscenidad y las malas lenguas, las lenguas de lo bajo y de lo impresentable, que aparecen en Vivir afuera como hace mucho tiempo no aparecían en la literatura argentina.

La máquina de follar 
¿Cómo presentar, en efecto, la experiencia sexual? Como muy pocos escritores, Fogwill ha hecho del sexo una experiencia contable (narrable, pero también computable). El sexo importa en sus ficciones porque es una experiencia pura que desafía o interroga toda trascendencia, porque sirve como motor de “la juventud” –ese mito que Fogwill retoma de la literatura de Gombrowicz–, porque desencadena historias y porque desviste la imaginación del narrador.
–La verdad .-dijo él, y ya estaba tendido en el hidro-. es que desde que me colocaron el jacuzzi nunca más volví a hacerme la paja en el sillón ni en la cama...
–¿Cuántas te hacés por día...? -.preguntó ella. Envuelta en un toallón se había acercado al baño y lo miraba desde lo alto...
–Ahora cada vez menos... Antes una y a veces dos... Ahora una sola y no todos los días... ¡Es por la edad! Mi hermano tuvo tambos en Rafaela y me explicaba que con las vacas lecheras pasa lo mismo: ¡a cierta edad les baja el rendimiento!

Desnuda, la imaginación de Fogwill es la del hombre heterosexual soltero. Por eso, en Vivir afuera las “trampas” y “transas” se multiplican fragorosamente, no importa que los personajes tengan sesenta o veinticinco años. Por eso, también, en los libros de Fogwill la experiencia sexual es una investigación pura. Allí, en ese frenesí de la carne, en esa pérdida de toda moral y todo límite, la sabiduría y la inteligencia de Fogwill encuentran el punto de vista para hablar de todo y para todos.
Ya se sabe que el zorro sabe por zorro, pero más sabe por viejo. Fogwill llega a la literatura argentina como un hombre maduro, sabio e inteligente: publica su primer libro a los 38 años (cuando la melancolía de la carne se instala definitivamente en el cuerpo del varón). Vivir afuera, su última novela (y probablemente una de las mejores novelas de la década) viene a demostrar la vitalidad de su literatura y, sobre todo, cuánto tienen todavía que aprender de él aquellos que murmuran con condescendencia que Fogwill está loco, los pichis de la literatura. Y para Fogwill, claro, pichis somos todos.

–¿Te calienta mirarme mear?
–Verte mear no. Pero que me mires así
produce...
–¿Qué? –Nada. Güevadas.
–Dale. Decímelo. ¿Qué te mire cómo?
–Como recién. Así como hacés ahora...
Poniendo cara de puta. Haciendo así boquitas... Medio asquerosas...
–¿Te da asco?
–Aquí no. Pero...
–¿Pero qué?
–Por la calle dan asco las minas que andan poniendo bocas de putas.
–¿Bocas de putas?
–Sí: boquitas de boludas chupapijas.
–¡Pelála ya que te la chupo, puto!
–Voy a mear yo por ahí y... ¡Vos vestite mientras meo y vamos a la casilla...!
–¡Meame la concha!
–¡Qué Enana puta y asquerosa que te ponés!
–¡Negro: quiero chuparte la meada!
–Tomá, asquerosa. ¡Enana puta! ¿Sentís la
leche...? ¡Dale Enana! ¿Sentís que sale? ¡Qué cerda! ¡Cómo te la tragás...!