sábado, 27 de febrero de 2021

 "The Calabrians". 1853. André-Adolphe-Eugène Disdéri. En el libro "After Daguerre: Masterworks of French Photography (1848–1900)". La oscuridad de la foto, los abrigos, las botas, eso que parece un odre o una pieza de casa, todo intimida y habla desde el corazón aventurero del siglo XIX.


miércoles, 7 de octubre de 2020

Lago de Ginebra



Allá sobre la loma está la lápida
de mi abuelo: un ciprés ha recubierto
las letras; se llamaba Rodolfo Romegialli.
Allá abajo está el lago de agua dulce
donde nadó mi abuela de muchacha,
tendida y bella como ahora su esqueleto;
se llamaba Maria Morgenegg.

Yo también, en el bosque escarpado de abetos,
a mitad de camino entre el lago y las tumbas,
soy otro, algo más joven, que de América
regresa aquí, al lugar de sus orígenes,
aún libre y sano. No es posible
que yo haya sido él, me parece imposible.

¿Cuál fue el somnífero, o la enfermedad?
Y hoy me despierto en un mundo de idiotas
que preparan absortos el torvo advenimiento
de algún Rey Sol marxista y de su Corte.
En la espera producen un bullicio que aturde.

Y yo que en ese bosque los habría barrido
lejos con una mano como hojarasca seca
si sólo los hubiera imaginado,
me encuentro ahora en esta tierra yerma
rodeado de una piara de marranos
malignos, repugnantes, fantasmales.

¿He hecho mal, abuelos, en regresar a Europa?
Una especie de amor me atrajo aquí:
vine, bebí el amor, perdí el sentido.
Pero cuando este amor haya apurado
seré esqueleto también yo en el bosque
que separa del lago al cementerio.


Juan Rodolfo Wilcock

[Versión de Pablo Anadón,
Río Cuarto, 24-IX-12]


*


Lago di Ginevra



Là sul colle è la lapide di mio nonno,
un cipresso ha coperto la scritta;
si chiamava Rodolfo Romegialli,
e quel cipresso ha la mia età.
Giù invece è il lago d’acqua senza sale
dove mia nonna nuotava da ragazza
distesa e bella come adesso il suo scheletro;
si chiamava Maria Morgenegg.

Anch’io nel bosco ripido di abeti
a metà strada tra il lago e il cimitero,
sono un altro, più giovane, americano
tornato al lugo delle origini,
libero ancora e sano. Non è possibile
ch’io sia stato lui, sembra impossibile.

Che sonnifero ho preso, che malattia?
E ora mi sveglio in un mondo di idioti
intenti a preparare il losco avvento
di un Re Sole marxista e la sua Corte.
Nell’attesa fanno un chiasso che assorda.

E io che in quel bosco li avrei spazzati
via con una mano come foglie secche
se soltanto li avessi immaginati,
mi trovo adesso in questa terra brulla
con tutt’intorno un branco di maiali
maligni, rivoltanti, fantasmali.

Ho fatto male, nonni, a tornare in Europa?
Una specie di amore mi attirava:
venni, bevvi l’amore e persi i sensi.
Ma quando questo amore sarà speso
potrò essere anch’io scheletro nel bosco
che separa il cimitero dal lago.


Juan Rodolfo Wilcock

[De: J. Rodolfo Wilcock, Poesie,
Adelphi, Milano, 1980, pp. 150-151]

lunes, 11 de mayo de 2020

No me acuerdo si soñé
O si fue cosa diurna
Pero ahora en la urna
Es ahí donde hago pie.

Lugar serio que ameniza
Las más vastas experiencias
La vanidad de las ciencias 
Las risas y la ceniza.

La lata, el frasco, la caja
Receptáculo inexperto
Quieto, cerrado o abierto.

No está mal después de todo
Que termine el beodo
Pasando muda mortaja.

sábado, 9 de mayo de 2020

Los que rezan y los que se rien de los que rezan comparten el mismo lugar. Las respuestas son diferentes, pero los miedos son los mismos. Rezar y reír.

viernes, 8 de mayo de 2020


No sos nadie.
No sos nada.
No le importás a nadie.
No importás nada.
Lo que decís es irrelevante.
Sos un número.
Sos una estadística.
Sos un dígito
pasando información
a otro dígito.
Sos un consumo.
Sos un pequeño engranaje
del capitalismo digital
del siglo XXI.
Tus palabras son monedas
que no ves y que caen
en la alcancía de otro.
Por eso tus letras también
están llenas de muerte.

jueves, 31 de octubre de 2019




Peter Handke ganó el Nobel,
y después alguien escribió,
sin dudar y con talento,
una acusación anónima,
estridente, oprobiosa,
en un cartel amarillo.
¿Cuántas madres suicidas
puede tener un escritor?
¿Cuántas tragedias yugoslavas,
cuántas guerra balcánicas,
cuánto siglo XX puede
aguantar un hombre?
De un lado el cartel,
del otro la cámara.
Peter Handke ganó el Nobel.

sábado, 17 de agosto de 2019

¿Qué quiere Macri?



Se habla mucho sin decir nada. Siempre pasa eso. Hoy más que nunca. Pero hay una pregunta que no escuché y que hoy se vuelve dramática: ¿qué quiere Macri? Descartada la dicotomía boludo-hijo de puta, comprobado que se pueden ser ambas cosas y que el despliegue iridiscente de la ideología abarca inflexiones de una y otra característica, la indiferencia hacia sus propios votantes, hacia el electorado en su totalidad, hacia los problemas cambiarios de nuestra economía, ponen a nuestro presidente en un lugar de difícil auscultamiento. ¿Qué quiere Macri?
.
Ganar las elecciones presidenciales fue en su momento un objetivo claro. Costó pero lo logró. Ahora bien, tautológicamente, el destino señala que perder es más complejo que ganar. Y mucho, mucho más, si se pierde siendo gobierno. Dicho esto, intuyo en Cambiemos una división. Alguna vez esa división fue entre halcones y palomas, entre saqueadores y esperanzados reformistas. Hoy esa misma separación tiene una continuidad entre los políticos, esos que se ven a sí mismos como oposición una vez que hayan pasado las elecciones, y los ventajistas, sujetos históricos para los cuales la praxis política fue una aventura financiera o vital, una serie de reuniones entre conocidos, donde el interés propio, que podía ser capitalista o edípico, primaba sobre cualquier otro interés.

Reasignando roles, esta separación, en su forma paradigmática, nos deja un Horacio Rodríguez Larreta al borde de sus posibilidades, visiblemente turbado por la performance de sus compañeros de fórmula, y del otro lado, una runfla de empresarios y cuentapropistas, que una vez terminada la comilona del poder, volverán sin culpas a sus quehaceres del sector privado. Frente a este escenario, ¿qué quiere Macri?

Vamos, por un momento, a otra pregunta: ¿es posible pensar a Cambiemos en la oposición? Desde ya. Varios de sus cuadros más antiguos vivieron del cirujeo partidario por mucho tiempo. Los recorridos de un Lombardi o de un Pinedo, o mismo de una Patricio Bullrich, nos cuentan la historia, larga y tortuosa, de aquellos que son lo que pueden ser en la medida de que la coyuntura se los permite. De ese lado, lo que se espera es que la transición se a los más ordenada posible, sin arrebatos lamentables, ni estados de sitio, ni muertos, ni hiperinflación, ni ninguna de esas cosas feas a la cual los malos gobiernos nos tienen acostumbrados en la Argentina. Para ellos existe la posibilidad de seguir pedaleando, en el gobierno de CABA, o donde el diablo los mande. Más difícil es pensar por fuera de la caja nacional a gente como Quintana o Caputo, empresarios acomodados que bajaron o subieron al poder, la metáfora seguro es vertical, y ahora volverán a ocuparse de sus propias finanzas porque discutir en asambleas, crear consensos, trajinar los espacios de la oposición, no es lo suyo.

Frente a esta disyuntiva, ¿qué quiere Macri? ¿Qué va a elegir? ¿Con qué paisaje mental construye su futuro? Su personalismo es evidente. Nadie lo imagina de diputado, salvado la ropa de una fantasmal minoría, o como senador vitalicio, al estilo del transgredido Carlos Menem. ¿Y entonces?

Patricio Erb me lo dijo hace poco: Macri tiene que hablar grabado; si no va grabado, si sale en vivo, Macri dice lo que piensa. Y lo que piensa es muy poco político. Máquina generadora de memes y chistes, el presidente se sigue manejando antes como oposición proselitista que como gobierno, y antes como el hijo del dueño de la empresa que como cualquier otra cosa. A la pregunta “¿qué quiere Macri?” hay que responderle con la política interna de su coalición. Dos meses y medio puede ser mucho tiempo, para bien o para mal. Si Macri elige el camino del abandono, de la plancha, de la irresponsabilidad, estará optando por dejar la política, una actividad en la que entró de grande, y en la que no se ve de viejo. Muchos de sus hombres de confianza intentarán seguir trapicheando con mayor o menor éxito, y se harán grandes en la adversidad, como el solitario Mago Sin Dientes, único macrista digno que bancó los trapos hasta el final, cuando ya la categórica derrota se había consumado. Mientras tanto los argentinos ya debemos lidiar con las restos de un fracaso económico inocultable. Por desgracia y ventura, no es la primera vez que nos pasa.