El novelista escribe lento una frase
Sabiendo un poco a tientas lo que hace,
Perdiendo el tiempo, corrigiendo, su trabajo
Se completa y toma forma desde abajo.
Intuitivo, despierto, laborioso,
El novelista siempre sueña con la fama.
Pero sabe que su oficio es bien piojoso
Y consiste en aumentar la breve llama
donde quema personajes, lujo y trama,
Y gana poco para vianda o para vino,
Orientándose nítido y cansino
Por páginas que nadie le demanda.
El esfuerzo lo consume y lo desvela.
Descansar o morir es lo que anhela.
*
Otra vez, subte A, otro vagón.
Y enseguida aparece el guitarrista,
Acomoda el instrumento, pide pista.
¿Le interesa mi silencio o mi perdón?
Cuando arranca, es mejor que ese rapero
Que no logra refinar ninguna rima
Ni pato con gato, ni casa con lima,
Y canta gritando, bastante fulero.
Este músico, amable, solo toca,
El Concierto de Aranjuez, no abre la boca.
Y al final, cuando termina, se reclina.
Pidiendo, educado, su propina.
Mil pesos le doy, agradecido.
Barata la saqué, estoy convencido.
*
Quiero ser guionista del león
Que mañana a su hermana se la meta
Escribir la caída más completa
Elegir el elenco y la canción.
Hacer que hablen esos perros espectrales
Todo el día y al momento del suicido
Que alguien cante los fenómenos barriales
Y otros recen invoncando un genocidio.
Con un doble que sea sucio y que maldiga
Al Papa, a su padre, a su enemiga,
Que padezca una epifánica diarrea,
Con la pelambre sudando seborrea,
Y que no pueda caminar por el pañal,
En el guión de esta película final.
*
Hablan los perros, los perros hablan.
Habla la hermana, el padre calla.
De línea blanca a donde vaya,
El exabrupto siempre subraya.
Viendo pantallas lo conociste,
Su rara presencia nos divertía.
El otro manso ya te aburría,
Sin muchas vueltas te convenciste.
Vos lo votaste, el otro duda,
Canta la loca, canta la muda.
La vaselina ya se trafica.
Libre la histeria se desanuda,
Tanta basura me mortifica,
Sarna con gusto, dicen, no pica.