"Cualquiera que esté familiarizado con el mundo académico sabe que alimenta cultos ideológicos resistentes a la crítica y propensos a dogmatizar. Muchas mujeres piensan que esto es lo que ocurre hoy con el feminismo. En su libro Who Stole Feminism?, la filósofa Christina Hoff Sommers hace una útil distinción entre dos escuelas de pensamiento. El feminismo de la igualdad combate la discriminación sexual y otras formas de injusticia con las mujeres. Forma parte de la tradición liberal y humanista clásica que surgió de la Ilustración, guió la primera ola de feminismo y lanzó la segunda. El feminismo de género sostiene que las mujeres siguen estando esclavizadas por un sistema omnipresente de dominación del macho, el sistema de género, en el que «los bebés bisexuales se transforman en las personalidades de género de macho y hembra, una destinada a mandar y la otra, a obedecer». Se opone a la tradición liberal clásica y, en su lugar, se alía con el marxismo, el posmodernismo, el constructivismo social y la ciencia radical. Se ha convertido en el credo de algunos programas de estudios sobre la mujer, organizaciones feministas y portavoces del movimiento de las mujeres.
El feminismo igualitario es una doctrina moral sobre la igualdad de trato, que no apuesta por ningún tema empírico en discusión de la psicología o la biología. El feminismo de género es una doctrina empírica que se compromete con tres afirmaciones sobre la naturaleza humana. La primera es que las diferencias entre hombres y mujeres no tienen nada que ver con la biología, sino que están completamente construidas socialmente. La segunda es que los seres humanos poseen una única motivación social -el poder- y que la vida social sólo se puede entender desde el punto de vista de cómo se ejerce. La tercera es que las interacciones humanas no surgen de las motivaciones de las personas que se tratan entre sí como individuos, sino de las motivaciones de los grupos que tratan con otros grupos, en este caso el sexo masculino que domina al sexo femenino.
Al abrazar estas doctrinas, las defensoras del feminismo de género encadenan el feminismo a unas vías en las que inevitablemente va a ser arrollado por el tren. Como veremos, la neurociencia, la genética, la psicología y la etnografía documentan unas diferencias de sexo que casi con toda seguridad tienen su origen en la biología humana. Y la psicología evolutiva está documentando una red de motivos distintos a los del dominio de un grupo sobre otro grupo (como el amor, el sexo, la familia y la belleza), que nos involucran en muchos conflictos y confluencias de intereses con los miembros del mismo sexo y del otro. Las feministas de género pretenden o descarrilar el tren o conseguir que las otras mujeres se unan a su martirio, pero las otras mujeres no colaboran. Pese a su notoriedad, las feministas de género no representan a todas las feministas, y mucho menos a todas las mujeres (...)
Lo que repele a muchas feministas no es sólo la colisión del feminismo de género con la ciencia. Igual que otras ideologías endogámicas, ha producido unas extrañas excrecencias, como la rama conocida como feminismo de la diferencia. Carol Gilligan se ha convertido en icono del feminismo de género por su afirmación de que hombres y mujeres se guían por principios diferentes en su razonamiento moral: los hombres piensan en los derechos y la justicia; las mujeres tienen sentimientos de compasión, educación y acuerdo pacífico. Si así fuera, las mujeres quedarían descalificadas para ser abogadas del Estado, jueces del Tribunal Supremo y filósofas morales, que se ganan la vida razonando sobre los derechos y la justicia. Pero no es verdad. Muchos estudios han comprobado la hipótesis de Gilligan y han descubierto que hombres y mujeres difieren muy poco o nada en su razonamiento moral. Así pues, el feminismo de la diferencia ofrece a las mujeres lo peor de ambos mundos: unas afirmaciones odiosas sin respaldo científico. Asimismo, el clásico del feminismo de género llamado Women's Ways of Knowing sostiene que los sexos difieren en sus estilos de razonamiento. Los hombres valoran la excelencia y el dominio de los asuntos intelectuales, y evalúan con escepticismo las argumentaciones en términos de lógica y evidencia; las mujeres son espirituales, relacionales, integradoras y crédulas. Con unas hermanas así, ¿quién necesita machos chauvinistas?
La diferencia entre el feminismo de género y el feminismo de igualdad explica la tan comentada paradoja de que muchas mujeres no se consideran feministas (alrededor del 70% en 1997, y sobre un 60% diez años antes), pero están de acuerdo con todas las grandes posturas feministas. La explicación es sencilla: la palabra «feminista» se asocia a menudo con el feminismo de género, pero las posturas que se incluyen en las encuestas son las del feminismo de igualdad. Frente a estos signos de escaso apoyo, las feministas de género han intentado estipular que sólo a ellas se las puede considerar las auténticas defensoras de los derechos de las mujeres. Por ejemplo, en 1992, Gloria Steinem decía de Paglia: «Que se llame feminista es como si un nazi dijera que no es antisemita». Y han inventado un léxico de epítetos para lo que en otro ámbito se llamaría «desacuerdo»: «reacción violenta», «no comprenderlo», «silenciar a las mujeres», «acoso intelectual)»."
Steven Pinker - La tabla rasa - Páginas 545, 546 y 547.
miércoles, 4 de enero de 2017
viernes, 25 de noviembre de 2016
martes, 8 de noviembre de 2016
miércoles, 19 de octubre de 2016
dos artículos sobre el feminismo hoy
http://elfarodehellin.com/populismo-de-genero-o-soluciones-reales/
https://lavenganzadehipatia.wordpress.com/2016/10/15/lo-posmo-2-los-conos-feroces/
viernes, 16 de septiembre de 2016
PSICOLOGIA › COMENTARIOS AL AFORISMO “NO HAY RELACION SEXUAL”
“La lengua, la muerte y el sexo nombran un imposible”
El despliegue de una célebre, provocativa fórmula de Jacques Lacan –“No hay relación sexual”– lleva al autor de esta nota a señalar la imposibilidad humana de establecer “una relación sustancial, permanente, natural, con la vida”.
Por Jorge Alemán *
Estas notas se proponen captar los diversos alcances de la tesis de Lacan formulada en su Seminario 20: “No hay relación sexual”.
La existencia se vuelve humana cuando se torna parlante, sexuada, mortal. Cuando la lengua captura al ser vivo en sus redes simbólicas, hace posible que surja la existencia que en “cada caso somos” como algo único, irrepetible, singular. Se puede establecer con valor de axioma que la lengua “siempre ya está desde antes” que un hablante la realice. Pero la lengua lo espera, pues necesita del hablante para nutrirse de dicha captura. La lengua “parasita” al ser vivo, le sustrae vida y le añade un “modo de satisfacción” anómalo, irregular, sin adaptación definitiva. El plus de satisfacción de los seres parlantes carece de utilidad, sólo busca realizarse. La hipótesis del inconsciente es un modo de concebir la captura del ser hablante por la lengua, como un acto complejo y de imprevisibles consecuencias, de tal modo que resulta imposible que un sistema lógico-lingüístico pueda establecer su formalización. Desde el momento en que se acepta que hay inconsciente, resulta que la lengua que corresponde a tal hipótesis no puede ser considerada sólo como un sistema de signos lingüísticos. Es un conjunto que se revela incompleto e inconsistente, un mixto de dos tipos de signos que conectan dos ámbitos heterogéneos: el del sentido y el goce. Ambitos que mantienen entre sí una relación de unión y separación a la vez, estableciéndose una topología de frontera. Hay signos que, al conectarse unos con otros y al sustituirse unos a otros, producen efectos de significación: son los significantes. Hay otros signos que constituyen inscripciones en el cuerpo del hablante, carentes de significación. Son “letras”, trazos sin sentido, huellas y marcas que repiten su trazo ilegible, mojones de la pulsión que configuran el zócalo de lo humano, el basamento libidinal, para el cual se reserva el término “goce”. Se observará que en este caso el término goce no expresa una fuerza ni una energía primera anterior al discurso, pues, para que haya goce, el ser vivo debe ser atrapado por la lengua, aunque la misma no pueda luego significarlo. El goce infiltra de tal modo la lengua, que el significante ya no puede concebirse meramente como una unidad lingüística, ni la escritura como una simple transposición de la voz a la presencia material del trazo. La concepción misma de la lengua ha quedado profundamente alterada, atravesada por una exterioridad radical, tras la aceptación indudablemente ética de la hipótesis del inconsciente. ¿Tendrá la existencia el coraje de aceptar su fractura, y sabrá leer, en el inconsciente, el modo singular en que habita la lengua?
---
La existencia parlante, sexuada y mortal no se apropia sin más del sexo, la muerte y la lengua. La asunción de estas tres determinaciones no implica una suma, es más bien una fractura que hace surgir una subjetividad tachada, escindida, una herida inaugural incurable que arroja a la existencia fuera de sí. La existencia no puede con el sexo, la lengua, la muerte, estar en ella misma como en su casa. El inconsciente implica que la casa natal y el idioma de los parientes están al fin, en el lugar del Otro.
---
La lengua, el sexo, la muerte nombran el mismo exilio, la misma imposibilidad; jamás podrá ser conquistada una identidad plena ni por la reflexión de la conciencia, ni por el dominio del yo, ni por el “autocontrol”, ni por el proceso de emancipación. La existencia siempre construye su casa o refugio desde el temblor de las huellas de lo imposible.
---
Esta marca de exilio e imposibilidad propia de la existencia se escribe como un jeroglífico en la carne, es la huella “no histórica” que convoca todas las historias, es la letra muda que invoca todas las palabras, es el “resto” que impide que un hombre sea un hombre en un sentido pleno, que una mujer sea una mujer. El “resto” –la Cosa exterior e imposible– que ataca a las identificaciones absolutas, está en “mí” más que yo mismo.
---
Se llama “malestar en la civilización” a los dispositivos históricos que intentan, a través del Discurso del Amo, establecer las representaciones sobre el sexo, la muerte, la lengua, codificar sus trayectos en las distintas épocas, establecer sus sentidos. Los dispositivos se transforman en su estrategia y procedimiento: Sociedad disciplinaria, Sociedad de control, Sociedad del espectáculo, Imperio, Discurso Capitalista. En cualquier caso la Civilización intenta, o bien fijar identidades que pretendan suturar el desgarramiento incurable de la existencia, o, cuando todo esto falla, dejan que el propio mercado se alimente –y alimente a su vez–, a la denominada “cultura marginal”. El vacío exterior-interior, el “resto”, o bien se vuelve causa del deseo infundado, o deviene la escoria que en su excepción apuntala el “Todo” de la Civilización.
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Lengua, sexo, muerte, nombran entonces la misma imposibilidad, la de establecer una relación sustancial, permanente, natural, con la vida. La vida está parasitada por el aluvión de marcas, huellas, inscripciones. Si en la existencia parlante, sexuada, mortal, hubiera una relación articulable en el plano sexual, dicha relación debería enunciarse en los siguientes términos: todos los de un mismo sexo con todos los del otro sexo. Este enunciado sólo puede postularse según la fórmula semántica del Universal. Pero esta fórmula semántica del Universal remite finalmente a la relación entre sexos según el modo de lo animal. El sueño de la neurosis y de la vana literatura imagina un goce sin fallas, mítico y absoluto, una cópula animal no interferida por la lengua y su modo siempre fallido y parcial de gozar.
---
Se llama pulsión al “resto” de vida marcado por el nudo que constituye lengua, sexo y muerte. A cada existencia contingente le atañe, a lo largo de su transcurrir, el ir y venir de la pulsión oral, anal, invocante (voz), escópica (mirada). Ir y venir que circunda el vacío topológico exterior-interior.
---
La pulsión es la parte maldita, el excedente inútil que se satisface “más allá del placer” y que no establece relación alguna. Dirigiéndose a un fragmento del cuerpo del otro sin jamás capturarlo del todo, retorna a la zona erógena, revelando siempre su carácter parcial, incompleto. Estos fragmentos del cuerpo, intentando colonizar el vacío de la existencia, se transfiguran en objetos fetiches, escenas fantasmáticas, recuerdos indelebles y encubridores, piezas sagradas, reliquias absurdas, automatismos de pensamiento, consignas teológico-políticas. Pero ningún “objeto” borra el vacío de la diferencia.
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¿Por qué no se puede escribir lógicamente la relación entre el hombre y la mujer? ¿No se dispone acaso de los términos hombre y mujer, presentes en todas las lenguas? ¿Por qué no asignarle a la mujer la letra x y al hombre la letra y, tal cual se hace en genética según el tipo cromosómico? La pulsión goza de tal modo que no establece una relación-proporción con el goce del otro. Cada satisfacción en la existencia de cada uno, tarde otemprano, de un momento a otro, se vuelve inconmensurable con el goce del otro. La pulsión no escribe “x R y”. A que sea “necesario” que haya biológicamente dos sexos en el reino animal, le corresponde que sea “imposible” escribir la relación sexual entre un goce y Otro. ¿Qué tipo de acontecimiento puede “contingentemente” interrumpir la perennidad de lo necesario y lo imposible? ¿Una invención amorosa que se dirija a lo real del goce pulsional; una escritura no literaria, sin sentido, que pueda presentar la letra en la pureza de su goce ilegible; un evento político que establezca un antes y un después; un corte en el continuo del mercado capitalista? Se denomina Acontecimiento a lo que suspende transitoriamente lo necesario y lo imposible.
---
Por tanto, la pulsión en el acto sexual, al no escribir la relación sexual, está abocada a la repetición.
---
Esta repetición conmemora el resto de goce, que no se complementa con nadie y que llama a distintos suplementos.
---
La identidad es el suplemento frágil e inestable, que se construye en relación a y como respuesta al carácter impersonal de la pulsión.
---
El amor, los vínculos sociales, las estructuras elementales del parentesco, las identificaciones, los dispositivos jurídicodisciplinarios, constituyen diversas modalidades históricas de suplementos que se hacen cargo del “vacío irreductible” entre un goce pulsional y otro.
---
No hay que curarse de ningún estilo de práctica sexual, pero sí del carácter mortificante con el que la repetición se apropia del recorrido de la pulsión. El “cuidado de sí” debe saber que tras la promesa del Ideal se encubre una orden insensata que asfixia con su exigencia el deber del deseo. Se llama deseo al modo en que en cada existencia se resguarda el vacío. Hay deseo en la medida en que los “objetos” de la pulsión no colonicen definitivamente el hueco, el vacío exterior-interior. Las distintas figuras que intentan apropiarse del lugar vacío deben a su vez ser “expropiadas” por el movimiento del deseo.
---
La heterosexualidad, como género o práctica dominante, se ha constituido en la norma histórica desde la que se pretende explicar las otras prácticas sexuales; el núcleo fuerte de sentido desde el cual se quiere conjurar la ausencia de proporción-relación sexual.
---
Homosexualidad, heterosexualidad, lesbianismo, etcétera, son identidades; respuestas a la imposibilidad de la relación-proporción sexual. Constituyen la respuesta “sintomática” de la existencia al Deber de su deseo. Cualquier intento de estratificar, jerarquizar, darle prioridad o fundamento a una práctica sobre las otras es siempre un intento de dar consistencia ontológica a una identidad.
---
No hay forma de gozar armónica, estable, natural. El goce se escribe con el estilo del síntoma, pero lo sintomático no remite en este caso a un patrón de normalidad. Se llama síntoma al modo en que la existenciaparlante, sexual y mortal construye su “identidad” marcada por el exilio, la marca que desde siempre acompaña el ritmo del encuentro discordante entre los goces.
Estas notas se proponen captar los diversos alcances de la tesis de Lacan formulada en su Seminario 20: “No hay relación sexual”.
La existencia se vuelve humana cuando se torna parlante, sexuada, mortal. Cuando la lengua captura al ser vivo en sus redes simbólicas, hace posible que surja la existencia que en “cada caso somos” como algo único, irrepetible, singular. Se puede establecer con valor de axioma que la lengua “siempre ya está desde antes” que un hablante la realice. Pero la lengua lo espera, pues necesita del hablante para nutrirse de dicha captura. La lengua “parasita” al ser vivo, le sustrae vida y le añade un “modo de satisfacción” anómalo, irregular, sin adaptación definitiva. El plus de satisfacción de los seres parlantes carece de utilidad, sólo busca realizarse. La hipótesis del inconsciente es un modo de concebir la captura del ser hablante por la lengua, como un acto complejo y de imprevisibles consecuencias, de tal modo que resulta imposible que un sistema lógico-lingüístico pueda establecer su formalización. Desde el momento en que se acepta que hay inconsciente, resulta que la lengua que corresponde a tal hipótesis no puede ser considerada sólo como un sistema de signos lingüísticos. Es un conjunto que se revela incompleto e inconsistente, un mixto de dos tipos de signos que conectan dos ámbitos heterogéneos: el del sentido y el goce. Ambitos que mantienen entre sí una relación de unión y separación a la vez, estableciéndose una topología de frontera. Hay signos que, al conectarse unos con otros y al sustituirse unos a otros, producen efectos de significación: son los significantes. Hay otros signos que constituyen inscripciones en el cuerpo del hablante, carentes de significación. Son “letras”, trazos sin sentido, huellas y marcas que repiten su trazo ilegible, mojones de la pulsión que configuran el zócalo de lo humano, el basamento libidinal, para el cual se reserva el término “goce”. Se observará que en este caso el término goce no expresa una fuerza ni una energía primera anterior al discurso, pues, para que haya goce, el ser vivo debe ser atrapado por la lengua, aunque la misma no pueda luego significarlo. El goce infiltra de tal modo la lengua, que el significante ya no puede concebirse meramente como una unidad lingüística, ni la escritura como una simple transposición de la voz a la presencia material del trazo. La concepción misma de la lengua ha quedado profundamente alterada, atravesada por una exterioridad radical, tras la aceptación indudablemente ética de la hipótesis del inconsciente. ¿Tendrá la existencia el coraje de aceptar su fractura, y sabrá leer, en el inconsciente, el modo singular en que habita la lengua?
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La existencia parlante, sexuada y mortal no se apropia sin más del sexo, la muerte y la lengua. La asunción de estas tres determinaciones no implica una suma, es más bien una fractura que hace surgir una subjetividad tachada, escindida, una herida inaugural incurable que arroja a la existencia fuera de sí. La existencia no puede con el sexo, la lengua, la muerte, estar en ella misma como en su casa. El inconsciente implica que la casa natal y el idioma de los parientes están al fin, en el lugar del Otro.
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La lengua, el sexo, la muerte nombran el mismo exilio, la misma imposibilidad; jamás podrá ser conquistada una identidad plena ni por la reflexión de la conciencia, ni por el dominio del yo, ni por el “autocontrol”, ni por el proceso de emancipación. La existencia siempre construye su casa o refugio desde el temblor de las huellas de lo imposible.
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Esta marca de exilio e imposibilidad propia de la existencia se escribe como un jeroglífico en la carne, es la huella “no histórica” que convoca todas las historias, es la letra muda que invoca todas las palabras, es el “resto” que impide que un hombre sea un hombre en un sentido pleno, que una mujer sea una mujer. El “resto” –la Cosa exterior e imposible– que ataca a las identificaciones absolutas, está en “mí” más que yo mismo.
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Se llama “malestar en la civilización” a los dispositivos históricos que intentan, a través del Discurso del Amo, establecer las representaciones sobre el sexo, la muerte, la lengua, codificar sus trayectos en las distintas épocas, establecer sus sentidos. Los dispositivos se transforman en su estrategia y procedimiento: Sociedad disciplinaria, Sociedad de control, Sociedad del espectáculo, Imperio, Discurso Capitalista. En cualquier caso la Civilización intenta, o bien fijar identidades que pretendan suturar el desgarramiento incurable de la existencia, o, cuando todo esto falla, dejan que el propio mercado se alimente –y alimente a su vez–, a la denominada “cultura marginal”. El vacío exterior-interior, el “resto”, o bien se vuelve causa del deseo infundado, o deviene la escoria que en su excepción apuntala el “Todo” de la Civilización.
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Lengua, sexo, muerte, nombran entonces la misma imposibilidad, la de establecer una relación sustancial, permanente, natural, con la vida. La vida está parasitada por el aluvión de marcas, huellas, inscripciones. Si en la existencia parlante, sexuada, mortal, hubiera una relación articulable en el plano sexual, dicha relación debería enunciarse en los siguientes términos: todos los de un mismo sexo con todos los del otro sexo. Este enunciado sólo puede postularse según la fórmula semántica del Universal. Pero esta fórmula semántica del Universal remite finalmente a la relación entre sexos según el modo de lo animal. El sueño de la neurosis y de la vana literatura imagina un goce sin fallas, mítico y absoluto, una cópula animal no interferida por la lengua y su modo siempre fallido y parcial de gozar.
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Se llama pulsión al “resto” de vida marcado por el nudo que constituye lengua, sexo y muerte. A cada existencia contingente le atañe, a lo largo de su transcurrir, el ir y venir de la pulsión oral, anal, invocante (voz), escópica (mirada). Ir y venir que circunda el vacío topológico exterior-interior.
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La pulsión es la parte maldita, el excedente inútil que se satisface “más allá del placer” y que no establece relación alguna. Dirigiéndose a un fragmento del cuerpo del otro sin jamás capturarlo del todo, retorna a la zona erógena, revelando siempre su carácter parcial, incompleto. Estos fragmentos del cuerpo, intentando colonizar el vacío de la existencia, se transfiguran en objetos fetiches, escenas fantasmáticas, recuerdos indelebles y encubridores, piezas sagradas, reliquias absurdas, automatismos de pensamiento, consignas teológico-políticas. Pero ningún “objeto” borra el vacío de la diferencia.
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¿Por qué no se puede escribir lógicamente la relación entre el hombre y la mujer? ¿No se dispone acaso de los términos hombre y mujer, presentes en todas las lenguas? ¿Por qué no asignarle a la mujer la letra x y al hombre la letra y, tal cual se hace en genética según el tipo cromosómico? La pulsión goza de tal modo que no establece una relación-proporción con el goce del otro. Cada satisfacción en la existencia de cada uno, tarde otemprano, de un momento a otro, se vuelve inconmensurable con el goce del otro. La pulsión no escribe “x R y”. A que sea “necesario” que haya biológicamente dos sexos en el reino animal, le corresponde que sea “imposible” escribir la relación sexual entre un goce y Otro. ¿Qué tipo de acontecimiento puede “contingentemente” interrumpir la perennidad de lo necesario y lo imposible? ¿Una invención amorosa que se dirija a lo real del goce pulsional; una escritura no literaria, sin sentido, que pueda presentar la letra en la pureza de su goce ilegible; un evento político que establezca un antes y un después; un corte en el continuo del mercado capitalista? Se denomina Acontecimiento a lo que suspende transitoriamente lo necesario y lo imposible.
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Por tanto, la pulsión en el acto sexual, al no escribir la relación sexual, está abocada a la repetición.
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Esta repetición conmemora el resto de goce, que no se complementa con nadie y que llama a distintos suplementos.
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La identidad es el suplemento frágil e inestable, que se construye en relación a y como respuesta al carácter impersonal de la pulsión.
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El amor, los vínculos sociales, las estructuras elementales del parentesco, las identificaciones, los dispositivos jurídicodisciplinarios, constituyen diversas modalidades históricas de suplementos que se hacen cargo del “vacío irreductible” entre un goce pulsional y otro.
---
No hay que curarse de ningún estilo de práctica sexual, pero sí del carácter mortificante con el que la repetición se apropia del recorrido de la pulsión. El “cuidado de sí” debe saber que tras la promesa del Ideal se encubre una orden insensata que asfixia con su exigencia el deber del deseo. Se llama deseo al modo en que en cada existencia se resguarda el vacío. Hay deseo en la medida en que los “objetos” de la pulsión no colonicen definitivamente el hueco, el vacío exterior-interior. Las distintas figuras que intentan apropiarse del lugar vacío deben a su vez ser “expropiadas” por el movimiento del deseo.
---
La heterosexualidad, como género o práctica dominante, se ha constituido en la norma histórica desde la que se pretende explicar las otras prácticas sexuales; el núcleo fuerte de sentido desde el cual se quiere conjurar la ausencia de proporción-relación sexual.
---
Homosexualidad, heterosexualidad, lesbianismo, etcétera, son identidades; respuestas a la imposibilidad de la relación-proporción sexual. Constituyen la respuesta “sintomática” de la existencia al Deber de su deseo. Cualquier intento de estratificar, jerarquizar, darle prioridad o fundamento a una práctica sobre las otras es siempre un intento de dar consistencia ontológica a una identidad.
---
No hay forma de gozar armónica, estable, natural. El goce se escribe con el estilo del síntoma, pero lo sintomático no remite en este caso a un patrón de normalidad. Se llama síntoma al modo en que la existenciaparlante, sexual y mortal construye su “identidad” marcada por el exilio, la marca que desde siempre acompaña el ritmo del encuentro discordante entre los goces.
* Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y del Consejo Académico del Centro Descartes. El texto publicado forma parte de Notas antifilosóficas (Grama Ediciones), de reciente aparición.
miércoles, 6 de julio de 2016
“La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne! Vuelve la figura del “Innominado” de Manzoni. La globalización de la indiferencia nos hace “innominados”, responsables anónimos y sin rostro.”
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Campo de deportes "Arena"
Lunes, 8 de julio de 2013http://www.radiovaticana.va/player/index_fb.asp?language=it&tic=VA_718DKMD5
"Para el logro de estos objetivos nacionales es esencial el imperativo moral de garantizar la justicia social y el respeto por la dignidad humana. La gran tradición bíblica prescribe a todos los pueblos el deber de escuchar la voz de los pobres y de romper las cadenas de la injusticia y la opresión que dan lugar a flagrantes e incluso escandalosas desigualdades sociales."
VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A SRI LANKA Y FILIPINAS (12-19 DE ENERO DE 2015) ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO DISCURSO DEL SANTO PADRE
Rizal Ceremonial Hall del Palacio Malacañán, Manila Viernes 16 de enero de 2015
miércoles, 20 de abril de 2016
lunes, 11 de abril de 2016
Versiones
de las islas
Géneros,
soberanía y estilos sobre las Islas Malvinas
Los jueves de abril y mayo a las 19 horas en Filosofía y Letras, Puán 480.
Juan
Terranova – abril, 2016 – juanterranova@gmail.com
¿Podemos
pensar la soberanía nacional a partir de nuestros libros y los
libros ajenos, más allá del remanido y siempre presente deber ser
del discurso institucional? ¿Cómo se escribe y se lee ese tópico,
en permanente debate? La bibliografía escrita sobre las Islas
Malvinas es tan amplia e inabarcable como la que se escribió y se
escribe sobre la República Argentina. De hecho, avistadas en 1520
por un marinero de una expedición de Magallanes, su historia
comienza muy temprano en la historia de América y siempre, a lo
largo de los siglos, propone problemas y problemáticas que se van
renovando.
Muy
rápido en la actualidad las Islas Malvinas se asocian a la guerra de
1982. Y pese a que ya pasaron más de treinta años, la guerra
continúa marcando una agenda que está tan lejos de cerrarse como de
agotar los conflictos, las derivaciones y los problemas literarios y
políticos que plantean las islas.
Así
los libros que se escribieron y se escriben sobre las Malvinas nos
descubren dos amplias zonas bien delimitadas. Por un lado, el
aguerrido grupo de ficciones que se produjeron sobre la guerra en el
Atlántico sur y, por el otro, la intensa y contínua actividad
historiográfica que toma la guerra pero también otros momentos y
eventos, como la llegada de los ingleses al archipiélago en 1833, y
al mismo tiempo los rebalsa y nutre, conformando un corpus extenso y
laberíntico lleno de tensiones sociales, políticas y estéticas.
Mi
idea en este seminario es hacer otro corte y, sin desmerecer la
historia, hablar de los diferentes estilos y géneros con los que se
narró Malvinas. El programa incluye guerra, ficción, historiografía
y reflexiones sobre los diferentes estilos y los diferentes géneros
que se usaron, intentando atravesar los momentos sensibles de la
historia de las islas. Lo hago con una convicción simple: siempre lo
que se cuenta es tan importante como el género que se elige para
contarlo y el estilo que se utiliza.
Unidad
1: Género y estilo
Nociones
básicas de género y estilo. La ficción, la novela, el diario, el
ensayo de interpretación, el ensayo historiográfico, el paper
académico,
la divulgación y sus diferentes inflexiones estilísticas. Recorrida
por el programa según estas nociones.
El
aporte de Hayden White a la lectura de las fuentes y sus
elaboraciones. ¿Hasta dónde gira el giro lingüístico? Los tropos
de la historia, las limitaciones de la novela, el ensayo y su base
política.
Unidad
2: Diarios
El
diario de María Sáez en los mares del sur. La marca del
romanticismo, una etnografía instintiva y los paisajes interiores.
Significado histórico del diario y su valor dentro del sistema de la
historia de la literatura argentina. Comparación con los diarios de
la guerra. Similitudes y diferencias a ciento cincuenta años. Ganso
Verde (Goose Green) del
Teniente Coronel Italo A. Piaggi y 1982,
días difíciles en Malvinas
de
John Fowler.
Unidad
3: José Hernández, editor de Lasserre
Las
cartas de Augusto Lasserre y la presentación de José Hernández en
el periódico Río de la plata. El género epistolar y el periodismo.
El gaucho Martín Fierro y el gaucho Rivero. Precisiones e
imprecisiones, la necesidad de la divulgación y su estilo: Qué
hizo el gaucho Rivero en las Malvinas
de
Juan Lucio Almeida.
Unidad
4: Groussac y Palacios
Paul
Groussac y las malvinas en francés como una retribución de afecto a
la Argentina. Más tarde, Alfredo Palacios y otra vez la divulgación
como género. Traducción, edición y recorte. Música y letra en un
concurso para la marcha oficial.
Unidad
5 Visiones de la guerra
Malvinas,
una guerra argentina
de
Federico Lorenz, síntesis e historia social.
El
hecho bélico desde el ejército inglés y su eficiencia: No
fue un paseo (No picnic)
de
Julian Thompson. Información y contrainformación. Lo técnico y lo
sensible. Los
pichiciegos
de
Enrique Fogwill, una escritura en la coyuntura que salta por arriba
del periodismo: la novela bélica argentina a fines del siglo XX.
Unidad
6 Visiones de la posguerra
A
sus plantas rendido un león,
Osvaldo Soriano y la risa -a veces amarga- frente al nacionalismo. El
efecto dominó y la revolución como objeto de aventura y parodia.
Las
islas
de
Gamerro, la novela maximalista desde y atravesada por el menemismo.
Unidad
7: Siglo XXI y re-malvinización
Todo
lo que necesitás saber sobre Malvinas
de
Federico Lorenz: el esfuerzo por la imparcialidad, el rigor y la
pedagogía. Muy lejos de ahí, Sal
en las heridas
de
Vicente Palermo. La deriva como estilo. ¿Predicando para conversos?
Género carta abierta: los 17 intelectuales por los derechos de los
isleños. Malvinas como excusa y palanca política.
Bibliografía
específica por unidad
Unidad
1.
Adorno,
T. H. W, . “El ensayo como forma” en Notas sobre literatura. Obra
completa, 11. Madrid, Akbal, 2003.
Ginzburg,
Carlo. Mitos, Emblemas, Indicios. Morfología e Historia. España,
Gedisa, 1989.
Lukács,
Gyorgy. Teoría de la novela. Ensayo histórico filosófico sobre las
formas de la gran literatura épica. Buenos Aires, Ediciones Godot,
2010.
______.
“Prólogo” en Teoría de la novela. Buenos Aires, Godot, 2010.
Págs. 5-18.
Panofsky
Erwin. Sobre el estilo: tres ensayos inéditos, trad. de C. Mora y R.
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domingo, 29 de noviembre de 2015
El hombre que se operó su propio apéndice
http://www.lanacion.com.ar/1791639-el-hombre-que-se-opero-su-propio-apendice
One
phenomenon feminist historians have focused on is the rape and
torture metaphors in the writings of Sir Francis Bacon and others
(e.g. Machiavelli) enthusiastic about the new scientific method.
Traditional historians and philosophers have said that these
metaphors are irrelevant to the real meanings and referents of
scientific concepts held by those who used them and by the public for
whom they wrote. But when it comes to regarding nature as a machine,
they have quite a different analysis: here, we are told, the metaphor
provides the interpretations of Newton's mathematical laws: it
directs inquirers to fruitful ways to apply his theory and suggests
the appropriate methods of inquiry and the kind of metaphyiscs the
new theory supports. But if we are to believe that mechanistic
metaphors were a fundamental component of the explanations the new
science provided, why should we believe that the gender metaphors
were not? A consistent analysis would lead to the conclusion that
understanding nature as a woman indifferent to or even welcoming rape
was equally fundamental to the interpretations of these new
conceptions of nature and inquiry. Presumably these metaphors, too,
had fruitful pragmatic, methodological, and metaphysical consequences
for science. In that case, why is it not as illuminating and honest
to refer to Newton's laws as "Newton's rape manual" as it
is to call them "Newton's mechanics"?
a translation of the vaginal speech
And now we see the collapse of class after class//The middle classes are in despair//Hundreds of thousands of lives are ruined//Every year the situations grows more desperate for tens of thousands//Hundreds of thousands going bankrupt//And now the ranks of the unemployed are beginning to swell//One, two, three million four million...Five million... six million...seven million//Today it may be seven or eight million//How long can this go on? I am convinced that we must act now if we are to act before it's too late//Therefore, I decided on January 30th with the support of my Party,
which began with seven members and is now twelve million strong to save the nation and the Fatherland!
Ex Captivitate Salus
Carl Schmitt (1945)
Yo he experimentado todas las tribulaciones del destino
Victorias y derrotas, revoluciones y restauraciones,
Inflaciones y deflaciones, bombardeos
Difamaciones, regímenes colapsados y colapsadas cañerías,
Hambre y frío, encierro y confinamiento solitario,
A través de todo eso he pasado
Y todo eso ha pasado a través de mí.
Yo estoy familiarizado con las abundantes variedades del terror,
El terror desde arriba y el terror desde abajo,
Terror sobre la tierra y terror desde el aire,
Terror legal y extra-legal
Terror marrón, rojo, una combinación de los dos,
Y el peor de todos: el terror que nadie se atreve a nombrarme.
Yo estoy familiarizado con todos ellos y conozco su poderío.
Yo conozco los coros del poder y la ley,
Las voces chillonas y los crueles falsificadores del régimen,
Las listas negras con muchos nombres,
Y las carpetas de los perseguidores.
Y ¿qué debería cantar ahora? ¿El himno del placebo?,
¿Debería abandonar los problemas y envidiar a las plantas y animales?,
¿Temblar de pánico dentro del círculo de los aterrados
Afortunado como el insecto que danza su propia melodía?
Tres veces sentado en el vientre de la ballena,
He confrontado el suicidio a manos del verdugo,
Y sin embargo la palabra reconfortante de los poetas sibilinos me abrazó,
Y un hombre sagrado del Este me abrió las puertas de la redención.
¡Hijo de esta consagración, no tiembles
Mantente firme y resiste!
Yo he experimentado todas las tribulaciones del destino
Victorias y derrotas, revoluciones y restauraciones,
Inflaciones y deflaciones, bombardeos
Difamaciones, regímenes colapsados y colapsadas cañerías,
Hambre y frío, encierro y confinamiento solitario,
A través de todo eso he pasado
Y todo eso ha pasado a través de mí.
Yo estoy familiarizado con las abundantes variedades del terror,
El terror desde arriba y el terror desde abajo,
Terror sobre la tierra y terror desde el aire,
Terror legal y extra-legal
Terror marrón, rojo, una combinación de los dos,
Y el peor de todos: el terror que nadie se atreve a nombrarme.
Yo estoy familiarizado con todos ellos y conozco su poderío.
Yo conozco los coros del poder y la ley,
Las voces chillonas y los crueles falsificadores del régimen,
Las listas negras con muchos nombres,
Y las carpetas de los perseguidores.
Y ¿qué debería cantar ahora? ¿El himno del placebo?,
¿Debería abandonar los problemas y envidiar a las plantas y animales?,
¿Temblar de pánico dentro del círculo de los aterrados
Afortunado como el insecto que danza su propia melodía?
Tres veces sentado en el vientre de la ballena,
He confrontado el suicidio a manos del verdugo,
Y sin embargo la palabra reconfortante de los poetas sibilinos me abrazó,
Y un hombre sagrado del Este me abrió las puertas de la redención.
¡Hijo de esta consagración, no tiembles
Mantente firme y resiste!
(Tradución de Federico Sironi de la traducción al inglés)
De la sátira y de los satíricos
de Mariano José de Larra
Tiempo hacía que deseábamos una ocasión de decir algo acerca de la mala interpretación que se da generalmente al carácter y a la condición de los escritores satíricos. Créese vulgarmente que sólo un principio de envidia, y la impotencia de crear, o un germen de mal humor y de misantropía, hijo de circunstancias personales o de un defecto de organización, pueden prestar a un escritor aquella acrimonia y picante mordacidad que suelen ser el distintivo de los escritos satíricos. Confesamos ingenuamente que estamos demasiado interesados por la tendencia general de los nuestros en desvanecer semejante prevención; no diremos que no hayan abusado muchas veces hombres de talento del don de ver el lado ridículo de las cosas, y que no le hayan hecho servir algunas para sus fines particulares. Esto es demasiado cierto por desgracia; ¿pero de qué don de la Naturaleza no ha abusado el hombre, y quién será el que se atreva a sacar deducciones generales de meras excepciones?
Nietzsche contra Sainte-Beuve
TROYA LITERARIA (277): Nietzsche contra Sainte-Beuve
.
Nada
viril en él; lleno de una rabia pequeña contra todos los espíritus
viriles. Vaga de un lado para otro, sutil, curioso, aburrido,
sorprendiendo secretos ajenos, -en el fondo una hembra, con un ansia
femenina de venganza y una sensualidad de hembra. Como psicólogo, un
genio de la médisance[maledicencia];
inagotablemente rico en medios para ello; nadie entiende mejor que él
de mezclar veneno en la alabanza. Plebeyo en los instintos más
básicos, y emparentado con el ressentiment de
Rousseau; por
consiguiente,
un romántico, -pues por debajo de todo romantisme [romanticismo]
gruñe y codicia el instinto rousseauniano de venganza. Un
revolucionario, pero refrenado por el miedo. Sin libertad frente a
todo lo que tiene fortaleza (opinión pública, academia, corte,
incluso Port-Royal). Irritado contra todo lo grande que hay en los
hombres y en las cosas, contra todo lo que tiene fe en sí mismo.
Bastante poeta y semihembra para sentir todavía lo grande como
poder; constantemente retorcido, como aquel famoso gusano, porque se
siente constantemente pisado. Como crítico, sin criterio, apoyo ni
espina dorsal, con la lengua del libertin cosmopolita
para hablar de muchas cosas distintas, pero sin el valor de hacer
confesión de libertinage.
Como historiador, sin filosofía, sin el poder de
la mirada filosófica, -por ello, rechazando en los asuntos
principales la tarea de juzgar, cubriéndose con la "objetividad"
como con una máscara. De modo distinto se comporta con todas
aquellas cosas en que la instancia suprema es un gusto sutil,
experimentando: aquí tiene realmente el valor de ser él mismo,
-aquí él es maestro. -En algunos aspectos, una forma anticipada de
Baudelaire.-
FRIEDRICH
NIETZSCHE, Crepúsculo
de los ídolos,
Alianza Editorial, Madrid, 1979, pág. 86 y 87. Traducción de Andrés
Sánchez Pascual
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