sábado, 23 de abril de 2011

"Elsa, yo no creo que haya habido censura, cualquiera puede leer lo que escribió Terranova. Pero no estoy de acuerdo con tu argumento. Si Terranova hubiera escrito “paredón a todos los milicos”, ¿vos también defenderías que se lo censure? Imagino que no, pero ¿por qué no? Grupos como la Asociación de víctimas de la subversión pueden sentirse genuinamente ofendidos y estigmatizados por ese comentario. ¿Quién decide qué se debe censurar y que no, y respondiendo a los intereses de quiénes? ¿Qué pasa cuando no coincidan con las causas que te importan? Si aplicamos el imperativo categórico la idea no resulta. La distinción entre ficción y no ficción tampoco me parece convincente porque justamente en el momento de la frase que discutimos es cuando la nota de Terranova, que viene de una argumentación y discusión de ideas, se parece más a una ficción: cuenta una situación hipotética, imaginaria y, además, en modo potencial: dice que “si se la encontrara en un cóctel le diría que le encantaría romperle.. etc”. Hay una distinción más notoria que la hoy muy porosa entre ficción y no ficción y que se aplica a este caso que es la que divide, digamos, las palabras y las cosas. Yo no creo que todo deba o pueda ser dicho, pero lo que para mí no debe decirse en un medio es lo salta esa frontera y sale del orden del discurso, que se yo: una nota usada para extorsionar o para revelar intimidades de la vida de terceros, en fin, casos que ya están contemplados dentro de la ley. Es cierto que siempre las palabras hacen cosas pero la dimensión performativa de lo que dijo Terranova es el acto de injuriar, no de amenazar con una violación o de convalidar el sometimiento sexual de la mujer. Además, Terranova dice lo que le diría, no lo que le haría, no es una distinción menor. Una injuria debería ser respondida con un argumento, si uno tiene la inclinación de educar, o con otra injuria o con ambas cosas pero una denuncia al INADI por discriminación es una sobreactuación. Creo que uno debe ser responsable por lo que escribe y que a veces hay consecuencias, pero no comparto que las consecuencias para algo que, insisto, queda dentro del discurso, deban ser acciones policiales. No creo que exista la discriminación discursiva, a menos que tenga su correlato en el orden de las cosas. Me parece que cuando pones el femicidio, la violación y la ridiculización en la misma línea, como si fueran parte de lo mismo, estás minimizando el femicidio y la violación. Por otro lado, y ya para terminar, la reducción a la esclavitud es un delito que habitualmente sufren las mujeres. Una de las dos empresas que apoyaron a Hollaback quitando su aviso es Lacoste, que tiene varias denuncias por trabajo esclavo en nuestro país. En Hollaback celebran ese apoyo y no dicen nada de ese delito que entonces convalidan implícitamente y que es un poco más urgente que la causa del piropo. A contradicciones como esa creo que se refiere la ironía de Terranova."

viernes, 22 de abril de 2011

"A partir de esa nota, muchos de los que conocíamos el hecho, pero no la gravedad de las presiones por parte de Hollaback, decidimos redactar una "solicitada" de apoyo a Terranova. El texto es claro: podemos estar o no de acuerdo con sus palabras, pero de ningún modo podemos permitir que una organización internacional, o la entidad que fuera, presione a un medio y a sus anunciantes por las palabras de un escritor."


"Terranova, en ningún momento, dice que va a ir a romperle el culo a pijazos a Inti.
Dice -literalmente- que le encantaría encontrársela en versnisagge, tomar juntos en unas copas y luego, si todo va bien, decirle que le encantaría romperle el culo a pijazos.
O sea: encontrarla, seducirla y proponerle un acto sexual que no puede tener otro calificativo que el de consentido. Porque el potencial con el que está formulada la propuesta habilita -deja abierta la puerta- a que la rechacen. Que le digan que no. Que lo reboten.
En criollo: no se trató de una amenaza (o una incitación) sino de un encare.
Un encare probablemente grosero. Pero un encare al fin.
Vuelvo a preguntar: ¿dónde está la amenaza o la incitación de violación?
Me parece fundamental insistir en este punto porque una gran totalidad de los que firmaron la solicitada de Holliback en la web la firmaron a condición de ese presupuesto: de que Terranova efectivamente había propuesto/amenazado violarla.
Y eso no fue así.
Sin embargo, no importó.
Y "avalada" por esa cantidad equis de gente que firmó su solicitada en otro idioma y bajo un presupuesto falso logró -a través de la ONG- que dos firmas como Lacoste y Fiat retiraran su aviso de la revista hasta tanto no se penalizara a su autor."


"Si me permiten, diré que me da mucha tristeza que la discusión pase por lo del pijazo. Es una discusión superficial e inconducente. De verdad sería interesante que el debate pasase por el contenido del tercer párrafo del artículo.
Por otro lado, lo del pijazo yo lo veo como un ofrecimiento. En el supuesto de que el deseo manifestado por el señor Terranova se hiciera realidad, y tuviera la oportunidad de ofrecer lo que ha dicho que desearía ofrecer, estoy seguro que como ante todo ofrecimiento, la respuesta podría ser sí o no. Entonces, no hay un deseo manifiesto de imponer pijazos, sino la voluntad de ofrecerlos. Yo veo ahí una actitud cívica, democrática, respetuosa y amable. Creo que ese punto no debemos perderlo de vista, más allá de lo que pensemos de los pijazos.
Y me parece lamentable que haya gente que pueda sentir simpatía ante la posibilidad de que, fruto de una acción de ciertos grupos de poder, alguien se quede sin trabajo (más allá de cómo le caiga esa persona a cada uno)."

Santiago Ambao,

jueves, 21 de abril de 2011

¡Qué bien lo dices y qué llano!

- ¿Qué me quiere señor?

- Niña, joderte.

- Dígalo más fino.

- Cabalgarte.

- Dígalo a lo cortés.

- Quiero gozarte.

- Dígamelo a lo bobo.

- Merecerte.

- ¡Mal haya quien lo pide de esa suerte, y tú haces bien, que sabes declararte! Y luego ¿qué harás?

- Arremangarte, y con la pija derecha acometerte.

- Tú sí que gozarás mi paraíso.

- ¿Qué paraíso? Yo tu coño quiero, para meterle dentro mi carajo.

- ¡Qué bien lo dices y qué llano!

- Calla, mi vida, calla, que me muero por culear teniéndote debajo.




Anónimo. España. Siglo XVII.

"Por mi parte, te digo Inti, que no me representás en lo absoluto, que me da vergüenza de género que en tu cabecita alborotada creas que la abolición del piropo es una causa por la que luchar, y que tremendas gracias pero creo que las mujeres hemos llegado a una adultez de reclamos y reivindicaciones mucho mayor a los que el tuyo, que suena más a capricho que a otra cosa, desmerece. Lo digo sin ironías."

"6. iHollaback no pide una retractación ni una disculpa pública-Terranova escribió una en su blog, pero no tuvo oportunidad de hacerlo en el Guardián-. No: exigen que sea echado. En lugar de abrir el debate, lo ciñe a las vías legales en forma burda. Tampoco lo toman como un problema penal (temer por su integridad física). No están de acuerdo con lo que dice, su discurso amenaza su razón de ser, y por eso tienen que dejarlo sin trabajo ni ingresos, sin lugar donde expresarse. Literalidad y puritanismo encubierto, de una organización proveniente de un primer mundo donde la corrección política es la nueva censura."

"Imaginemos esta situación. John Lennon frente a su piano componiendo junto a Yoko. Está trabajando en una letra y de repente comienza a dudar. "Woman is...?". No sabe si escribir "nigger" con toda la connotación peyorativa que eso acarrea o poner "afroamericano". Finalmente se decide y manda a cagar al enano/a fachista maquillado de progre bienpensante.
Todo esto surge a partir del llamado #pijazogate generado por Juan Terranova con su artículo sobre la movida Hollaback. Leo el tercer párrafo del mismo (y que muchos involucrados pasaron por alto) y no puedo estar más de acuerdo: "La pelea por el aborto libre y gratuito, la asistencia psicológica y judicial a mujeres golpeadas, la lucha contra la trata de personas, se me antojan temas más urgentes y menos abstractos a la hora de plantear una militancia de género".Ahí está el bacalao (es una M-E-T-A-F-O-R-A). Y que desde Hollaback se enorgullezcan porque un anunciante pueda influir en la línea editorial de una publicación...que además exijan retractaciones "serias y sentidas" para que no echen a un tipo de su laburo (y por hacer para lo que lo habían contratado) demuestra a las claras el sesgo ideológico que la domina."

miércoles, 20 de abril de 2011

"En las décadas del ´60 y el ´70, el genial Michel Foucault analizó con preocupación que el poder intentaba coaccionar a sus individuos en los comportamientos, que intentaba controlar sus cuerpos y sexualidades, sus intimidades e identidades. Ello derivó en políticas saludables que intentan obligar al individuo a vivir más tiempo más allá de su elección.
Hoy nos enfrentamos a algo aún más grave: el intento por controlar las palabras, el intento de punir el discurso. El poder no sólo intenta decirnos qué debemos hacer y qué no podemos hacer según nuestro deseo, sino que al mismo tiempo intenta -para ocultar la situación coyuntural pobre en libertades materiales, esto es el tener y el no tener- establecer qué se puede decir y qué no.
La libertad de palabra es un derecho humano básico establecido en todos los tratados internacionales referidos al tema. El intento de coartar por vía económica a la palabra es una estrategia más de quienes pueden por establecer cómo debe ser el mundo: a su gusto y placer. Es, por lo tanto, tan repudiable como preocupante."


Diego Grillo Trubba firmando la solicitada "Contra el puritanismo"
"Ahora, más allá de lo que haya escrito el periodista (si se zarpó, si es grosero o machista, provocador innecesario o lo hizo ironicamente o con humor, etc), puede ser interesante debatir si el hecho es tomado como una posible censura. Porque el periodista escribió lo que creyó conveniente en una columna de opinión con firma y foto, que para eso se lo contrató. Entonces, ¿vale todo o hay límites? Si los hay, ¿cuáles son? ¿Impuestos por quién o quiénes? El tema es complejo."

"No sé si Terranova escribió o escribirá su sentida retractación y sus disculpas formales que todos sabemos que tendrán la sinceridad de una confesión arrancada a fuerza de garrotazos en la cabeza. Pero está claro que la campaña anti piropos irá ganando espacios y el despropósito quizás termine en una ley contra el impuslo natural de alabar la belleza femenina. Al fin y al cabo hasta el INADI ya tomó cartas en el asunto.
Este blog, casi seguro en soledad absoluta, se solidariza con Terranova que ve peligrar su trabajo por una reacción desproporcionada y carente del más elemental sentido del humor.
Sigan así chicas pero no se quejen si en un tiempo lo único que puedan hacer con los integrantes del sexo masculino sea. intercambiar consejos sobre maquillajes."


"Escritor
. Es difícil imaginar a un escritor escribiendo otra cosa que palabras que suenan obscenas para el sentido común y para todos los sentidos. Es muy fácil sostener, sin rebuscar mucho para justificarlo, que toda la literatura, en cualquier lugar del mundo y en cualquier época, ha navegado en las aguas -a veces claras, a veces turbias- de la obscenidad y de la injuria. Son, en cierto modo, condición de la literatura."

"Seguramente habrá gente orgullosa por todo esto. A mí me da al mismo tiempo mucha vergüenza y bastante tristeza. Al margen de que alguien pueda haberse sentido ofendido por una clara, evidentísima ironía (después juzgamos si de buen o mal gusto; yo les recetaría una buena dosis de… sentido del humor), el mundo intelectual vernáculo se encamina velozmente hacia la profunda y final pasteurización de la corrección política. Miren alrededor y busquen a los culpables de que esto sea así. La estupidez de las buenas intenciones parece imparable. Ya en breve seremos como esos países europeos prolijitos o peor, como los Estados Unidos (el paraíso de organizaciones como esta que denuncia a JT) donde nadie quiere ya compartir ascensor solo con una mujer, por miedo a ser denunciados de acoso sexual y que no haya testigos. Bravo, bravo. El progresismo mal entendido (y ese desprendimiento: el feminismo radical que ya no exige el derecho al aborto ni lucha por causas universales: ahora se contenta con ¡penalizar los piropos!) nos llevará a no leer a Céline, finalmente, ni a Bukowski ni a Miller ni a nadie que haya escrito jamás una línea ofensiva a la moral predominante (que es la moral de los que tienen poder, claro)."

Maximiliano Tomas en su blog.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-166638-2011-04-20.html


SOCIEDAD › UNA CAMPAÑA INTERNACIONAL POR UNA NOTA OFENSIVA HACIA UNA MUJER

La columna que no fue piropo

Inti María Tidball-Binz, de la campaña contra el acoso callejero.
Imagen: Sandra Cartasso

Un artículo publicado en la revista El Guardián a raíz de una nota en Página/12 levantó una polémica mundial: el autor criticó en tono burlón, pero con una frase ofensiva, a la promotora de una campaña contra los piropos agresivos. Dos empresas retiraron la publicidad.

Por Mariana Carbajal

Dos firmas internacionales decidieron retirar su pauta publicitaria de la revista El Guardián, propiedad del ex banquero menemista Raúl Moneta, luego de que uno de sus periodistas se expresara en una columna semanal en términos ofensivos contra una activista que promueve una campaña para oponerse al acoso callejero y los piropos ofensivos. “Me encantaría romperle el argumento a pijazos”, escribió. En su blog personal fue aún más explícito. La frase generó una campaña internacional, con escasa repercusión en el país, a través de la cual se solicitó el despido o una suspensión de tres meses del columnista y el retiro de los anunciantes de la revista y derivó en la apertura de un expediente en el Inadi. Es la primera vez que dos grandes compañías –una fabricante de autos y una reconocida marca de indumentaria– toman la resolución de castigar a una publicación en la Argentina, suspendiendo campañas publicitarias, por avalar un comentario cargado de violencia machista. La revista ofreció disculparse públicamente y darle espacio a la activista para difundir sus ideas y las de su entidad.

La polémica se originó a partir de una columna firmada por el escritor y periodista Juan Terranova, titulada “Arte, provocación y guarradas en las calles”, publicada por El Guardián en su edición del 3 de marzo. Allí, Terranova aludió a la campaña que lanzó en Buenos Aires una joven curadora de arte porteña, Inti María Tidball-Binz, para concientizar y combatir los piropos agresivos, entendiéndolos como violencia simbólica por razones de género. Terranova tomó como fuente una nota de Página/12 del 21 de febrero, que dio cuenta de la movida local, lanzada a nivel internacional por la organización Atrévete/Hollaback!, de la cual Tidball-Binz es líder regional. Después de criticar la iniciativa con un tono burlón, descalificándola, Terranova cierra su columna con la siguiente frase: “Termino así con un deseo para este 2011: encontrar a Inti María Tidball-Binz en un vernissage, tomar juntos una copa y luego decirle que me encantaría romperle el argumento a pijazos”. La versión que Terranova publicó en su blog personal dice “culo” en lugar de “argumento”. Según pudo saber este diario, el editor de la Sección Cultura de la revista, Sergio Olguín, le sugirió el cambio de términos.

Tidball-Binz se sintió agredida. Entendió las palabras de Terranova como una incitación a la violencia y una amenaza. “Terranova hizo amenazas explícitas de violación y utilizó un lenguaje que es ofensivo y que puede tener consecuencias violentas en la vida real”, opinó en diálogo con este diario. El tema trascendió las fronteras del país. Desde la dirección internacional de Atrévete/Hollaback!, en Estados Unidos, decidieron rápidamente promover una campaña internacional para reclamar el despido de Terranova y presionar a dos grandes auspiciantes de la revista para que le quitaran el respaldo publicitario. La organización nació en Nueva York y tiene representantes en distintas ciudades norteamericanas y europeas. La campaña se motorizó a través del sitio web change.org, una plataforma de activismo con unos 3,5 millones de visitantes mensuales. Más de 3500 personas de 75 países firmaron en pocos días la petición.

El Inadi se enteró y decidió abrir una actuación para evaluar si Terranova había incurrido en una conducta discriminatoria. A la vez contactó a Tidball-Binz para ver si ella quería realizar una denuncia. Tidball-Binz la hizo. Uno de los auspiciantes, fabricante de autos, también efectuó una presentación ante el Inadi con el fin de tener un pronunciamiento oficial, más allá de la presión de la campaña internacional, para poder tomar una decisión en relación a la publicidad. Por el momento, según confirmó el vocero de la compañía en la Argentina a este diario, decidieron suspender la pauta publicitaria. La firma de indumentaria describió lo expresado en la columna de Terranova como “ideas ofensivas” que van en contra de los valores de la empresa y confirmó que “no tienen ningún plan de publicidad en el futuro con esta revista”. El Inadi se pronunciará en los próximos días. En el organismo están elaborando el dictamen.

Más allá del caso puntual, queda como antecedente en el país la decisión de dos grandes anunciantes de retirar su publicidad ante la presencia en medios de comunicación de mensajes discriminatorios y sexistas.


SOCIEDAD

En busca de un acuerdo

“Lo que Terranova hizo fue claramente más allá de las normas internacionales de libertad de expresión, y es genial que las marcas de prestigio mundial hayan negado públicamente estar asociadas con mensajes de odio, violencia e incitación. Ahora la pelota está en la cancha de la revista”, consideró Emily May, directora ejecutiva de Hollaback!

Ante la envergadura que tomó el episodio y sus consecuencias, la revista se puso en contacto la semana pasada con Tidball-Binz: el editor de Cultura –de quien depende la columna de Terranova– le pidió disculpas y le ofreció una retractación pública en un próximo número, además de espacio semanal para publicar sus opiniones o alguna otra propuesta que ella considerase adecuada como forma de resarcimiento frente al daño sufrido por la agresión escrita. Olguín planteó la defensa del puesto laboral de Terranova. “Antes que nada te quiero pedir disculpas por la nota que publicamos. No fue nuestra intención ser agresivos o violentos, pero lo cierto es que las palabras resultaron hirientes e intimidantes. Quisimos ser divertidos y nos manejamos con torpeza. Lejos está en mí, como editor de la sección Cultura, permitir que en mi sección se discrimine o se actúe de manera violenta contra ningún sector social”, dice el inicio del email que le envió Olguín. La joven aceptó ayer la proposición. Antes de recibir su respuesta, en El Guardián habían decidido levantar la columna de Terranova en la edición de mañana a la espera de novedades. Tidball-Binz aclaró a este diario que no quiere que se vincule el caso con un hecho de censura y quede un precedente en ese sentido. Pidió a El Guardián “una retractación detallada, seria, sincera y completa por parte de Juan Terranova de la nota original, en la editorial o columna suya, y acompañada por disculpas de la revista, y mencionado esto en la tapa de la revista”. Sobre el espacio semanal, es un asunto que analizará la organización. Si El Guardián cumpliera estos requisitos efectivamente, cesaría la demanda para despedir a Juan Terranova por parte de Change.org y Hollaback!”, aclaró.

martes, 19 de abril de 2011

La madre araña de Bourgeois y el campo intelectual argentino


Hace unos días pasé por la Fundación Proa a ver la muestra Louise Bourgeois: el retorno de lo reprimido. El recorrido empieza en la calle con Maman, una araña gigante hecha en bronce y acero inoxidable. Es una pieza que intimida. Mientras nos exhibe su vientre y sus huevos blancos, bajo sus patas nos sentimos protegidos y amenazados a la vez. La muestra, según el folleto “propone pensar los equivalentes plásticos de los estados psicológicos”. Desde luego el tema es más complejo. La araña madre, para el caso, es tan psicoanalítica como mutante, tan diván como ciencia-ficción. Después, sí, en la sala principal, hay unas formas en madera negra que recuerdan las máscaras africanas de los consultorios psi. Mujer espiral, una pieza en bronce de 1984, tranquilamente podría amenizar una biblioteca lacaniana. Pero no todo, insisto, es para decorado de despacho.

Con ánimo de retrospectiva, El retorno de lo reprimido combina tela con piedra, fotos e instalaciones con trabajos sobre papel. Pero, de todo lo que se expone, es en lo escultórico donde mejor se identifica esa mezcla de deseo y castración, de fetiche y fobia, que es parte fundamental del repertorio psicoanalítico. Bourgeois ofrecen figuras antropomórficas fragmentadas, formas orgánicas que alternativamente son senos, glandes, vulvas o garras. Destaca el trabajo sutil en Figura Cuchillo del 2002 y el muy bello Arco de histeria de 1993, que recuerda los bocetos que los discípulos de Charcot hacían de las mujeres de la Salpétriêre.

En el centro de la muestra, bien planteada por su curador Philip Larrat-Smith, están La habitación roja de los padres, en una versión erótico-carnívora de 1994, y La destrucción del padre, de 1974, más sosegada desde lo visual pero no por eso menos inquietante. Muchos de los textos de Bourgeois, que viven en los intersticios de la muestra, suenan adolescentes, incluso aniñados. Pero algunos terminan de perfilar su aventura estética donde los fragmentos de nuestra pequeña neurosis nos son devueltos, tamizados por la subjetividad de la artista y hechos materia. Hay un humor muy puntual en la obra de Bourgeois. Una ironía muy fina que interpela directamente al sujeto porteño psicoanalizado. Aunque su influencia esté presente, no se trata de los experimentos surrealistas. Más bien la escultora se ríe un poco de la abstracción intelectual del psicoanálisis y transforma ideas en objetos concretos. Más allá de alguna ilustración ingenua –no me gustó por naif y literal El niño reservado, del 2003– El retorno de lo reprimido logra un diálogo productivo entre teoría y arte.

Bourgeois trabaja, entonces, con el psicoanálisis, un discurso decisivo del siglo XX. Según Carlos Correas el otro sería el cinematógrafo. De hecho, es posible pensar El retorno de lo reprimido como una prima hermana de El Capital filmado por Alexander Kluge. Finalmente Bourgeois también transforma el arte en herramienta para comentar, antes que ilustrar, una disciplina “científica”. Así, me pregunto, ¿y si pusiera su talento en otro discurso? Por ejemplo, ¿cómo sería una muestra que trabajara sobre el campo intelectual argentino? ¿Quién sería la Gran Madre Araña Argentina, madre de todas las madres, protección y amenaza? En otra época habría sido la crítica, juiciosa, exigente, altanera. Hoy la crítica estaría más cerca de un muñeco de trapo con la cara vendada en un costado polvoriento. ¿La madre, entonces, son los editores y los catedráticos? ¿O los medios de comunicación? La Universidad de Buenos Aires daría una buena araña, o mejor un pulpo, cuyos húmedos tentáculos se estiran y nunca se cortan; alrededor le nacerían sus hijas díscolas, la universidades nacionales, tuertas pero vigorosas. La televisión estaría a un costado transmitiendo lluvia gris, mientras en el centro pondríamos un monitor que a medida que nos acercamos se achica. Un bandoneón pintado de naranja sobre una silla de madera comentaría, literal, nuestro apego nostálgico a una tradición de la que dudamos. ¿O mejor filmar a una pareja de poetas desnudos bailando una zamba? Sigo: ¿Hay alguna figura icónica sobre la cual trabajar el resentimiento? ¿Cómo corporizar una Buenos Aires que –lo dijo bien Maxi Tomas– se convirtió en la capital mundial de la mala leche? ¿Podríamos empotrar una jaula vacía y titular la obra “Nuestra esquizofrenia del conocimiento”? A la cabeza de todo, yo ubicaría Civilización Occidental y Cristiana de León Ferrari, quizás una de las piezas artísticas más incomprendida y sobrevalorada del mundo. Pero no la original sino una copia irónica, como el Quijote de Menard. Louise Bourgeois: el retorno de lo reprimido se puede ver hasta el 19 de junio. El campo intelectual argentino nos acompañara, para gracia o desgracia de sus habitantes, un poco más.

lunes, 18 de abril de 2011

Una breve reseña de Hiroshima. Gracias.

Panadero austríaco es denunciado

por hacer "pasteles nazis"

La policía investiga a Manfred Klaschka por decorar tortas con esvásticas y otros símbolos prohibidos por la legislación del país europeo

Sábado 16 de abril de 2011 - 01:10 pm
Austria, Viena, Curiosas, Nazis
(Captura: tn.com.ar)

Un panadero austríaco ha desatado gran polémica en su país. Ello luego de decorar varias tortas con símbolos nazis, tales como la esvástica, manos alzadas haciendo el saludo nazi y otros más que la legislación prohíbe.

Incluso, algunos pasteles también lucen consignas nazis tradicionales como “Meine Ehre heißt Treu” (La devoción a mi honor).

El responsable de esta peculiar situación es Manfred Klaschkaës, quien, al parecer, solo realizaba estos singulares pasteles por pedidos en su local, ubicado en la aldea de Maria Enzersdorf, cerca a Viena .

“Si se pide, se hace. Fabricaría una torta con Gadafi si alguien me lo pidiera. No quiero que me metan en esto porque soy un pastelero y eso es todo”, indicó Klaschka.

Asimismo, explicó que los pasteles datan de hace ocho años y que cuando los hizo no previó semejante conmoción.

La denuncia en su contra fue hecha por una asociación de supervivientes del Holocausto judío. “Este es exactamente el tipo de pensamiento que hace 70 años llevó a la tragedia”, dijo el presidente de dicha agrupación de Mauthausen,informa TN.

La ley austríaca prohíbe la exaltación de la era nazi, así como cualquier intento de restar importancia al Holocausto, negarlo o justificarlo.





    Vale la pena ampliar este flyer.

    domingo, 17 de abril de 2011




    Arte conceptual político.

    sábado, 16 de abril de 2011

    Versos en latín y pijas gigantes

    viernes, 15 de abril de 2011

    "¿Qué función le atribuís a la televisión, siempre presente en la obra?

    Para nosotros la tele ancla y tiñe, no necesita explicarse, está ahí, a lo bruto. Con la materia prima. No es un elemento didáctico de la significación de la obra, sino que trabaja en la línea del cuerpo brutal y las palabras e imágenes brutales. Y en la mezcla de sonoridades “sucias” de las que hablaba recién. Los personajes no digieren lo que consumen por la tele, lo padecen, y van muriendo, pudriéndose, vaciándose, pero cotidianamente, no trágicamente. Apenas para extrañar de algún modo que nos resultara interesante armar hipótesis con respecto a lo específico, que era esta familia, como ya dije más arriba. Además el objeto está dado vuelta, el público no ve lo que sucede en la tele, salvo cuando la temática no es noventosa, sino que se filma un video “privado”, para el que va a ser el marido de Estrella. Y claro, en el principio, cuando entra el público."


    Entrevista con Verónica Schneck en El circuito de Teatro



    miércoles, 13 de abril de 2011

    martes, 12 de abril de 2011

    http://festivalazabache.com/


    El Boom antes y después en la revista Ñ



    La revista Ñ tiene debilidad por las caras viejas. En su sitio web siempre encuentro ojeras, arrugas y pieles ajadas. David Viñas, Vargas Llosa, Kawabata, Laiseca, muchas fotos en blanco y negro. Cada tanto se cuela un rostro diáfano, pueril, con una guitarrita, algún cantautor de Palermo, joven promesa. La constante, sin embargo, es la mirada cansada y reflexiva de la madurez. ¿Entienden los editores de Ñ que esta es la cara de la cultura? ¿O soy yo el que ve eso, obsesionado por la muerte? Hace unas semanas, la revista cultural más importante de la Argentina empezó a publicar en fascículos el libro Los nuestros de Luis Harss, que no conocía edición reciente. La selección incluye ensayos sobre Borges, Carpentier, Onetti, Fuentes y Cortázar, entre otros. El libro es meritorio por muchas cosas. En su momento, Los nuestros recortó y organizó un corpus nuevo, o casi nuevo, y un corpus nuevo o casi nuevo siempre implica una manera diferente de leer. En este sentido, aunque no es una historia de la literatura, Los nuestros ofrece un mapa válido que puede ser entendido como el eslabón perdido y transnacional entre de los primitivos esfuerzos críticos de Ricardo Rojas y el disruptivo Literatura de Izquierda de Damián Tabarovsky.

    Los ensayos de Harss no son biografías, ni lecturas críticas, ni monografías. Más bien decantan en retratos donde los libros se mezclan con las anécdotas y las lecturas con conclusiones impresionistas. Sin herramientas conceptuales más allá de una biblioteca latinoamericana bastante completa –que en el 66 no era poca cosa–, Harss parece movido más por la empatía y la promoción que por el deseo de saber. Su estilo cae en lo cursi y casi siempre es pomposo. Usa “Ángel Gabriel” para referirse a García Márquez y lo describe como un “cauteloso tesorero entre sus joyas nocturnas”. Cortázar “es una renovador incansable que se reinventa a cada paso” mientras “despliega su plumaje como un pavo real”. Miguel Ángel Asturias “es un titiritero infernal que en la pesadilla cotidiana ha sabido encontrar el amor brujo y la divina comedia”.

    Armando su libro en base a entrevistas, Harss insiste con la aberrante práctica –hoy tan vigente– de pedirle al autor que opine sobre su obra. También cuenta un poco las tramas, describe los personajes, pero sobre todo empieza a construir la figura de los seleccionados como la conocemos hoy. Quizás por eso Los nuestros está lleno de lo que hoy son lugares comunes de la crítica. Rayuela fue escrita por toda una generación antes que por un autor; la gran influencia de García Márquez es Faulkner; Rulfo “es como su tierra: prematuramente envejecido, ojeroso, descarnado”. Errores metodológicos sobran. Por ejemplo, Harss es especialmente receptivo a toda la parafernalia mística superyóica de Cortázar, lo cual no beneficia a Cortázar, pero mucho menos a Harss. Y los títulos de los capítulos resultan toscos: “Gabriel García Márquez o la cuerda floja”, “Julio Cortázar o la cachetada metafísica”, “Juan Rulfo o la pena sin nombre”. Como fuere, el perfil de García Márquez termina con la promesa de Cien años de soledad a publicarse con “una genealogía y una tabla cronológica”. La intuición de incluirlo no pudo ser más acertada. Así Harss, lector informado y atento, es antes un cronista, un excelente publicista, que un crítico.

    Así las cosas, vale la pena preguntarse, en este 2011 que nos toca, Los nuestros ¿de quién son? ¿A quiénes pertenecen? Cuando Harss publicó su libro había una apuesta. En su título puede leerse: “Estos son los nuestros, los latinoamericanos, los que ustedes no conocen”. La frase iba dirigida tanto al lector foráneo, europeo o estadounidense, como al compatriota desinformado o snob. Sin embargo, en la actualidad, con la excepción quizás de Miguel Ángel Asturias, todos los autores seleccionado se enseñan en el colegio secundario. Por eso lo que en su momento era desparpajo y vitalidad, hoy es melancolía. Lo que antes era renovación, hoy es lento y confirmado canon. Profético en muchos sentidos, el título en inglés del libro fue Into the mainstream. Y todos llegaron. Ni uno solo quedó en el camino. Publicar Los nuestros por entregas es un gesto nostálgico y conservador, pero la iniciativa saca a Ñ de su recursiva idea de “lo básico”. García Márquez Básico, Cortázar Básico, Rulfo Básico. La revista está plagada de esas pastillas donde todo nombre propio es seguido de la palabra “básico”. Por eso celebro la iniciativa de los fascículos y espero ansioso la salida de los que faltan. Sin embargo, también exijo más. Ñ debería continuar esta práctica y seguir con las separatas. La próxima serie podría ser sobre escritores contemporáneos. De alguna forma, es una deuda que la revista tiene con sus lectores.

    domingo, 10 de abril de 2011

    El problema de la música


    EL PROBLEMA DE LA MÚSICA [1994]

    por Steve Albini (guitarrista de Big Black, productor de Pixies, PJ Harvey, Breeders, Tortoise, Helmet, Cheap Trick e ingeniero de Nirvana, entre otros)
    (traducción: BiCho - corregido por: Mateo Reyes)
    http://demandame.blogspot.com/2007/08/el-problema-de-la-msica.html

    (Un excelente texto donde queda claro que la cultura digital jode los astronómicos beneficios de las compañías y no tanto a los artistas que pueden perder mucho.)

    Vía @contrareforma

    sábado, 9 de abril de 2011

    Cine Soviético: The Amphibian Man (1961) (English subtitles). Part 1/6.

    Cuidemos al gorila

    (Publicado en Hipercritico.com)

    A mediados de los años 90, cuando lo empecé a leer, Rodolfo Walsh era presentado como abanderado de los Derechos Humanos, no necesariamente por las cátedras universitarias, pero sí por los militantes de izquierda y una buena parte del periodismo. Operación masacre entonces llegaba con una impronta reivindicatoria, fuerte, casi justiciera. Era el documento de las letras triunfando sobre el crimen, el Logos que se imponía a la brutalidad de la fuerza. Luego, uno empezaba a leer y a rastrear algunas puntas y las cosas se enturbiaban. Walsh, desparecido por la última dictadura, intelectual y mártir, escribía, en realidad, sobre los levantamientos de Valle, sobre la resistencia peronista, sobre un fusilamiento lleno de equívocos. Y cuando uno seguía el libro a lo largo de sus reediciones, el mismo Walsh iba intentando ofrecer otras lecturas sobre lo que había escrito. Operación Masacre entonces surgía rodeado de una niebla que había que disipar. Sí, el principio de la no-ficción en la Argentina, está bien, pero ¿cómo? ¿Dónde? ¿Desde qué posición política? Truman Capote escribió, un par de años después, un drama policial íntimo, que solamente tocaba los abusos del Estado desde una controvertida pena de muerte. Por eso, A sangre fría y Operación masacre siempre me resultaron libros diferentes, casi opuestos. A sangre fría se dejaba leer sin problemas, era y es un libro liso, que solo acepta el adjetivo “genial”. Mientras que había, y siguen habiendo, muchos hilos sueltos alrededor del tejido de Operación Masacre, un libro complejo, como una cebolla, lleno de capas, leído siempre de forma fragmentaria.

    Ahora el blog de la librería y editorial Eterna Cadencia acaba de poner en línea el prólogo que Osvaldo Bayer escribió para Operación Masacre. En el post que lo reproduce no se consigna ni sello, ni fecha, ni lugar de publicación. Yo lo tengo en la edición que sacó Planeta en 1994. En la tapa, el nombre del autor aparece más grande que el título, y se avisan dos cosas. Primero, que se trata de una “edición definitiva”; segundo, que viene con un prólogo de Osvaldo Bayer. Este prólogo siempre me pareció tendencioso, cursi, mal escrito, pero sobre todo conceptualmente pobre. ¿Por qué? Porque esconde cosas, solapa, tironea. Si no son anodinos, todos los prólogos imprimen una lectura y realizan esas operaciones. En este caso, se notan de forma grosera. ¿Es posible que impulsado por el aliento frío de un autor asesinado, Operación masacre se fue transformando en un botín de guerra? El mismo Walsh es tratado, muchas veces, como un rehén, como un cautivo. Así Operación masacre recuerda mucho, no sólo en el título, a Operación Masotta de Carlos Correas. Dentro de estos mecanismos de apropiación, Bayer aprieta el pedal de la deformación al máximo. Como digo, hay frase cursis, por ejemplo, “sus mejores cualidades literarias fueron alma y humanidad”; y también frases ridículas, “La sangre que circulaba por sus venas no lo dejaba tranquilo con los productos que le depositaba en el cerebro”. Pero lo más importante es la figura de Walsh, sin marcas y sin fisuras, que compone Bayer. Cito un párrafo:

    “A Walsh lo han nombrado “el anti-Borges”. Qué rara coincidencia. Al joven Büchner (apenas con su magistral fragmento Lenz, con su Woyzeck, su Leonce y Lena, su Muerte de Dantón) lo califican el “anti-Jünger” (y a éste, el “Borges alemán”). Büchner era –como Walsh– un agitador. Walsh era, como Büchner, un contrabandista de la literatura. Büchner un comunista precoz; Walsh, un revolucionario latinoamericano consecuente y sin prisa. Ernst Jünger (el Borges alemán [o Borges, el Jünger argentino]) ha sido denominado no sin cierta ternura en un seminario cumbre de Berlín un “fascista noble de frialdad proporcionada”, donde el calificativo de fascista no fue pensado en peyorativo sino como categoría de pensamiento.”

    En este párrafo está el núcleo duro de la rebuscada operación de lectura que Bayer realiza sobre Walsh. En un, por lo menos, sorprendente juego de coincidencias y antinomias, el prólogo transforma a los autores que cita en personajes duros, obturados, simples. La ensalada que genera esto, llena de supuestos y malentendidos, redunda en una subestimación fuerte del lector. Para empezar, la comparación de Jünger con Borges resulta inconducente. Jünger fue uno de los más conspicuos escritores-soldados del siglo XX. Un intelectual vital, de pliegues y ambigüedades, de armas y de cuerpo, una decadente aristócrata alemán, un místico de la vieja Europa, que nunca terminó de entender el ocaso de sus tradiciones. (Y eso que tuvo tiempo ya que murió a los ciento cinco años de edad.) Borges, por su parte, comprendió muy rápido el funcionamiento de los medios de comunicación, y fue un lector, un “vanguardista”, un hombre entre libros, un ironista. Por otra parte, cuando Bayer describe a Walsh como un luchador de la libertad, así en abstracto, “un revolucionario latinoamericano consecuente y sin prisa”, simplemente elabora una descripción falsa. La urgencia de Walsh se ve y se siente en cada línea que escribió, incluso en sus cuentos más reposados. Tampoco fue un idealista. Su libertad se parecía a la libertad de la que habla Sartre, la libertad que se consigue con los fierros, por la violencia, una libertad nacionalista y sesgada, muy años 60, o sea, llena de patíbulos y ajustes de cuentas. Recordemos de forma epigramática: El joven Walsh fue parte de Tacuara, luego pasó a ser un peronista resistente y finalmente terminó como oficial montonero. Sus mutaciones deben ser descriptas y en este sentido sería útil una historia de las diferentes ediciones de Operación Masacre, de las modificaciones que Walsh le produjo, de cómo fue cambiando la manera de leerlo. Pero volviendo, ¿por qué no dice eso Bayer? ¿Por qué insiste en describirlo como un marginal? ¿Por qué lo desideologiza y lo vacía? Porque lo necesita sin contradicciones, necesita un héroe unidimensional, un personaje sin manchas, libertario, sano, y así, contra el viejo refrán, termina tirando el agua sucia con el niño adentro. Es muy probable que Walsh haya leído a Jünger –¿cuándo se hizo la primera traducción al español de En los acantilados de mármol?–, y si lo leyó, es probable también que le haya interesado. Finalmente ambos escribieron sobre la guerra, sobre el efecto de la guerra en la sociedad civil, sobre las tensiones entre la vida privada y la política. Por otra parte, oponer la figura de Walsh a Borges implica una lectura grosera que da pie a una dicotomía falsa pero sobre todo improductiva. Los puntos que los conectan son muchos y muy variados y la mejor crítica que generaron los relaciona tanto como los diferencia. El prólogo de Bayer da para más, pero me detengo acá. Y digo: el prologo se titula “Rodolfo Walsh: tabú y mito”. Es un título acertado, pero, entiendo, no en el sentido en que Bayer lo usa. En la actualidad, lejos de las grandes épicas, la lucha contra el abuso y la pobreza es la lucha contra la derecha liberal, no totalitaria. Esta lucha se ve y se da, sobre todo, en los detalles, en los matices, en las entonaciones. Para combatir a la derecha hoy, entonces, hay saber leer.

    En los años noventa era fácil desconfiar de esos defensores a ultranza de los Derechos Humanos. Se veía que hacían política chica de la mano de un universal y arrastraban al pasado y a la culpa todo potencial actor político nuevo. Hoy, cuando los jóvenes llenan la plaza, hoy que la sociedad recuperó un necesario y bienvenido entusiasmo político, el enemigo más acerado y contundente del kirchnerismo parece surgir del propio kirchnerismo. Con esta idea en la cabeza leo por segunda vez la columna de Beatriz Sarlo que La Nación publicó el jueves 7 de abril. Se titula “La superficialidad del mal”. Se trata de un texto exagerado que toma como objeto de estudio festivas intervenciones políticas recientes. En la plaza del 24, durante el “Día Nacional por la Memoria, la Verdad y la Justicia”, escupa a Mirtha Legrand, a Mariano Grondona, etcétera. En el Palais de Glace, hace poco, tírele un pelotazo al gorila. Por ahí. Pero… ¿El mal? ¿La superficialidad? ¿ Hannah Arendt? No, la filosofa hablaba de los nazis. Acá la otra historia es otra. Y sin embargo, como casi siempre en su columnas de La Nación, Sarlo dice cosas que vale la pena leer y pensar porque son inteligentes y están bien escritas.

    Escupir o darle un pelotazo al “gorila” no me parece un signo de violencia, ni manifiesto ni soterrado. Se me antoja que responde más bien a la ya clásica estupidez de aquellos que no entienden la etapa kirchnerista del peronismo, como diría Artemio López, esos conversos –la palabra es esa– que se entusiasman con Kirchner, que niegan a Menem, que respetan distantes a Alfonsín padre, que denostan a Alfonsín hijo y que no terminan de ver, ni mucho menos asumir, todas las contradicciones que implica hacer política en la Argentina. “Peguele al Gorila” no es “una pobre miniatura”, como dice Sarlo, es una hilacha de otro tiempo, mal maquillada y sobre todo mal actualizada. De allí que Sarlo acierte cuando dice que la idea fue inspirada por la tradición. El gran pecado del kirchnerismo en todo caso es dejar que esto suceda. Como dijo @TomiOlava en su tuiter, si Kirchner hubiera visto a la gente esperando en la cola de su velorio, les habría dicho que se dejen de joder y los habría mandado a trabajar. La hipotética risa de Abelardo Ramos que imagina Sarlo va en ese sentido. Traer a Ramos a la discusión no es el único acierto de su columna. Enseguida escribe una frase precisa y bella en su precisión: “Eva, que por su origen popular tomaba las cosas serias en serio, probablemente no estaría entre las más entusiastas del invento”. Por contraste, la frase señala que solo a los conversos de clase media, profesionales acomodaticios y arribistas, les puede divertir o brindar sentido estas arengas exhibicionistas. El artículo de Sarlo estira con bastante tino algunas líneas más de lectura. Y me hace pensar que las “agresivas performances peronistas” –llamémoslas así– hacen más daño a los propios, a los que las activan y proponen, que a los objetivos que pretenden desacreditar. Por eso, la postura debería haber sido al revés, deberían haber ido en el sentido contrario, impulsando la consigna inversa: “Cuidemos al gorila”. Lo digo sin ironía. ¿O Perón no abrazaba a esos a los que quería patear, en un intento de convertirlos? Y cuidado que no digo “educar al soberano”. El soberano cambia, se lo derroca, se lo mata, muere de viejo. Pero el capital y el statu quo persisten. Hay que domarlos, no escupirlos, no confrontarlos, no provocarlos así, gratuitamente, haciéndole el juego al propio narcisismo y al negocio ajeno de unos pocos. “Cuidemos al gorila”, entonces, debería ser la consigna kirchnerista. Cuidemos al gorila marxista, al gorila de talento, al letrado, cuidemos al Jünger, al Borges. No le demos motivo para el desborde. Dialoguemos con él. En un capítulo que todavía no está cerrado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dio el primer paso al salir de garante personal para que Vargas Llosa abra la Feria del Libro. ¿No va siendo hora de que el peronismo entienda que a lo diferente no hay que anularlo porque en la diferencia está la identidad? Si la oposición no logra articular una propuesta, el kirchnerismo más temprano que tarde, se va a escindir. Ya está ocurriendo con los cruces que recibe Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. Incluso en su utopía de trabajadores onerosos y respetados el peronismo necesita de la fuerza siempre oscura y cegadora del anti-peronismo. Aunque quizás pretender que vea y acepte esto sea lo mismo que pedirle que resigne su parte mala, la prepotente y errada, la sentimental, la tanguera nostálgica, la del “peronista de Perón” y la que dice que todo pasado fue mejor. ¿Es posible demandarle al kirchnerismo que sea un peronismo del siglo XXI? No ligero, no blando, no temeroso, sino eficiente, ajustado, preciso. En su momento el peronismo del ´45 implicó industrialización, puesta al día, el abandono de prácticas feudales, en definitiva, la llegada de la modernidad en su sentido más clásico. A la oposición, hoy relegada, esquiva, falta de cuadros y de recursos, inepta, tímida pero sobre todo timorata, hay muchos reclamos para hacerle. Mientras tanto al kirchnerismo, el entusiasmo no debería anularle su capacidad de lectura. Concluyo insistiendo con esto y retomando una idea de Sarlo: Si la ideología se ve en el adjetivo, la lucha contra la derecha, liberal o totalitaria, hoy se da en los detalles, en el significado de los bordes, en los matices, en las rebarbas que hacen que una puerta no termine de cerrar bien o que un proyecto político reciba ataques evitables, pierda el tiempo o naufrague mareado por las buenas intenciones de aquellos que no lo comprenden.