martes, 5 de febrero de 2013

William Morris



Of Heaven or Hell I have no power to sing,
I cannot ease the burden of your fears,
Or make quick-coming death a little thing,
Or bring again the pleasure of past years,
Nor for my words shall ye forget your tears,
Or hope again for aught that I can say,
The idle singer of an empty day.

*
No tengo el poder para cantar el Cielo o el Infierno,
No puede aliviar el peso de tus miedos,
O relativizar una muerte arbitraria,
O recuperar el placer de los años pasados,
No será por mis palabras que olvidarás tus lágrimas,
Ni tengas confianza en lo que pueda decir,
El cantante ocioso de un día vacío.


Estos son los primeros versos de The earthly paradise -Los paraísos terrenales- de William Morris. (http://morrisedition.lib.uiowa.edu/eptexts.html) Morris no fue un "gran poeta", aunque gozó en vida de una reputación atendible. Sí fue amigo de varios escritores cuyas obras alcanzaron con mejor fuerza nuestros días, como Ruskin o Rossetti. Tampoco fue un moralista o pensador relevante. Sostenía una alucinada teoría de la vuelta a los valores de la Edad Media y demandaba una revalorización de la artesanía por sobre la industria. Además de poeta, fue pintor, editor, arquitecto, traductor y artista de corte renacentista. Quizás hubo en él ese trasfondo conservador que a veces suele tentar a los humanistas que están orgullosos de su condición. (Como esos profesores universitarios que de tanto repetir la lección empiezan a creérsela.)  

Hoy en la Argentina nadie lo recuerda. "William Morris" suena a barrio del conurbano. Sin embargo, una de sus obras más conocidas, estos paraísos que son de acá, no del más allá, esos paraísos que están al alcance de nuestros medios mundanos, resultan interesantes porque combaten el idealismo y el relativismo en el que nos sumergen siempre las cosas desconocidas y la especulación mística. (Pese a esto, una buena parte de la ideología anti-industrialista de Morris hoy recuerda bastante la movida y estética hippie.) Baudelaire nos habló de los Paraísos artificiales, nos dijo que podían ser sensuales, hermosos y siniestros al mismo tiempo. Morris, quizás más humilde, o tal vez no, le canta a la tierra. Nació Walthamsow, cerca de Londres, y vivió y murió en el siglo XIX. La rústica traducción de esos primeros versos me pertenece. ///

viernes, 25 de enero de 2013


MercadoFreak es un grupo de Facebook donde se republican las ofertas más raras de MercadoLibre. Puede visitarse en http://www.facebook.com/mercadofreaky ya tiene más de 10.000 suscriptores que a su vez aportan material. El procedimiento es simple. El resultado, una forma curiosa de señalar los bordes de uno de los sitios más importantes y rentables de la web. Las preguntas que nos hace esta curadoría, esta selección de una selección, no sólo se formulan alrededor de qué vendemos y qué compramos, sino que también interpelan nuestras ilusiones, nuestras esperanzas, nuestros gustos y nuestra manera de vernos.
El capitalismo resulta especialmente hábil a la hora de hacer que hombres y mujeres ofrezcan y consuman productos que no necesitan. La web amplifica este gesto hasta el ridículo. Catalogo de basura y símbolos, experimento duchampiano, epifenómeno y feria residual, MercadoFreak señala las partes más raras, sorprendentes y divertidas de ese capitalismo digital que hoy, de tantas y tan variadas formas, nos convoca.
(Cuando les pedí a los administradores que, para darle entidad a la nota, me dijeran algunos de sus nombres, me respondieron: “Es que ninguno de nosotros tiene nombre realmente”.)

jueves, 17 de enero de 2013

martes, 15 de enero de 2013

Renovar el registro en Buenos Aires (1)



Para  renovar el registro no hay que tener multas pendientes. Como se me venció el 28 de diciembre, día de mi cumpleaños, saqué turno para el 21 de enero y ayer fui a pagar mis multas. Tenía varias por excesos de velocidad, una por pasar un semáforo en rojo y cinco por estar estacionado en la puerta de mi casa, a mano izquierda, justo abajo de un cartel azul con una letra "E" blanca de "está permitido estacionar". El trámite de pagar las multas se puede hacer por Internet pero, dada la situación, tuve que apersonarme en la oficina gubernamental correspondiente, conocida en la jerga de los infractores como "Pellegrini" porque queda sobre esa céntrica calle.Como se puede ver en la imagen, había mucha gente. El ánimo general era turbio. Se esuchaba el murmullo de los infractores intentando contarle al que tenía al lado que él no era culpable, que no había cometido un ilícito. Y sobre todo que no quería, que no iba a pagar. A Dios gracias, había aire acondicionado. Logré sentarme y calculé cuanta gente había y cuánto facturaba ese lugar por día. No quieren saber el resultado. Pensé que era una situación más digna de Burroughs, de Ballard, o de Palahniuk que del pijatriste de Kafka. 

 








En mesa de entrada me habían dado el B420. Los números y las series parecían salir de forma aleatoria en el plasma colgado del techo, pero después de cinco minutos de mirar con atención me di cuenta de que había una constante. Esperé durante 40 minutos a que salieran los 100 números que me separaban del B420. Previendo esta situación, había llevado el Kindle. Leí interrumpido por el sonido de los números que se renovaban. La espera se hizo larga. Mientras esperaba también recordé un soneto de Enrique Banchs.


Finalmente, en el box 24 me atendió un pibe de pelo negro, largo, atado con una anacrónica colita. Fue muy atento y me dijo que tenía muchas multas. Reconocí cuatro de exceso de velocidad y le dije que las pagaba. Las otras, el semáforo rojo y los estacionamientos en la puerta de mi casa, no y me quería quejar. Me explicó que si me pasaba a un controlador las multas empezaban a costar más caras. Lo sabía y lo acepté. Pagué los excesos de velocidad en la caja y pasé con el mismo número a la zona de controladores donde casi no esperé. Ahí me atendió otro pibe con una remera de los Ramones te tenía pinta de no alimentar ningún conflicto con el mundo. (Antes de una reforma que hicieron para bien, en ese mismo lugar te atendía un juez en una patética escenografía de juzgado hecha en madera. Te atendía y te gritaba.) Le expliqué al Remera de Ramones la situación. Le repetí tres veces que si bien estaba estacionando sobre la izquierda había un cartel que lo habilitaba. Al final dijo "vamos a mandar un inspector para que certifique si está la señalización correspondiente" y cerró la carpeta. Me pidió que firmara. Le dije que tenía turno el lunes para renovar el registro. "Y... Esto lleva una semana" dijo. Alargó la palabra semana en la primera "a". Me tomó el teléfono y me prometió que me iba a llamar cuando "eso" estuviera verificado. Le dije que me parecía que tenía que ir cambiando mi turno. "Y... Sí, me parece lo mejor, igual yo te llamo". ¿Me llamará? Quién sabe. 

Si Rolnald McDonald imaginara un purgatorio diurno sería como ese lugar en la calle Pellegrini. Una dependencia publica más o menos bien iluminada, limpia, no necesariamente sórdida en las apariencias, con gente joven y relajada atendiendo. La única gran diferencia sería que acá pagás mucho y no te dan comida. (Aunque había un tipo con una bandeja ofreciendo sandwichs de miga.) Espero que los encargados de venir a cerciorarse de que está la chapa no se la lleven. Por las dudas le saqué una foto. Para terminar quiero decir que todavía sigo lleno de odio. 





Comentario del Faco: "Me gusta que terminás de leer la crónica y abajo de la foto del cartel de estacionamiento sale una pija. Fav a la pija."

viernes, 11 de enero de 2013

¿Nos mandás una foto de tu lugar de trabajo?



viernes, 4 de enero de 2013

El fin de la magia




Por Edgardo Cozarinsky



Ella me dice que conmigo se siente mejor que con ninguno, sin embargo en un momento de la noche deja la mesa del bar, me dice que para fumar un cigarrillo, desconfío, espero dos, tres minutos, la sigo y la encuentro hablando en el celular, seguro que con el Monstruo con Herpes, un novio horrible que no conozco pero busqué en internet sabiendo que su notoriedad de publicitario debe haberle obtenido la difusión de una foto, y allí lo encontré, mirada torva, sonrisita resentida, pelambre de convención.
Ella me dice que nada que ver, que hablaba con la amiga que está en vísperas de parto, olvidándose que media hora antes me decía que no la aguanta, que habla todo el tiempo de la bolsa que se va a romper, y por otro lado a quién se le ocurre llamar después de medianoche a una parturienta en espera, me pregunto si se da cuenta de que me doy cuenta de que macanea, pero pienso que no le importa, que dice cualquier cosa porque sabe que el silencio es más rico y me dejaría imaginar más y peor.
Ella me dice que cierre los ojos, obedezco no del todo confiado y me pasa por los labios un dedo que le muerdo, tiene un gusto amargo y me doy cuenta que lo frotó con MDMA, se lo chupo y cuando ya no queda nada le digo que está loca, que el MDMA se lo ponga en la concha y que ahí sí que se lo chupo con gusto, conchita dulce de leche siempre la llamo, me dice que esta noche no, que solo quiere que me destrabe y deje esos celos ridículos, pero en ese momento suena su celular y va a atender cuando se lo quito de las manos y lo arrojo a la vereda y lo pisoteo.
Ella me dice sos un bruto, me pide plata para comprarse otro celular, despedite de la dulce de leche, dice que ya empezó a olvidarse de mí, que nunca me dijo que conmigo se sentía mejor que con ninguno, que yo inventé todo, pajero de mierda, dame la plata ahora o empiezo a gritar.
Yo no hablo enseguida. Meto la mano en el bolsillo, saco un billete de cinco pesos y se lo tiro a los pies, andá a un locutorio y llamalo, a ver si te contagia el herpes, le digo y me voy, ella me sigue y me descarga los puños en la espalda, en la cabeza, un policía nos mira, qué le parece le digo, vienen bravas este verano, él sonríe, yo sonrío y ella cansada se pone a llorar.


martes, 1 de enero de 2013




"Vivía en una pensión de maricones en Austria."

http://www.youtube.com/watch?v=l94RPxnt6P4&feature=youtu.be

viernes, 28 de diciembre de 2012

The Most Dangerous Kind of Reading



“Novels are the favourite, and the most dangerous kind of reading, now adopted by the generality of young ladies. I say dangerous, because the influence, which, with very few exceptions, they must have upon the passions of youth, bears an unfavourable aspect on their purity and virtue. The style in which they are written is commonly captivating; and the luxuriance of the descriptions with which they abound, extremely agreeable to the sprightly fancy, and high expectations of the inexperienced and unreflecting. Their romantic pictures of love, beauty, and magnificence, fill the imagination with ideas which lead to impure desires, a vanity of exterior charms, and a fondness for show and dissipation, by no means consistent with that simplicity, modesty, and chastity, which should be the constant inmates of the female breast. They often pervert the judgment, mislead the affections, and blind the understanding.”
—The Preceptress’ advice to her graduating students from the 18th century self-improvement book, The Boarding School
http://wwnorton.tumblr.com/post/38310906476/the-most-dangerous-kind-of-reading

lunes, 24 de diciembre de 2012





True stories about Santa Claus
Left: Santa Claus depicted as guarding the skulls of children taken as hunting trophies. According to some sources the pile grew so large it became Korvatunturi, Santa's mountain home.
Right: The archaic Santa Claus didn't spare the rod.

jueves, 20 de diciembre de 2012


lunes, 17 de diciembre de 2012


viernes, 14 de diciembre de 2012


sábado, 1 de diciembre de 2012






Argentavis magnificens: Magnificent Argentine Bird
With a wingspan of nearly 7 metres, Argentavis magnificens is the largest known bird to ever fly. It lived 6 million years ago in the open plains of Argentina and the Andes mountains, and it is related to modern-day vultures and storks—but with feathers the size of Samurai swords. It rivals some light aeroplanes in size, but it is believed to have flown on the wind more like a glider, soaring to speeds of 240 km/h. But with its massive flight muscles and enormous wings, the behemoth bird weighed 70 kilograms, so flapping its wings was not enough to achieve lift-off. “Birds are commonly compared with aircraft, but in reality helicopters are a better analogy,” says Sankar Chatterjee of Texas Tech University. Chatterjee and his team came to understand the bird’s flight by collaborating with a retired aeronautical engineer, inputting measurements from fossils into a computer program designed to study flight performance in helicopters. They determined that Argentavis must have run downhill into a headwind in order to become airborne, just like hang gliders, then gained elevation by circling inside columns of air known as “thermal elevators.” It would have easily hitched a ride a few kilometres up without even flapping its wings—then by just gliding to adjoining thermals, it would have been able to travel hundreds of kilometres per day
(via pricklylegs)

miércoles, 28 de noviembre de 2012


jueves, 22 de noviembre de 2012


martes, 20 de noviembre de 2012




          Kurt Cobain made a list of his Top 50 favorite albums under the title "Top 50 by Nirvana."

sábado, 17 de noviembre de 2012

Lady Gaga en River



Viernes 16 de noviembre. 2012.
Lady Gaga. The Born This Way Ball. 
Estadio River Plate.





Cuando estuvo en River, Roger Waters usó grabaciones y pistas que hoy son habituales en los megashows. De Lady Gaga era esperable. ¿Quién de los dos es el artista comercial? ¿Quién el que denuncia la opresión indiscutible de nuestra sociedad? Como fuere, la cantante baila y se mueve en una sola noche lo que Waters no bailó ni bailará en su vida. Hay, digamos, otra entrega. En la estética, lo que se vio el viernes 16 de noviembre en River también resulta diferente a las inclaudicables versiones de The Wall. Aunque lejanamente emparentado, y compartiendo un espacio desde todo vista complejo de llenar y dominar, este The Born This Way Ball prometió y mostró despliegue, sonido compacto y un esmerado show visual y coreográfico. Los speechs de la anfitriona me sorprendieron más que los estrafalarios sombreros. Habló con soltura, a veces incluso por afuera del guión. Se comunicó e interactuó con su público a partir de manifiestos fragmentarios, arengas, breves discursos improvisados o no que transmitían la idea central: la experiencia, o sea, la existencia intensa, nos llega cargada de contradicciones y tiene un costo. Mientras afuera la reventa se ponía agresiva, Lady Gaga se tomó un momento para decir que sabía que los precios de las entradas eran caros, agradeció la concurrencia y dijo que iba a dar un show inolvidable. Nos es un gesto habitual que el artista hable de dinero en este contexto. ¿La necesidad de pensar para liberar el cuerpo? ¿Género y conciencia? Con plateas que empezaban a ranquear a partir de los mil pesos, el estadio lleno también hablaba del bienestar kirchnerista. Mientras tanto, la incorrección política de Lady Gaga es bastante políticamente correcta. Incluso en sus transgresores vestuarios hay una confirmación. Lo que emerge es el negocio del rock. Sin embargo, la Madre Monstruo se anima a más y muestra réplicas realistas de armas de fuego llegando, en un momento, a empuñar una no demasiado estilizada ametralladora. Viejos lectores del Pato Donald podría señalar gestos marciales, fascinación por las botas de fascismo, denunciar alienación e incluso advertir sobre un no demasiado oculto mensaje militarista. Ese aporte, mogijato, no sería útil para entender este arte de estadios. Todo es mucho más complejo. El caballo negro del principio, su desfile medieval, no impide que en medio del show, la cantante se transforme en parte de una moto y sea montada, nada menos, que por una de sus coristas. Hay humor, entonces, hay carnaval, pero no carnaval carioca, carnaval de carne, inversión de roles. (Todos jugamos al carnaval, pero no todos nos travestimos.) Al mismo tiempo, la propuesta genera una rara oferta kidult. En River se veían freaks, marginados de las capas medias, gays livianos, pero también niños, chetos, conchetos, consumidores extemporáneos, concurrentes a discotecas de Pinamar. Todos, apocalípticos e integrados, aspiracionales consumidores de chimentos y YouTube, todos hermanados en el deseo de tener un teléfono operativo que les permita sacar fotos y subirlas enseguida a la red. Esta especie de rejunte facebookero, ¿asumía como propias partes diferentes del show, o tomaba lo que venía en bloque y disfrutaba de la escena de cunislingus seguida de muerte tanto como del bombo en negra y las melodías pegadizas? El Born this way ball puede incluir escena de s/m, un manifiesto por la diversidad, diseños de vestuario que acercan, una vez más, lo exclusivo a las masas. Todo para reafirmar que el wagnerianismo como concepción del mundo y el arte no se extinguió. Lady Gaga no es Madame Bovary, ni es Dulcinea, pero, con la máscara y la autoridad de Brunilda, a ellas les habla. Nos habla, admitámoslo, a todos porque, en su amasijo de evocación libertaria, flirt antirelativista con el autoritarismo, placer compulsivo y ubicuidad tecnológica, constituye un signo de nuestros tiempos.
En un mes llaga Madonna con su World Tour 2012, pero solamente alguien muy distraído puede confundirlas. Pese a la afinidad en los sonidos, en las melodías, Gaga canta otra cosa, otra letra. Madonna habla poco del monstruo, y como mucho lo fornica dentro de un repertorio de pruebas. Lady Gaga intenta encarnarlo. A veces incluso lo logra. Se anima no solo a la violencia por subversión, sino que bordea y coquetea con lo teratologico. Se trata de un estadío superior del pop, hecho aquí y ahora, como no podía ser de otra manera, con las hilachas reorganizadas de la tradición.

jueves, 15 de noviembre de 2012


Bonfire of the endangered animals: Rare stuffed tigers and bears heaped on to pile and burned

Dumped on to a pile and set alight, these stuffed carcasses are engulfed in flames after authorities in Jakarta confiscated them.
Officials in Jakarta seized hundreds of the endangered animals, which had all been slaughtered by poachers and then stuffed so that buyers could proudly display their senseless kill.

In total 258 animals from different 48 species - including 15 tigers, 2 sun bears and 48 deer - were destroyed.  
Dumped: Confiscated stuffed animals are prepared to be burnt in a fire
Dumped: Confiscated stuffed animals are prepared to be burnt in a fire in Jakarta, after authorities seized the poachers' kills from people's homes

animals
Authorities in Jakarta, Indonesia are reduced to ashes after being seized from people's homes

animal
In Indonesia trading in or being in possession of certain protected animals or their body parts is a criminal offence

animals
The animals had all been killed by poachers before being stuffed and sold to be displayed in people's homes

The animals in question had all been killed by poachers before being stuffed and sold to be displayed in people's homes.
In Indonesia trading in or being in possession of certain protected animals or their body parts - such as the Sumatran tiger - is an offence.
 

Indonesia faces huge challenges as it tries to protect its myriad of wildlife.
Authorities have attempted to protect areas and conserve Indonesia’s wildlife - but many live outside these reserves, where they are threatened by logging, plantations and wildlife trade, according to Wildlife Conservation Society.
animals
In total 258 animals from different 48 species - including 15 tigers, 2 sun bears and 48 deer - were destroyed

The rich biodiversity of Indonesia is currently under attack from a variety of sources
The rich biodiversity of Indonesia is currently under attack from a variety of sources

Indonesia
The forests of Indonesia, are being flatted at an alarming rate due to massive illegal logging and poaching

The country's forests are crucial for the earth and a variety of species
The country's forests are crucial for the earth and a variety of species, as it covers over 98 million hectares

The country is regarded as Southeast Asia’s largest exporter of wildlife, both legal and illegal, the organisation reported. 
The rich biodiversity of Indonesia is currently under attack from a variety of sources.
The forests of Indonesia, are being flatted at an alarming rate due to massive illegal logging and clearing for palm oil plantations, the Orangutan Foundation International charity reported.
Because of the march of greedy loggers who are unconcerned about the delicate wildlife and habitats, thousands of plant and animal species re being wiped out.
The country's forests are crucial for the earth, covering over 98 million hectares (242,163,274 acres).
The destruction is 'causing incalculable losses in terms of biodiversity and is pushing species such as the orangutan ever closer to extinction' the charity has warned.


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lunes, 12 de noviembre de 2012

viernes, 9 de noviembre de 2012


Barreda salió a cacerolear contra la inseguridad

El múltiple asesino, cacerola en mano, fue fotografiado en la noche del 8N en el coqueto barrio porteño de Belgrano.
09.11.2012 | 10.10   |   FacebookTwitter

Ricardo Barreda lustró su cacerola con Cif y ganó la calle
Por Martín Soler noticiasplatenses@gmail.com 
@martinenlared 

El múltiple femicida Ricardo Barreda se sumó a la protesta opositora denominada 8N e hizo sonar su vieja y brillante cacerola de aluminio en el coqueto barrio porteño de Belgrano, donde comparte techo son su pareja, la docente jubilada Berta André, a la que todos en la zona conocen como “Pochi”. 

La imagen del odontólogo asesino de mujeres se conoció en la mañana de este viernes 9 de noviembre mediante el sitio web http://tallerlaotra.blogspot.com.ar, donde hay una sección de fotos dedicada a la protesta. 

Seguramente Barreda, también pidió por seguridad jurídica en el país, ya que el próximo 15 de noviembre, le expropiarán su vieja casona platense de calle 48 entre 11 y 12, donde mató a su familia. Se estima que allí funcionaría un centro de referencia y asistencia a las víctimas de violencia de género. 


 RICARDO BARREDA DÁNDOLE A LA CACEROLA EN EL BARRIO DE BELGRANO

miércoles, 7 de noviembre de 2012



Traducción de Carlos Gardini.

martes, 6 de noviembre de 2012

Alimentando el bienestar paranoico argentino





La identidad argentina, desde que existe, se confirma en la idea de crisis. Económica, política, social, hoy se escucha nombrar, por ejemplo, la vaporosa “crisis institucional” o “crisis de las instituciones”. En la alternancia y en la contundente coincidencia, estos diferentes tipos de crisis son indisociables de la genética argentina del desastre, del bailoteo y el hamacarse, del salto desnudo o con garrocha por sobre los desafíos del destino. La famosa sucesión de golpes cívico-militares y modelos democráticos –gobiernos fuertes y gobiernos débiles que de ninguna manera pueden leerse sin más dentro de una dicotomía que divida buenos y malos– insistieron en el imaginario móvil de una nación armada sobre un desierto que se pobló, a medias, con sucesivas capas inmigrantes. Desastres económicos con nombre propio, entonces, incomprensión de los mecanismos de una modernidad frágil, perennes denuncias de corrupción, una clase media sensible a lo espectacular, y todo prolijamente ordenado y comercializado por un periodismo ingenioso y activo, hicieron del siglo XX en estas tierras del sur un tren fantasma que suministró y suministra un amplio campo de acción para la inestabilidad, el susto y el arrebato. Agregamos: con especial énfasis en el fin de siglo que empezó con el golpe de 1976 y terminó a los tiros en Plaza de Mayo con el 2001. Apenas venticinco años, donde se conocieron euforias y depresiones de todo tipo, con su máximo momento de crueldad institucional representado por un Estado torturador –la bibliografía abunda– y sus índices más altos de desocupación y desintegración social en los neoliberales años noventa. La entrada nacional al siglo XXI, en este sentido, no pudo ser más argentina. El material fotográfico alcanza para hacerse una idea mejor que cualquier cifra macroeconómica: Hombres en cueros tirando botellas contra la policía, humo, la ciudad convertida, otra vez, en zona de transición apocalíptica. Las fotos más representativas, que llegaron a moldear la imagen internacional de nuestro quilombo patrio, fueron sacadas por Nicolás Pousthomis. (Y a partir de esa cobertura, Pousthomis fundó la cooperativa de fotógrafos SubCoop que ya lleva diez años de vida.)

Luego, hay un conocido deber de movilidad social, de éxito. América es eso. La tierra prometida tanto para el pícaro como para engolado hombre que habla de dignidad. De allí que si hay estabilidad y uno no se está enriqueciendo a gran velocidad, hay culpa. La crisis satisface, confirma al ciudadano, le permite el juego de la legalidad y el masoquismo, lo habilita a sacudirse el imperativo genético del segundón español que busca El Dorado. Hay crisis. Listo. Y digo: Sólo en la crisis gozamos de nuestra identidad tercermundista en su forma más acabada. Se sabe, ante el goce no hay afecto ni pacto simbólico que valga.
El gran tour de force histórico lo encontramos hoy en el mismo pliegue del presente. La entrada de China al mercado internacional como comprador sostenido de materia prima, en especial la mediática soja, unida a un gobierno de intención distributiva y generador de consensos, hicieron que se creara un reconocible momento de estabilidad. (Y ya escribir la palabra me cuesta.) ¿Encontró la Argentina una de las extraviadas formas de su “normalidad”? Cualquier porteño freudiano sabe que, como en el sexo, en la Argentina la normalidad es imposible. (Oximorónicamente, se vive como una excepción.) Y aunque la región no es ajena a este devenir, ¿qué mejor lugar para la conversación holgada entre las vacas gordas y las vacas flacas que la llanura pampeana? Primera hipótesis, entonces: mientras siga entrando el dinero de las agroexportaciones, mientras no varíe este modelo de acumulación, mientras el ánimo del gobierno sea repartir, la situación de bonanza continuará. Nuestras fragmentarias y coyunturales incógnitas, que son muchas, a resolverse en un futuro cercano, no logran terminar de dibujar una Gran Incógnita General. Parece, y lo escribo como quien toca la pava con miedo de quemarse, que esta vez la cosa sigue. Segunda hipótesis: Preocupados por no lograr adivinar esa Gran Incógnita General difícilmente comprendemos cómo manejarnos dentro este no tan relativo bienestar kirchnerista actual. (Detalle con forma de apostilla: si no hay crisis, la actividad, tan regalona, de quejarse se hace más difícil. Los taxistas y comentadores de portales de noticias tienen que ser creativos con la injuria y la maledicencia.)
Ahora bien, acompañando a ese enrarecido bienestar se dan otros fenómenos igualmente tironeados por la falta de pudor, el entusiasmo y cierta negociación constante entre la amnesia y la tradición. Por ejemplo, del otro lado de los paranoicos que citan la crisis como quien invoca espíritus sensuales en el juego de la copa, tenemos efervescencia política con nuevos colectivos que se asoman a la res pública de la mano de la gestión y la organicidad partidaria. El milenarismo neoliberal para ellos es un cuco muerto al que vale cada tanto asestarle otro golpe. De la mano de los ideologemas festivos y arrasadores del peronismo, que parecían aletargados o desactivados como signos de adhesión, reclamo o incorrección, surge así una segunda juventud de este tercer movimiento exitoso. ¿O más bien deberíamos decir cuarto? (Quinto, si atendemos al conocido título del libro de Alejandro Horowicz. Sexto incluso, si nos guiamos por otros conteos.) Mientras tanto, la oposición hace complejas cuentas. En ese páramo de televisión por cable a la medianoche donde habita, la crisis se invoca siempre, a veces de forma explícita, a veces más velada. Reciclando elementos viejos, corporizados en miedos burgueses, como la inflación, el autoritarismo, la inseguridad, el caos, fatigados figurones llegan como parientes lejanos de una realidad paralela, y a veces incluso logran un titular agorero en la prensa gráfica. Conocen ese mecanismo íntimo del que hablo: si se confirma una crisis, la paranoia disminuye y el tipo, el empleado, el viandante, se sienten un poco más sujetos históricos sin tener que hacer nada. Pero no, la crisis no asoma, no despunta, amaga, retrocede. Y sin embargo como dijo hace poco el escritor neuquino Héctor Kalamicoy: “Yo todavía no dejo la billetera arriba de la mesa”. (Ahora, preso de mi objeto de estudio, dudo y me pregunto: ¿estallará antes de que este artículo se publique?)
Si en los años noventa la cosa se enfriaba –la economía, los ánimos, la política– hoy todo se calienta y sobre todo se re calienta. Así, ninguna bibliografía está pudiendo dar cuenta del momento actual pero igual se disfruta la bonanza envuelta en histeria, y al mismo tiempo la máscara de la neurosis torturante sigue bien pegada a la fisonomía del argentino. Repetimos viejos patrones, que los nacidos en los años setenta apenas conocimos. La historia dice que existieron otros momentos de buena racha. En los años '20, tirando manteca al techo, en los '40 con el primer peronismo y los grasas en los cines del centro, con la década del '60 y los revolucionarios cristianos de la pequeña burguesía. El mito discontinuado del pleno empleo. Dinero circulando en las calles. Actualizando, ahora tenemos mozos llegados desde Colombia y México; periodistas catalanes que dicen “bueno, es que allá el clima está tremendo” mientras nos miran con cara de “pero si las cosas acá están bien, ¿por qué esa prédica de la incomodidad?”. Y nuestra respuesta podría ser “a donde nos acomodemos, nos la dan con todo”. Mientras tanto la suavidad tentadora del “poder adquisitivo” avanza incluso sobre los más austeros. De la misma manera que se confirma la reciprocidad y la relación compleja entre los ejes vertebrantes civilización y barbarie, es posible ver una retroalimentación, una dependencia entre ambos conceptos: El bienestar nos trae la dulce paranoia. Al revés, desgraciadamente, no funciona.
¿Y qué pasa en el mundo siempre acotado del logos? Tanto el bienestar como la paranoia se registran antes en las redes sociales, ya no tan nuevos lugares de discusión, trincheras morales espontáneas y tribunas de doctrina.
Paradas en la coyuntura, con un horizonte de incertidumbre -¿algo de esto quedará?- lanzan consignas por sus millones de bocas de expendio. Ya no es posible negar que encontramos más hybris poética en un estado de Facebook que en muchas páginas impresas bajo las más exigentes curadurías. Todas estas formas de expresión, que insisto ya no son nuevas, hallaron en el ensayista porteño Nicolás Mavrakis un verdadero exégeta desconfiado. Su libro #Findelperiodismo y otras autopsias de la morgue digital es el mejor manual del bicentenario literario y encima se descarga gratis en la red. ¿Y los libros? ¿Qué pasa en el polvoriento marquesado de la literatura autónoma? Si a principios de siglo Alan Pauls, perplejo y honesto en su perplejidad, afirmó que la poesía lo conmovía y no había un movimiento de narradores igual al de los poetas en Argentina, hoy un discursillo así resultaría falso y anacrónico. Desde la megaexplosión del 2001 a la fecha, Buenos Aires, pero también Córdoba, Rosario y otras ciudades, han producido cantidades relevantes de pequeños novelistas serios, filibusteros de la crónica, embaucadores del cuento, y otros pretenciosos contadores de historias, que andan por ahí con su manuscrito y su narcisismo, intentando publicar en la legalidad del papel, o, ya publicados, insistiendo con ser leídos y reconocidos en los centros donde se administra el prestigio, sean cátedras libres, cátedras oficiales, suplementos culturales y revistas especializadas o no tan especializadas. Hoy en Buenos Aires, una reseña, como el dólar paralelo, vale cinco o seis veces más que cualquier novela de doscientas páginas. Esta frondosidad es, por cierto, hermosa y festejable. Y al mismo tiempo nos empuja a hacernos la pregunta: ¿Quién de nosotros escribirá El almuerzo desnudo kirchnerista? (Tengamos en cuenta que, como dijo Nelson Rufino cuando salió de ver la adaptación que David Cronenberg hizo del libro de Burroughs, hay por lo menos dos grandes mentiras en ese título.)
Por otra parte, la muerte de Fogwill, lúcido y activo interlocutor de la juventud letrada argentina, le imprime un ánimo de clausura al año del bicentenario. El final del tour mundial que impulsó Las teorías salvajes de Pola Oloixarac, nuestra Camilo José Cela del Río de la Plata, y la confirmación de Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued como una de las más sólidas revelaciones generacionales dan idea de que algo debería estar empezando. ¿O entrarán estos talentosos narradores en la categoría de los one hit wonders? Me dejo avanzar por la envidia, desde luego. Junto con Chicos que vuelven de Mariana Enriquez, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia de Patricio Pron, Mazinger Z contra la dictadura militar de Iván Moiseeff, Los topos de Félix Bruzzone, y algunos más, Pola y Busqued demuestran que ya no existe la urgencia de la denuncia. Las atrocidades de la sempiterna dictadura han sido deglutidas, asimiladas, excretadas y vueltas a masticar, ya varias veces. Podemos, entonces, dar otra versión. O como hacen tantos actuales narradores de calidad, directamente evitar la referencia. ¿Quién cometería la torpeza de pedirnos que articulemos toda nuestra escritura y nuestras lecturas alrededor de la dictadura? Por otra parte, ya aparecen testimonios sobre los demonizados años noventa. Aunque le sobra un embarazo adolescente y le falta tematizar el desempleo, apenas esbozado en sus páginas, Los años felices de Sebastián Robles abre una puerta para releer qué pasó en la última década del siglo XX. Pinamar de Hernán Vanoli y el ensayo Flema es una mierda del sociólogo Diego Vecino, disponible en la web, presentan otra cara, más bestial y crítica. Y también podemos citar La última de César Aira de Ariel Idez, novela-operación que le sube la vara al mismo Aira, innegablemente el escritor-paradigma de la década, pero sobre todo a su ejemplar escuela de clones. 
¿Qué va a encontrar entonces el turista cultural cuando se acerque a alguno de los núcleos de poder literario de la ciudad de Buenos Aires? Miles de libros por año, editoriales independientes, bestsellerismo residual, hippismo cool, cotilleo y sobre todo vitalidad, infantilismo, goce y voracidad. Encima, para meter más ruido al ritornello de “literatura y política”, la negativa de que ingresen libros del extranjero impulsada por la Secretaría de Comercio a cargo de Guillermo Moreno le da un trabajoso refresh a varias viejas problemáticas proteccionistas. ¡Qué tierno ese asunto para los progresistas que se confirman en la represión! Ahora pueden llorar a pierna suelta por sus miserias internas con una excusa válida. La medida es torpe, chúcara. La reacción, berreta, medio pelo. Así y todo, ¡qué divertido resulta ver patalear a güelfos y gibelinos! (Mientras tengamos el Kindle y conexión a banda ancha los libros son, creo, bastante prescindibles.)
Termino así: En la Buenos Aires fatalista, mercantil y trapichera del sur, la carta del Apocalipsis siempre gana. Si uno dice que viene la crisis, puede esperar a que llegue, porque va a llegar. Mientras tanto, ella, la ciudad, madre gorda, indiferente, hoy simplemente lo ofrece todo. Cada una de sus horas es una fiesta. Hay libertad. Y todavía se ven raros pudores, matices, inteligencias sensibles. Hay festivales de lo que quieras, espectáculos a favor y en contra, fraudes de cabotaje para divertirse. Como Agustín Borja y Sebastián Pellizar, esos dos negros guapos, “naturales de la nación Cambunda”, que hacia fines de 1789 le pidieron, corajudos, al Cabildo de Buenos Aires, que, por favor, “no se les prohíba sus bailes públicos que las tardes de los días de fiesta tienen en un sitio despoblado junto a la iglesia de Nuestra Señora de Monserrat”, los estudiantes, los jóvenes de espíritu y los artistas reclaman su porción de goce, pereza, esparcimiento y flujo libidinal. Los novelistas inteligentes otean el horizonte y se juegan un pleno al próximo desajuste. Los críticos literarios, resignados, cruzamos los dedos, escupimos al suelo y pedimos que esto siga así, porque si esto sigue así podremos continuar mirando y taxonomizando sin que la historia nacional nos reclame, como indefectiblemente pasó a lo largo del siglo XX, posturas más fuertes y comprometidas sobre temas mucho más dolorosos e irremediablemente trágicos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Música coreana





La iluminación del Bi Won, en la calle Junín, a cuadra y media de la avenida Corrientes, dice muy poco. Cómoda, poco inspirada, sin estridencias, establece una relación de seguridad con el neófito. La estética del restaurante, en esa línea, resulta convencional. Mesas de madera con manteles blancos. De hecho, no hay nada en el Bi Won –ni siquiera el incidental aparato de TV sobre el mostrador del fondo– que recuerde al fenómeno de la web, Psy, un rapper-bailarín-entretainer coreano que con su tema Gangnam Style acaba de lograr más de 300 millones de hits en Youtube. (Al momento en que escribo, 345 y probablemente llegue a los 400. ) ¿Cómo entender el fenómeno de Psy y Gangnam Style? Se trata de un plato de rara sofisticación. Como esas ingeniosas cartas retro donde no importa tanto qué ingredientes se usaron sino de qué manera fueron combinados y cómo se los presenta, en Gangnam Style lo que importa es un sentido de la oportunidad anómalo, en este caso universalmente anómalo. Describo brevemente este remix de mezclas, o hiper-remix. Primero, muchas escenas unidas y barnizadas con la laca de un humor familiar pero picante, colores heredados de la década del 90, coreanas bellas, coreanos graciosos, todo esto servido con muchísimo ritmo. ¿Qué más? Autos de alta gama, un traje amarillo, una calesita, un stud de caballos de carrera y una coreografía que es el centro indiscutido de la oferta. Y lo más raro de todo es que nada suena refrito o recalentando. ¿Por qué? Si en otros artistas multimediáticos una pizca de ridículo puede ser la clave para un hit –ejemplos de autoironía y acidez sobran– con Psy, el ridículo ocupa la base, es la masa, los hidratos de carbono del plato principal. Todo se ofrece tan superpuestamente ridículo que se vuelve querible, tierno, cercano. Gangnam Style está basado en el efecto “casamiento a las cinco de la mañana”, ese momento donde el alcohol y el éxtasis señalan la desfachatez como sinónimo de honestidad. O dicho de otra manera, Gangnam Style es tan artificial que es auténtico.
Mi fantasía, al elegir el Bi Won para esa cena, era hablar de la letra de la canción con algún coreano. En mi mesa, los comensales pidieron el típico Pulgogi –carne marinada que se cocina sobre una plancha caliente en la misma mesa– y llega acompañada de una serie de platitos con kimchi, algas y tofu. Yo me decidí por un calamar picante, fresco y sabroso, difícil de comer con los palitos de acero inoxidable, pero que bien valía la pena la exhibición de mi torpeza. (Una vez Daniel Molina, alisa @RayoVirtual en Twitter, me comentó que había un lugar para comer descalzado sobre una especie de tatami íntimo pero, aunque fui un par de veces, nunca accedí a ese lugar.)
Copio unos versos de la letra de Gangnam Style: “Sobre el hombre que corre está el hombre que vuela, /nena, nena, soy un hombre que conoce una o dos cosas./ Y vos sabés lo que estoy diciendo”. Encontré la traducción en la web. No tengo forma de saber si es correcta, pero descubro una mezcla de sabiduría oriental –o lo que en Buenos Aires entendemos por eso– y una coloquial advertencia amatoria. Muy similar al proceso constructivo de yuxtaposición y adición de Gangnam Style, la comida coreana es para paladares que se aburren rápido y necesitan saltar de un sabor a otro. Cuando terminamos la cena, y, satisfecho, le pregunté al mozo por el hijo del dueño, el ya legendario Diego Armando Lee. Me dijeron que no estaba. En su lugar nos ofrecieron helados orientales de palito, generosa invitación que declinamos. En mi casa, una vez mal, volví a escuchar Gangnam Style. Y comprendí, por primer vez, que era hermoso y despreocupado como solo la juventud puede serlo.


(Publicado en revista El gourmet de noviembre.)





jueves, 1 de noviembre de 2012